¡Buenos d铆as, lectores! Hoy nos deleitamos con un excelente relato del uruguayo Horacio Quiroga. Son geniales los cuentos de este maestro de las letras porque son cortos y encierran un mensaje para el lector. Hoy con una conversaci贸n...
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Imagen tomada de Pinterest: https://pin.it/3JnAPsN |
EL GLOBO DE FUEGO
-Mi matrimonio no tiene historia -dijo Rodr铆guez Pe帽a una vez que hubo cesado el fuerte trueno-. No hemos tenido drama alguno, ni antes ni despu茅s. Tal vez antes -agreg贸- pudo haberlo habitado… Y sin ello no estar铆a casado.
Otro gran trueno retumb贸, m谩s s煤bito y violento que los anteriores, y tras 茅l se oy贸 arreciar, a trav茅s de las puertas cerradas, la lluvia torrencial que inundaba el patio.
-¡Qu茅 horror de agua! -exclam贸 una chica, levant谩ndose con algunas compa帽eras a mirar la lluvia a trav茅s de los postigos. Y a cada nueva descarga que hac铆a temblar la casa, levantaban los ojos inquietos al techo.
-Cu茅ntenos eso, Rodr铆guez Pe帽a -dijeron los hombres maduros-. Puede que las ni帽as casaderas aprovechen su historia.
Nuestro amigo no se hizo de rogar. Y gravemente, seg煤n su costumbre, comenz贸:
-Ustedes saben -dijo- que mi mujer no es linda. No ignoran tampoco que todos tenemos la vanidad del buen gusto, por lo cual es muy dif铆cil que anunciemos, sin disculpas a otro hombre que nos hemos enamorado de una mujer fea. Comprender谩n as铆 ustedes c贸mo no quise confesarme a m铆 mismo, los primeros d铆as que la conoc铆, que amaba a la que es hoy mi mujer.
“Me agrad贸 en seguida, a pesar de su cara sin gracia. Mi mujer tiene la cara menos graciosa que se puede concebir. Lo que me sedujo en ella fue la tranquilidad de su alma, y su metal de voz lleno de bondad. A pesar de esto, no tuve el menor pudor en expresarme as铆 a un amigo que me hab铆a visto rendido con ella.
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“-No ten铆a nada que hacer… Es interesante, pero tiene una cara imposible…
“Me mostr茅 en lo sucesivo muy sol铆cito, d谩ndole a comprender que no jugaba con ella; pero, no obstante, mis expresiones no pasaban de un tono muy ligero, tal vez para enga帽arme a m铆 mismo sobre lo que en realidad sent铆a por ella.
“Poco tiempo despu茅s se fue al campo, e invitado por la familia a pasar con ellos la semana de carnaval, fui all谩, dispuesto a continuar en el mismo tono de semibroma.
“Una tarde, sin embargo, las circunstancias pudieron m谩s que yo, y le hice sentir muy claramente que la amaba. D铆jome, con gran calma, que me estimaba much铆simo como amigo, pero nada m谩s. Yo acept茅 el golpe con una calma igual a la suya, y proseguimos hablando naturalmente sin que nadie hubiera podido sospechar, oy茅ndonos entonces, lo que ella acababa de deshacer un segundo antes.
“Yo hab铆a estado segur铆simo de que ser铆a aceptado en seguida; supongan ustedes por esto lo que sentir铆a yo en mi interior.
“Entramos de nuevo, pues el cielo, totalmente negro, amenazaba un hurac谩n de polvo sobre la estancia.
‘Mientras almorz谩bamos, en efecto, la tormenta se desencaden贸 con sin igual violencia. Los rayos, secos y sin agua todav铆a, explotaban sin tregua sobre nosotros, exactamente como ahora, y la cristaler铆a vibraba sin cesar sobre la mesa, hasta empa帽arse.
“De pronto, una luz fulgurante filtr贸 a trav茅s de los postigos en el comedor. Y cuando levant谩bamos todos la vista, admirados de no haber o铆do trueno alguno, vimos una luz p谩lida, estirada y como pastosa, que entraba por el agujero de una llave. La luz se retrajo, se hinch贸 y adquiri贸 forma de globo frente a la cerradura, flotando indecisa en el aire. Ten铆a el tama帽o aparente del sol, y una aureola l铆vida la circundaba.
“Ten铆amos frente a nosotros un rayo globular, una bomba el茅ctrica, que, al menor choque, reventar铆a.
“El due帽o de casa murmur贸 entonces, con una voz terriblemente contenida:
“-¡No hablen ni se muevan… o quedamos todos fulminados!…
“La voz son贸 bastante a tiempo para ahogar tres alaridos femeninos que ya explotaban, y en aquel silencio no hubo sino ojos desmesuradamente abiertos frente al globo de fuego.
“Sent铆, de pronto, que una mano de mujer se crispaba sobre mi pierna, buscando, inconscientemente, sin duda, la protecci贸n masculina en ese instante de peligro. Era la de mi amada. La cog铆 entre la m铆a, y su mano se asi贸 desesperadamente a ella.
“El rayo hab铆a ascendido con lentitud hasta el umbral de la puerta. All铆 comenz贸 a vagar de un lado a otro, girando sobre s铆 mismo. Lo que volv铆a aquello m谩s horrible era su marcha perezosa, indecisa, cambiando a cada instante de rumbo, deteni茅ndose, reanudando su paseo en un sentido inesperado.
“Por fin, despu茅s de un vagabundeo de un minuto, que para nosotros dur贸 mil a帽os, el rayo globular descendi贸 casi hasta tocar la mesa, cedi贸 a uno y otro lado, como irresoluto sobre el rumbo a emprender y, suspendido en el aire, con su movimiento giratorio y su aureola l铆vida, avanz贸 en direcci贸n a mi amada.
“Sent铆 la convulsi贸n de su mano en la m铆a. Vi en los ojos desencajados de todos el horror de lo que iba a pasar. Pas茅 entonces el brazo por el cuello de mi amada, la atraje lentamente a m铆, y el rayo sigui贸 adelante sin encontrarla. Pero, por ligeramente que hubiera agitado yo el aire, el rayo globular se detuvo a medias, y cediendo al leve vac铆o producido, se dirigi贸 a nosotros.
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“Yo hab铆a cerrado los ojos. Cuando los volv铆 a abrir, el globo hab铆a desaparecido, aspirado por la chimenea.
“Durante un eterno minuto nadie se movi贸. Al fin una terrible explosi贸n sobre el pararrayos del garaje, nos anunci贸 el final del drama. Drama a medias, como lo he advertido al principio, pero que me dio a mi mujer. Cuando quedamos a solas con mi amada, nos miramos con largo y confiad铆simo amor, y ella llor贸 entonces largo rato sobre sus rodillas. Cuatro meses despu茅s nos cas谩bamos, y nada nos ha pasado desde entonces. La tormenta de ahora me ha hecho recordar todas esas circunstancias.”
Media hora despu茅s, tambi茅n esa tormenta conclu铆a. Entonces, la m谩s joven de las oyentes, no del todo satisfecha de esa historia, pregunt贸 a su relator:
-¿Y por qu茅, entonces, si ya lo amaba a usted, le hab铆a dicho esa ma帽ana su se帽ora que no lo quer铆a?
-Quer铆a vengarse de m铆, supongo -repuso Rodr铆guez Pe帽a. Y agreg贸, mirando a la tierna e insatisfecha joven-: ¿No hubiera usted procedido as铆?
FIN
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