Los diarios y las cartas, por Mar de fondo

Una visión Ribeyriana para entender estos géneros

Ribeyro decía que se deberían explotar las bondades de otros géneros que para su época no se trabajaban tanto en el Perú, ellos eran los diarios y las cartas. Creo con suma convicción que ambas maneras de expresarse son por excelencia el registro más hondo y personal que puede tener un escritor o cualquier ser mortal. 

Julio Ramón Ribeyro

Por ejemplo, en un diario, ninguna palabra carece de sentido y es precisamente esa relación con la verosimilitud de quien construye día a día su historia lo que lo hace diverso, rico, misterioso e interesante. Sobre todo si (y adquiere más valor) la persona que lo escribe es un personaje, pues ¿a quién puede importarle lo que uno escribe, sino a uno mismo? pero, al igual que las pinturas de Van Gogh así como otros artistas de diversos géneros, las cartas y su arte en sí adquieren un valor superlativo una vez que ellos se mueren. 

Sin embargo, existe también literatura que emula esta expresión cotidiana, es decir, se construye en forma de diario. Hace unos días he comenzado a la leer: La tregua (1960) de Mario Benedetti y es impresionante cómo cada día el autor va elaborando una historia con un nivel de verosimilitud envolvente, real y es precisamente lo que impacta y engancha al lector: lo cotidiano. 

Esto, precisamente pasaba con Ribeyro, él atribuía tal vez la no internacionalización o la explosión de sus relatos al hecho de que se centraba en lo urbano, lo real y cotidiano de personajes de carne y hueso, renunciando por ende a la epopeya o la obra maestra. Pero esta es otra época. 

Por eso, desde hace meses he desarrollado una predilección por los diarios y cartas, empezado por el de Ribeyro y ahora los apuntes personales de Chéjov, así como las cartas a su esposa, las cartas de JRR a Juan Antonio, su hermano, las cartas de Van Gogh a su hermano Theo, así como también me he enfrascado en la eterna búsqueda del Diario de Kafka y cómo no, las cartas de este a su padre y las cartas a Milena. 

Lo que me pasa con Kafka es curioso, porque se me ha escapado de las manos muchas veces por una extraña desidia, por esa actitud desafiante del cazador que deja ir a la presa cuando ya está a punto de tomarla ¿por qué? pues siempre que llego a un stand el libro NUNCA está y me prometen traerlo para el día siguiente u ordenarlo, pero no lo acepto, recojo la tarjeta y sigo con mi vida, pienso que un día ese Diario llegará a mis manos de alguna forma sin el mayor esfuerzo que el de la palabra. 

Kafka también es la sensibilidad hecha persona por eso otros de los libros que debo leer son las Cartas a Milena Jeseenska. Solo en la sinopsis nos damos cuenta de que es un documento de infinito valor por ser un personaje que marcó para siempre la vida del joven escritor. 

En conclusión, los diarios y las cartas son para mí el culmen de la expresión que sucede a la poesía. La pienso como un sandwich entre ella y la narrativa. 

Pero lo más triste de todo (porque no podía faltar) es que hay una cuota de soledad, de abandono y de muerte en cada texto escrito de este modo ¿por qué? porque la vida es lineal y los episodios en ella son como los diarios y las cartas: un registro de espacio-tiempo personal, inviolable y ultraprivado del lugar más recóndito de nuestra inspiración que va quedando atrás como la estela de un cometa y no por eso pierde su belleza ¿cuánto viven los cometas? 

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