8 consejos de escritura de Alejo Carpentier para mejorar tu estilo literario

Alejo Carpentier sobre el uso de los adjetivos, la precisión del lenguaje y el estilo literario.

Escribir por Alejo Carpentier
Imagen tomada de Pinterest.

¡Hola, lectores! 😀Alejo Carpentier no solo fue uno de los grandes novelistas latinoamericanos del siglo XX. También reflexionó con profundidad sobre el lenguaje, el oficio de escribir y los recursos que pueden fortalecer o debilitar una obra literaria.

En uno de sus textos más conocidos sobre la escritura, el autor cubano lanzó una advertencia que continúa siendo útil para narradores, periodistas, estudiantes y amantes de la literatura: “Los adjetivos son las arrugas del estilo”.

¿Qué quiso decir con esta frase? Carpentier no proponía eliminar todos los adjetivos, sino utilizarlos con prudencia. Para él, una escritura cargada de adornos, calificativos y expresiones de moda podía envejecer rápidamente y ocultar la verdadera fuerza de las ideas.

En este artículo conoceremos parte de la vida y la obra de Alejo Carpentier, analizaremos su reflexión sobre los adjetivos y extraeremos ocho consejos de escritura directamente de sus palabras.

Además, no te pierdas: Los fugitivos, cuento completo de Alejo Carpentier y análisis literario

Alejo Carpentier: una vida dedicada a la literatura

Alejo Carpentier nació el 26 de diciembre de 1904. Aunque durante muchos años se afirmó que había nacido en Lausana, Suiza, diversas investigaciones documentales sitúan su nacimiento en La Habana, Cuba.

Su formación estuvo marcada por una intensa relación con la música, la arquitectura, el periodismo, la historia y las culturas del Caribe. Hijo de un arquitecto francés y de una profesora de origen ruso, creció en un ambiente cosmopolita que influyó profundamente en su visión del mundo.

Durante su juventud estudió arquitectura, aunque pronto abandonó esa carrera para dedicarse al periodismo, la crítica musical y la literatura. Trabajó en diversos medios de comunicación y escribió artículos sobre arte, música, política, cultura e historia.

Además de novelista, Carpentier fue ensayista, musicólogo, periodista, editor y diplomático. Su obra se caracteriza por una prosa elaborada, una rigurosa investigación histórica y una constante reflexión sobre la identidad latinoamericana.

En Mar de fondo también puedes acercarte a su universo literario mediante relatos como Viaje a la semilla y Los fugitivos, dos textos que muestran su capacidad para transformar el tiempo, la memoria y la historia en experiencias narrativas extraordinarias.

El real maravilloso y la visión de América Latina

Alejo Carpentier es reconocido como uno de los principales teóricos de lo real maravilloso americano. Este concepto plantea que la realidad de América Latina contiene acontecimientos, personajes y paisajes tan extraordinarios que no necesitan ser inventados para parecer fantásticos.

A diferencia del realismo mágico, lo real maravilloso parte de la historia, la naturaleza, las creencias y las experiencias colectivas del continente. Para Carpentier, América Latina era un territorio donde lo insólito formaba parte de la realidad cotidiana.

Esta visión aparece con claridad en obras como El reino de este mundo, novela inspirada en la revolución haitiana, en la que hechos históricos, creencias africanas, violencia colonial y transformaciones políticas conviven dentro de una misma narración.

Características del estilo de Alejo Carpentier

La escritura de Carpentier puede reconocerse por varias características fundamentales:

  • El uso de un lenguaje musical, rítmico y cuidadosamente construido.
  • La investigación rigurosa de acontecimientos históricos.
  • La integración de mitos, leyendas y creencias populares.
  • La reflexión sobre la identidad latinoamericana.
  • El interés por el poder, las revoluciones y los procesos sociales.
  • La presencia constante de la música dentro de la narración.
  • La creación de imágenes precisas mediante sustantivos y verbos concretos.

Obras destacadas de Alejo Carpentier

La producción literaria de Alejo Carpentier incluye novelas, cuentos, ensayos, artículos periodísticos y estudios musicales. Entre sus libros más importantes se encuentran los siguientes:

¡Ecué-Yamba-Ó! (1933)

Fue su primera novela. En ella abordó la cultura afrocubana, la marginación social y las creencias religiosas populares. Aunque más adelante Carpentier se mostró crítico con esta obra, el libro permite observar sus primeras preocupaciones culturales y narrativas.

El reino de este mundo (1949)

Considerada una de sus obras fundamentales, narra acontecimientos relacionados con la revolución haitiana. En el prólogo de esta novela, Carpentier desarrolló su célebre concepto de lo real maravilloso americano.

Los pasos perdidos (1953)

La novela cuenta el viaje de un músico hacia una región selvática en busca de instrumentos primitivos. A medida que avanza, el protagonista parece retroceder hacia los orígenes de la humanidad y escapar temporalmente de la civilización moderna.

El acoso (1956)

Esta novela breve relata la persecución de un hombre vinculado con la violencia política. Su estructura está relacionada con la música y desarrolla una atmósfera de tensión, miedo y fatalidad.

El siglo de las luces (1962)

La obra explora la llegada de las ideas de la Revolución Francesa al Caribe. A través de sus personajes, Carpentier analiza las contradicciones entre los ideales revolucionarios y el ejercicio real del poder.

NO TE PIERDAS, LECTOR: EL MILAGRO DEL ASCENSOR

Concierto barroco (1974)

En esta novela breve, Carpentier combina historia, música, humor y ficción. El relato presenta encuentros imaginarios entre personajes de distintas épocas y tradiciones culturales.

El recurso del método (1974)

La novela ofrece una mirada crítica e irónica sobre las dictaduras latinoamericanas. Su protagonista, conocido como el Primer Magistrado, representa los excesos, contradicciones y mecanismos de poder de los gobernantes autoritarios.

La obsesión de Carpentier por la precisión del lenguaje

Una de las preocupaciones permanentes de Alejo Carpentier fue la precisión de las palabras. Aunque su prosa suele ser rica y elaborada, el autor defendía que cada término debía cumplir una función dentro de la frase.

Para Carpentier, escribir bien no significaba acumular adornos, sino escoger cuidadosamente los sustantivos, los verbos y los adjetivos. Una palabra innecesaria podía debilitar una imagen, mientras que una expresión concreta podía conservar su fuerza durante siglos.

Esta preocupación aparece en su reflexión sobre los adjetivos, en la que explica que algunos escritores recurren a ellos por costumbre, moda o deseo de embellecer artificialmente la prosa.

“Los adjetivos son las arrugas del estilo”, de Alejo Carpentier

Los adjetivos son las arrugas del estilo. Cuando se inscriben en la poesía, en la prosa, de modo natural, sin acudir al llamado de una costumbre, regresan a su universal depósito sin haber dejado mayores huellas en una página.

Pero cuando se les hace volver a menudo, cuando se les confiere una importancia particular, cuando se les otorga dignidades y categorías, se hacen arrugas, arrugas que se ahondan cada vez más, hasta hacerse surcos anunciadores de decrepitud para el estilo que los carga.

Porque las ideas nunca envejecen, cuando son ideas verdaderas. Tampoco los sustantivos. Cuando el Dios del Génesis, luego de poner luminarias en la haz del abismo, procede a la división de las aguas, este acto de dividir las aguas se hace imagen grandiosa mediante palabras concretas, que conservan todo su potencial poético desde que fueran pronunciadas por vez primera.

Cuando Jeremías dice que ni puede el etíope mudar de piel, ni perder sus manchas el leopardo, acuña una de esas expresiones poético-proverbiales destinadas a viajar a través del tiempo, conservando la elocuencia de una idea concreta, servida por palabras concretas.

Así el refrán, frase que expone una esencia de sabiduría popular, de experiencia colectiva, elimina casi siempre el adjetivo de sus cláusulas:

“Dime con quién andas…”

“Tanto va el cántaro a la fuente…”

“El muerto al hoyo…”

Por instinto, quienes elaboran una materia verbal destinada a perdurar desconfían del adjetivo, porque cada época tiene sus adjetivos perecederos, como tiene sus modas, sus faldas largas o cortas, sus chistes o leontinas.

10 consejos de Mario Vargas Llosa para escribir novelas que atrapan lectores 

8 consejos de escritura de Alejo Carpentier

A partir de este fragmento y de la reflexión completa de Carpentier sobre el uso de los adjetivos, podemos extraer ocho recomendaciones concretas. Estos consejos no son añadidos externos, sino ideas desarrolladas o sugeridas directamente por el propio escritor.

1. Utiliza los adjetivos con moderación

El primer consejo de Carpentier es también el más evidente: no abuses de los adjetivos.

El escritor cubano no afirma que debamos eliminarlos por completo. Reconoce que pueden aparecer de manera natural en la poesía y en la prosa. El problema comienza cuando se repiten constantemente o se convierten en el principal recurso expresivo de una página.

Una acumulación de calificativos puede hacer que el texto se sienta recargado, artificial o envejecido. En lugar de fortalecer la frase, el exceso termina debilitándola.

Por ejemplo, una descripción como “la oscura, lúgubre, silenciosa y aterradora noche” puede resultar menos efectiva que una imagen concreta construida mediante una acción: “La noche cayó sobre la casa y apagó las últimas voces”.

El adjetivo debe aportar información, precisión o una emoción necesaria. Cuando solo adorna, probablemente pueda eliminarse.

2. Deja que los adjetivos aparezcan de manera natural

Carpentier señala que los adjetivos pueden funcionar cuando se inscriben en el texto “de modo natural” y no como resultado de una costumbre.

Esta observación es importante porque muchos autores desarrollan muletillas estilísticas. Utilizan determinados adjetivos no porque la escena los necesite, sino porque están acostumbrados a escribir de esa manera.

El consejo consiste en revisar cada calificativo y preguntarnos si realmente surge de la situación narrada. Un adjetivo útil ayuda a visualizar una cualidad específica; uno automático solo llena espacio.

Al corregir un texto, conviene identificar los adjetivos repetidos y comprobar si pueden sustituirse por una imagen, un sustantivo más preciso o un verbo más expresivo.

3. Prefiere las palabras concretas

Carpentier admira las expresiones que construyen imágenes duraderas mediante palabras concretas. Para explicar esta idea, recurre a pasajes bíblicos como la división de las aguas o la imagen del leopardo que no puede perder sus manchas.

Estas frases permanecen en la memoria porque presentan acciones y objetos reconocibles: aguas, piel, manchas y leopardo. No necesitan una larga cadena de calificativos para producir una imagen poderosa.

En la escritura, lo concreto suele ser más eficaz que lo abstracto. En lugar de escribir que un personaje experimentó “una profunda sensación de tristeza”, puede mostrarse que guardó una carta, apagó la luz y permaneció sentado frente a una taza fría.

Las palabras concretas permiten que el lector vea, escuche o imagine lo que ocurre.

4. Confía en la fuerza de los sustantivos

Para Carpentier, los sustantivos poseen una capacidad de permanencia que los adjetivos de moda no siempre tienen. Los sustantivos nombran seres, objetos, lugares, materiales y conceptos; constituyen la base sobre la que se construye una imagen.

Un sustantivo preciso evita la necesidad de añadir varios calificativos. No es lo mismo escribir “un gran lugar lleno de árboles” que nombrar directamente “un bosque”. Tampoco es igual decir “una pequeña embarcación de madera” que utilizar la palabra “canoa”, cuando corresponde.

Elegir el sustantivo exacto mejora la claridad y reduce la cantidad de palabras necesarias.

Antes de añadir un adjetivo, podemos preguntarnos si existe un sustantivo más específico que exprese la misma idea.

TE RECOMIENDO: Cómo escribir un cuento según Gabriel García Márquez: 10 consejos clave

5. Construye imágenes mediante acciones y verbos precisos

Aunque Carpentier concentra su reflexión en los adjetivos y los sustantivos, sus ejemplos también muestran la importancia de los verbos.

La imagen bíblica de la división de las aguas conserva su potencia porque contiene una acción concreta. El verbo organiza la escena y permite que el lector observe un cambio.

Los verbos precisos dan movimiento a la prosa. En muchos casos, un verbo expresivo puede reemplazar una combinación débil formada por un verbo genérico y varios adjetivos o adverbios.

En lugar de escribir “caminó de una manera muy lenta y cansada”, puede decirse “avanzó”, “se arrastró” o “tambaleó”, dependiendo de la intención.

La elección del verbo adecuado vuelve la frase más breve, visual y dinámica.

6. Desconfía de los adjetivos de moda

Carpentier advierte que cada época posee sus propios adjetivos perecederos. Del mismo modo que cambian la ropa, los chistes y las costumbres, también cambian las palabras que una generación considera elegantes o novedosas.

El romanticismo recurrió con frecuencia a términos como lúgubre, melancólico, sombrío, crepuscular y funerario.

Los simbolistas utilizaron adjetivos como evanescente, grisáceo, difuso y opalescente. Los modernistas latinoamericanos prefirieron palabras como marmóreo, versallesco o ebúrneo.

Por su parte, algunos surrealistas recurrieron a calificativos como fantasmal, alucinante, convulsivo y onírico.

El problema no se encuentra en las palabras en sí mismas, sino en su uso automático como señales de pertenencia a una moda literaria. Cuando una expresión se repite excesivamente, pierde originalidad y puede revelar rápidamente la época en la que fue escrita.

INCREIBLE: Juan Rulfo y los secretos de su creación literaria

7. Evita imitar los amaneramientos de otros escritores

Carpentier sostiene que después del creador de una expresión suelen aparecer numerosos imitadores. Estos reproducen las formas externas del estilo, pero no necesariamente las ideas que le dieron origen.

Para describir esta práctica utiliza una expresión crítica: “la tintorería del oficio”. Con ella se refiere a quienes se dedican únicamente a matizar, colorear y adornar la escritura.

Imitar la adjetivación de un autor no equivale a comprender su obra. Copiar sus palabras favoritas, sus ritmos o sus imágenes puede generar una prosa derivativa y artificial.

El consejo es buscar una voz propia y utilizar los recursos estilísticos según las necesidades del texto, no para parecerse superficialmente a un escritor admirado o a una corriente literaria.

8. Busca un estilo preciso, simple y capaz de perdurar

La última gran recomendación de Carpentier consiste en escribir pensando en la precisión y no en el efecto pasajero.

Según el autor, los grandes estilos se caracterizan por la parquedad en el uso del adjetivo. Cuando recurren a este recurso, eligen calificativos concretos, simples y directos, capaces de definir una calidad, un estado, una materia, una consistencia o un ánimo.

Carpentier pone como ejemplos la Biblia y Don Quijote de la Mancha. Estas obras han atravesado los siglos porque sus imágenes fundamentales se apoyan en ideas claras y palabras concretas.

La permanencia de una frase no depende de la cantidad de adornos, sino de su capacidad para expresar una verdad, una experiencia o una imagen reconocible.

Los adjetivos y las modas literarias

Uno de los aspectos más interesantes de la reflexión de Alejo Carpentier es su recorrido por los adjetivos característicos de distintas corrientes literarias.

El romanticismo, por ejemplo, construyó buena parte de su atmósfera mediante palabras relacionadas con la oscuridad, la melancolía, la muerte y el misterio. Estos términos fueron eficaces cuando aparecieron en obras originales, pero se convirtieron en fórmulas cuando comenzaron a repetirse mecánicamente.

Algo similar ocurrió con el simbolismo, el modernismo, el surrealismo y ciertas imitaciones del existencialismo. Cada movimiento desarrolló un vocabulario reconocible, pero ese vocabulario también podía transformarse en una caricatura cuando era utilizado sin una verdadera necesidad expresiva.

¿Por qué los adjetivos pueden envejecer un texto?

Los adjetivos pueden envejecer una obra porque muchos de ellos están vinculados con la sensibilidad, las modas y los gustos de una época determinada.

Una palabra que en cierto momento parece sofisticada puede convertirse en un lugar común después de ser repetida por cientos de autores. Cuando esto sucede, el lector deja de percibirla como una elección original.

Además, algunos calificativos expresan juicios generales sin construir una imagen concreta. Palabras como maravilloso, impactante, increíble o espectacular pueden resultar poco informativas si no están acompañadas por hechos que permitan comprender por qué algo posee esas cualidades.

La solución no consiste en prohibir estos términos, sino en evitar que sustituyan la descripción, la acción o la reflexión.

TE RECOMIENDO: Guy de Maupassant y las reglas para escribir una novela 

¿Significa esto que no debemos utilizar adjetivos?

No. Carpentier no propone escribir una literatura sin adjetivos. Su propia obra contiene descripciones amplias, vocabulario culto y construcciones de gran riqueza verbal.

Lo que cuestiona es el uso excesivo, automático y ornamental del adjetivo. Un calificativo bien escogido puede aportar información indispensable, establecer una atmósfera o revelar la mirada de un personaje.

La diferencia se encuentra en la función que cumple dentro de la frase.

Un adjetivo es útil cuando:

  • Precisa una característica necesaria.
  • Distingue un objeto de otro.
  • Contribuye a crear una atmósfera.
  • Expresa la percepción de un personaje.
  • Aporta información que no se encuentra en el sustantivo.
  • Produce un contraste significativo.

En cambio, puede ser prescindible cuando solo repite una cualidad evidente, aparece por costumbre o intenta embellecer una frase que todavía no posee una idea sólida.

14 microrrelatos de Borges, Benedetti y Cortázar para leer rápido

Cómo aplicar los consejos de Carpentier al corregir un texto

Las reflexiones de Alejo Carpentier pueden convertirse en una práctica sencilla de corrección. Después de escribir un cuento, artículo, ensayo o publicación, puedes seguir estos pasos:

  1. Subraya todos los adjetivos del texto.
  2. Identifica cuáles se repiten con demasiada frecuencia.
  3. Elimina los que no aporten información nueva.
  4. Comprueba si un sustantivo más preciso puede reemplazar una descripción extensa.
  5. Sustituye los verbos genéricos por acciones más concretas.
  6. Revisa si utilizaste expresiones de moda o lugares comunes.
  7. Lee las frases en voz alta para detectar recargas innecesarias.
  8. Conserva únicamente las palabras que contribuyan al sentido, el ritmo o la imagen
Por eso, lectores, Carpentier no rechaza estas corrientes ni niega sus aportes. Su crítica está dirigida hacia la imitación superficial y hacia la repetición de recursos que alguna vez fueron novedosos.
Mar de fondo

𝐵𝑟𝑦𝑎𝑛 𝑉𝑖𝑙𝑙𝑎𝑐𝑟𝑒𝑧 (Lima, 1990) Director del Blog de Mar de fondo. Estudié Comunicaciones, Sociología y soy autor del libro "Las vidas que tomé prestadas". Amante de los cuentos, cartas, diarios y novelas. Convencido de que "𝑈𝑛 𝑑𝑖́𝑎 𝑙𝑒𝑖́𝑑𝑜 𝑛𝑜 𝑒𝑠 𝑢𝑛 𝑑𝑖́𝑎 𝑝𝑒𝑟𝑑𝑖𝑑𝑜."

Publicar un comentario

Artículo Anterior Artículo Siguiente