Un mundo para Julius (1970), por Mar de fondo

Un comentario a la obra de Bryce Echenique

Desde hace muchos años me encontraba en la imperante necesidad de leer "Un mundo para Julius" (1970) y debo confesar que su volumen me intimidaba, pero sabía que era una novela que debía dominar, paso a paso, días tras día. Hace poco terminé de leerla. La comencé a buscar este verano, cuando en Crisol de Plaza Norte vi la edición conmemorativa a raíz del bullicio de la película. Sin embargo, era algo que mi bolsillo no iba a soportar, sino hasta que en soledad otoñal deambulaba por una feria en Magdalena y entonces...

Un mundo para Julius
La edición que leí es la de PEISA, me queda pendiente ver la película (2021). 

Quedé fascinado con la historia de Julius y sobre todo con la prosa de Bryce que aparte de una u otra referencia no había degustado en su máximo esplendor, en su obra por excelencia. Bryce me ha hecho reír y compadecerme en serio y esto es algo que pocos autores pueden lograr. Desde el inicio nos sumerge en una historia con cuotas de ternura, como si fuese narrada por un niño grande, pero que tiene también un toque de picardía y tomada de pelo a todos sus personajes, empezando por Julius. 

El pequeño Julius es una isla en ese mar de frivolidad e indiferencia en donde todos los personajes parecen ocupados de asuntos netamente superficiales, en donde reina el dinero y el poder de las clases sociales. En la vida de Julius hay sin duda un vacío, pero al mismo tiempo esto no le quita la alegría, la ilusión y sobre todo la capacidad de soñar, reflexionando con chispazos de madurez y tratando de entender por qué siendo tan rico vivía en un mundo tan pobre y tan triste. 

Pero ese vacío del niño que se acrecienta con la pérdida temprana de su hermana Cinthia, se ve llenado por las cosas sencillas y lindas de la vida, en la curiosidad que nos invade desde niños y que se manifiesta en cada pregunta que hacemos. 

Julius se abrió al mundo desde lo simple, desde lo humano. Pasaba mucho tiempo con la servidumbre, se divertía y aprendía con ella aun si para su madre era un espacio en donde no se debe penetrar: "por ahí no se va, darling". Pero el amor y la atención que recibe de Vilma, su nana, es clave para entender el final de la novela, dado que la "chola buena" como dice Bryce, era lo más cercano a una figura materna sana y lo que más parece golpearlo en un triste desenlace. 

Es increíble cómo la construcción de los personajes que hace Bryce llega a sumergirnos y reconocer personalidades no caducas para nuestra época. Creo que quienes hemos podido leer este libro podemos coincidir en cierta antipatía hacia Juan Lucas, el padrastro de Julius que vive en otro mundo (del golf y del ocio a los negocios) y piensa que todo puede solucionarse con dinero, con indolencia ante hijos ajenos; por eso creo que Bryce le da una lección al ridiculizado en la misa. A todo esto, Juan Lucas jamás pudo crear un vínculo profundo con Julius ni con nadie (ni con su mujer), al contrario, es el personaje que llega para desestabilizar el mundo del niño. 

No puedo dejar de lado a la madre de Julius, Susan "linda", quien es totalmente carente de una emoción maternal responsable con sus hijos, de carácter tibio y muy cándido. ¿Es la decepción de la maternidad? ¿la ausencia echa presencia? Susan dice que extraña a Julius, pero lo dice por decir, se interesa siempre "a media caña" y pocas veces se esfuerza por entender lo que pasa con sus hijos. Eso sí, siempre con la elegancia, el glamour y sobre todo la condescendencia con el marido. 

En fin, siendo una novela (en esta edición de PEISA) de casi 500 páginas debo decir que hay mucho pan por rebanar en el comentario a cada uno de los personajes bien logrados. Pero recomiendo sin duda esta lectura dado que es una crítica maestra a las clases sociales de la época y que tranquilamente puede aplicarse a la actualidad (o debería decir, lamentablemente). La libertad que aquí se cambia muchas veces por libertinaje, rencores, episodios de ira (Bobby), berrinches, ausencia e indiferencia, hace de la vida del personaje principal una interrogante a tratar de comprender: ¿por qué el mundo es así? 

El mundo para Julius a veces es injusto, es indiferente, no comprende porqué algunos valen más que otros y por qué la perversidad se reproduce desde la niñez y está presente en la familia. Al final, la mirada vacía de Santiago, el hermano mayor de Julius resume perfectamente el cómo deberíamos entender el mundo en el que vive el niño, esos ojos (los de Santiago) que aún en el júbilo o la tranquilidad más garantizada por el dinero, expresaban tristeza, vacío, abandono...

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