¡Hola, lector! El cuento de hoy es una entretenida historia del maestro Bukowski. Les juro que me ha robado m谩s de una sonrisa por la manera en como "interpreta" el sentir del poeta ¡Disfruta tu lectura!
ESA PENA DE ESCORIA
El poeta V铆ctor Valoff no era un gran poeta. Ten铆a reputaci贸n local, les gustaba a las se帽oras y su mujer lo manten铆a. Siempre estaba dando lecturas en las librer铆as locales y a menudo se le o铆a en la radio estatal. Le铆a con voz sonora y espectacular, pero el tono nunca variaba. V铆ctor siempre estaba en trance. Supongo que era eso lo que atra铆a a las damas. Algunos de sus versos, por separado, parec铆an tener alma, pero si los considerabas todos en su conjunto, te dabas cuenta de que V铆ctor nunca dec铆a nada, aunque lo dijera a gritos.
Pero Vicki, como la mayor铆a de las se帽oras, se dejaba deslumbrar f谩cilmente por los cretinos e insisti贸 en ir a una lectura de Valoff. Era un viernes por la noche y hac铆a bastante calor en la librer铆a feminista-lesbiana-revolucionaria. No cobraban entrada. Valoff le铆a gratis. Y adem谩s habr铆a una exposici贸n de ilustraciones suyas despu茅s de la lectura. Sus ilustraciones eran muy modernas. Un toque o dos, normalmente en rojo, y un peque帽o epigrama en un color que hiciese contraste. Las muestras de su sabidur铆a eran de este calibre: Me afecta mucho el cielo verde, lloro azul, azur, azul, azur, azul…
Valoff era inteligente. Sab铆a que azul pod铆a nombrarse de dos modos.
Hab铆a por all铆 fotos de Tim Leary. Carteles de PROCESEMOS A REAGAN. A m铆 me dejaban indiferente los carteles de PROCESEMOS A REAGAN. Valoff se levant贸 y camin贸 hasta el podio, con media botella de cerveza en la mano.
—Mira —dijo Vicki—, mira qu茅 cara. ¡C贸mo tiene que haber sufrido!
—S铆 —dije—, y ahora me toca a m铆 sufrir.
Valoff ten铆a un rostro bastante interesante… comparado con la mayor铆a de los poetas. Pero, comparado con la mayor铆a de los poetas, casi todo el mundo lo tiene.
Victor Valoff comenz贸:
Al este del Suez de mi coraz贸n
comienza un zumbar zumbar zumbar
silencio sombr铆o, sombra silenciosa
y de pronto llega el verano
viene directamente como un
defensa driblando hasta llegar a la meta
de mi coraz贸n.
V铆ctor grit贸 el 煤ltimo verso y, mientras lo hac铆a, alguien cerca de m铆 dijo:«¡Maravilloso!» Era una poetisa feminista local que se hab铆a cansado de los negros y se tiraba a un doberman en su dormitorio. Era pelirroja, con trenzas, ojos apagados, y tocaba la mandolina mientras le铆a su obra. Casi toda su obra se refer铆a a algo relacionado con la huella de un beb茅 muerto en la arena. Estaba casada con un m茅dico que no se dejaba ver (al menos ten铆a el buen sentido de no asistir a lecturas de poes铆a). Este doctor le pasaba una cantidad generosa para subvencionar su poes铆a y alimentar al doberman.
Valoff continu贸:
Dique y duque y d铆a derivado
fermentan tras mi frente
del modo m谩s implacable
oh s铆, del modo m谩s implacable.
Avanzo dando tumbos a trav茅s de la luz y las tinieblas…
—En eso le doy la raz贸n, mira —le dije a Vicki.
—C谩llate, por favor —contest贸.
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«Con un millar de pistolas y un millar de esperanzas irrumpo en el porche de mi mente para asesinar a un millar de papas.»
Busqu茅 mi mediana de cerveza, la destap茅 y beb铆 un buen trago.
—Oye —dijo Vicki—, siempre te emborrachas durante las lecturas. ¿Es que no puedes dominarte, hombre?
—Me emborracho con mis propias lecturas —dije—. Tampoco puedo soportar mi obra.
—Caridad engomada —continuaba Valoff—, eso es lo que somos, caridad engomada engomada engomada engomada caridad…
—Ahora dir谩 algo de un cuervo —dije.
—Engomada caridad —continu贸 Valoff— y el cuervo para siempre…
Se me escap贸 la risa. Valoff la reconoci贸. Me mir贸.
—Se帽oras y se帽ores —dijo—, esta noche tenemos entre nosotros al poeta Henry Chinaski.
Se oyeron bisbiseos. Me conoc铆an. «¡Cerdo sexista!» «¡Borracho!» «¡Hijo de puta!»
Ech茅 otro trago.
—Contin煤a, por favor, Victor —dije.
Continu贸.
…condicionada bajo la joroba del valor
el sint茅tico rect谩ngulo inminente y trivial
no es m谩s que un gene en Genova
un cuadr煤pleto Quetzalcoatl
y la china llora llora agridulce y b谩rbara
en su manguito.
—Es maravilloso —dijo Vicki—, pero ¿de qu茅 est谩 hablando?
—Habla sobre una mamada.
—Ya me parec铆a a m铆. Es un hombre maravilloso.
—Espero que mame mejor de lo que escribe.
Pena, Dios santo, pena m铆a,
esa pena de escoria,
barras y estrellas de pena,
cataratas de pena,
mareas de pena,
pena a destajo
por todas partes…
—Esa pena de escoria —dije—. Me gusta eso.
—¿Ha dejado ya de hablar de mamadas?
—S铆, ahora dice que no se encuentra bien.
…una docena de panader铆a, primo de un primo admite la estrectomicina
y, propicio, devora mi
gonfal贸n.
Sue帽o el plasma de carnaval
a trav茅s de fren茅tico cuero…
—¿Y qu茅 dice ahora? —pregunt贸 Vicki.
—Dice que ya est谩 en condiciones de volver a mamar.
—¿Otra vez?
Victor ley贸 algo m谩s y bebi贸 algo m谩s. Luego pidi贸 un descanso de diez minutos y el p煤blico se levant贸 y se amonton贸 alrededor del podio. Vicki se acerc贸 tambi茅n. Hac铆a calor all铆 dentro y sal铆 a la calle a tomar el fresco. Hab铆a un bar a media manzana. Ped铆 una cerveza. No hab铆a demasiada gente. En la tele daban un partido de baloncesto. Estuve vi茅ndolo. Me daba igual qui茅n ganase, claro. Mi 煤nico pensamiento era, c贸mo corr铆an aquellos tipos de un lado a otro, de un lado a otro. Deben de tener los suspensorios empapados de sudor. Y el ojo del culo debe de olerles a rayos. Tom茅 otra cerveza y volv铆 a la guarida de la poes铆a. Valoff hab铆a empezado otra vez. Se le o铆a desde la calle, a media manzana de distancia.
Choke, Columbia, y los caballos muertos de
mi alma
me saludan a las puertas
me saludan durmiendo, historiadores
ven este tiern铆simo pasado
que salta con
sue帽os de geisha, traspasado del todo de
impertinencia.
Encontr茅 libre mi asiento junto a Vicki.
—¿Qu茅 dice ahora? —me pregunt贸.
—No dice gran cosa, en realidad. Lo que dice en esencia es que no puede dormir por las noches. Deber铆a buscarse un trabajo.
—¿Dice que deber铆a buscarse un trabajo?
—No, eso lo digo yo.
…el lemming y la estrella fugaz son
hermanos, la disputa del lago
es El Dorado de mi
coraz贸n. Ven toma mi cabeza, ven toma mis
ojos, z煤rrame con consuelda…
—¿Y ahora qu茅 dice?
—Dice que necesita una mujer gorda y grande que le d茅 marcha.
—No seas ganso. ¿De verdad dice eso?
—Los dos lo decimos.
… podr铆a devorar el vac铆o,
podr铆a disparar cartuchos de amor en la oscuridad
podr铆a mendigar toda una India por tu regresivo esti茅rcol…
En fin, Victor sigui贸 y sigui贸 y sigui贸. Una persona cuerda se levant贸 y se fue. Los dem谩s nos quedamos.
…digo, arrastra los dioses muertos a trav茅s del
garranchuelo.
Digo la palma es lucrativa,
digo, mira mira mira
a nuestro alrededor:
todo amor es nuestro
toda vida es nuestra
el sol es nuestro perro al extremo de una correa
nada hay que pueda derrotarnos
a la mierda el salm贸n
no tenemos m谩s que estirar la mano
no tenemos m谩s que arrastrarnos y salir de
sepulcros evidentes,
la tierra, el barro,
la esperanza en tart谩n de acechantes injertos a nuestros propios
sentidos. Nada tenemos que tomar y nada que
dar, no tenemos m谩s que
empezar, empezar, empezar…
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—Much铆simas gracias —dijo Victor Valoff—, por haber venido.
El aplauso fue muy ruidoso. Siempre aplaud铆an. Victor estaba esplendoroso en su gloria. Alz贸 la misma botella de cerveza. Logr贸 incluso ruborizarse. Luego sonri贸, una sonrisa muy humana. A las damas les encant贸. Beb铆 un 煤ltimo trago de mi botella de whisky.
Todos lo rodearon. Les daba aut贸grafos y contestaba sus preguntas. A continuaci贸n, ser铆a la exposici贸n de sus obras de arte. Consegu铆 sacar a Vicki de all铆 y subimos la calle hacia el carro.
—Lee con gran vigor —dijo ella.
—S铆, tiene buena voz.
—¿Qu茅 te parece su obra?
—Muy fina.
—Creo que le tienes envidia.
—Entremos aqu铆 a beber algo —dije—. Retransmiten un partido de baloncesto.
—Bueno —dijo ella.
Tuvimos suerte. El partido no hab铆a terminado. Nos sentamos.
—Caramba —dijo Vicki—, ¡mira qu茅 piernas tan largas tienen esos tipos!
—Bueno, ahora te escucho —dije—. ¿Qu茅 vas a tomar?
—Whisky con soda.
Ped铆 dos whiskies con soda y vimos el partido. Aquellos tipos corriendo de un lado a otro, sin parar. Maravilloso. Parec铆an muy emocionados por algo; no hab铆a mucha gente en el local. Fue lo mejor de la noche.
FIN
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