Leamos "Carrera de persecuci贸n", cuento de Ernest Hemingway

¡Buenos d铆as queridos, lectores! Abrimos esta importante semana con el 煤ltimo d铆a de julio y nos preparamos para el mes del nacimiento de Ribeyro. Estoy emocionado de poder compartir con ustedes lo mejor de los cuentos de Ribeyro y tambi茅n de otros geniales autores como Ernest Hemingway ¡Disfruta con atenci贸n este fascinante relato! 


Carrera de persecuci贸n", cuento de Ernest Hemingway
Imagen tomada de Pinterest: https://pin.it/F7yhANS


CARRERA DE PERSECUCI脫N


William Campbell manten铆a una carrera de persecuci贸n con un espect谩culo de variedades desde Pittsburgh. En una carrera de persecuci贸n, en las carreras de bicicletas, los corredores salen a intervalos iguales uno tras otro. Corren muy deprisa porque generalmente la carrera se limita a una distancia breve, y si pierden velocidad otro corredor que vaya detr谩s y mantenga el ritmo acabar谩 cogi茅ndolos. En cuanto un corredor es adelantado queda fuera de la carrera y debe bajarse de la bicicleta y salir de la pista. Si ninguno de los corredores es atrapado, el ganador de la carrera es el que se ha acercado m谩s al otro. En la mayor parte de las carreras de persecuci贸n, si hay solo dos corredores, uno de los dos es adelantado al cabo de diez kil贸metros. El espect谩culo de variedades pill贸 a William Campbell en Kansas City.

William Campbell hab铆a tenido la esperanza de ir un poco por delante del espect谩culo de variedades hasta que llegaran a la costa del Pac铆fico. Siempre y cuando fuera delante del espect谩culo de variedades como representante de la empresa, le pagaban. Cuando el espect谩culo de variedades lo atrapo 茅l estaba en la cama. Estaba en la cama cuando el director de la troupe entr贸 en su habitaci贸n, y cuando el director hubo salido, William Campbell se dijo que igual le daba quedarse en la cama. Hac铆a mucho fr铆o en Kansas City, y no ten铆a prisa por salir. No le gustaba Kansas City. Meti贸 la mano bajo la cama y sac贸 una botella y bebi贸. Su est贸mago se sinti贸 mejor. El se帽or Turner, el director del espect谩culo de variedades, se hab铆a negado a beber.

La entrevista de William Campbell con el se帽or Turner hab铆a sido un poco rara. El se帽or Turner hab铆a llamado a la puerta. Campbell hab铆a dicho: «¡Adelante!». Cuando el se帽or Turner entr贸 vio ropa encima de una silla, una maleta abierta, la botella en una silla junto a la cama, y alguien echado en la cama completamente cubierto por las mantas.

—Se帽or Campbell —dijo el se帽or Turner.

—No puede despedirme —dijo William Campbell desde debajo de las mantas. Debajo de las mantas se estaba caliente y cobijadito y todo era blanco—. No puede despedirme por haberme bajado de la bicicleta.

—Est谩 borracho —dijo el se帽or Turner.

—Oh, s铆 —dijo William Campbell, habl谩ndole directamente a la s谩bana y sintiendo su textura en los labios.

—Es usted un imb茅cil —dijo el se帽or Turner. Apag贸 la luz el茅ctrica. La luz hab铆a estado encendida toda la noche. Ahora eran las diez de la ma帽ana—. Es usted un borracho y un imb茅cil. ¿Cu谩ndo lleg贸 a esta ciudad?

—Llegu茅 anoche —dijo William Campbell, habl谩ndole a la s谩bana. Descubri贸 que le gustaba hablar a trav茅s de la s谩bana—. ¿Alguna vez ha hablado a trav茅s de una s谩bana?

—No intente hacerse el gracioso. No es usted gracioso.

—No intento hacerme el gracioso. Tan solo hablo a trav茅s de una s谩bana.

—Desde luego que est谩 hablando a trav茅s de una s谩bana.

—Ya puede irse, se帽or Turner —dijo Campbell—. Ya no trabajo para usted.

—Al menos eso lo sabe.

—S茅 muchas cosas —dijo William Campbell. Apart贸 la s谩bana y mir贸 al se帽or Turner—. S茅 lo suficiente para que no me importe mirarle. ¿Quiere saber lo que s茅?

—No.

—Bien —dijo William Campbell—. Porque la verdad es que no s茅 nada. Hablaba por hablar. —Volvi贸 a taparse con la s谩bana—. Me encanta estar bajo una s谩bana —dijo. El se帽or Turner estaba de pie junto a la cama. Era un hombre de mediana edad con una gran barriga y calvo, y ten铆a muchas cosas que hacer.

—Deber铆a dejarlo ahora mismo, Billy, y seguir una cura —dijo—. Yo se lo puedo arreglar si quiere.

—No quiero seguir ninguna cura —dijo William Campbell—. No quiero ninguna cura. Soy totalmente feliz. Toda mi vida he sido completamente feliz.

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—¿Cu谩nto hace que est谩 as铆?

—¡Menuda pregunta! —William Campbell inhalaba y exhalaba a trav茅s de la s谩bana.

—¿Cu谩nto tiempo lleva trompa, Billy?

—¿Es que no he hecho mi trabajo?

—Claro. Solo le he preguntado cu谩nto lleva trompa, Billy.

—No lo s茅. Pero ha vuelto mi lobo. —Toc贸 la s谩bana con la lengua—. Lo he tenido una semana.

—Y un cuerno.

—Oh, s铆. Mi querido lobo. Cada vez que bebo sale de la habitaci贸n. No soporta el alcohol. Pobrecillo. —Daba vueltas con la lengua en la s谩bana—. Es un lobo encantador. Est谩 igual que siempre. —William Campbell cerr贸 los ojos e inhal贸 profundamente.

—Necesita una cura, Billy —dijo el se帽or Turner—. El Keeley le gustar谩. No est谩 mal.

—El Keeley —dijo William Campbell—. No est谩 lejos de Londres. —Cerr贸 los ojos y los abri贸, rozando la s谩bana con las pesta帽as—. Es que me encantan las s谩banas —dijo. Mir贸 al se帽or Turner—. Escuche, usted cree que estoy borracho.

—Est谩 borracho.

—No, no lo estoy.

—Est谩 borracho y ha tenido delirium tremens.

—No —dijo William Campbell, y se envolvi贸 la cabeza con la s谩bana—. Querida s谩bana —dijo. Respir贸 suavemente contra ella—. Hermosa s谩bana. Me amas, ¿verdad, s谩bana? Todo est谩 incluido en el precio de la habitaci贸n. Igual que en Jap贸n. No —dijo—. Escuche, Billy, querido Billy el Escurridizo, tengo una sorpresa para usted. No estoy borracho. Estoy colocado hasta las cejas.

—No —dijo el se帽or Turner.

—Eche un vistazo. —William Campbell se subi贸 la manga derecha de la chaqueta del pijama bajo la s谩bana y asom贸 el antebrazo—. Mire. —En el antebrazo, desde la mu帽eca hasta el codo, hab铆a peque帽os c铆rculos azules en torno a diminutos pinchazos azul oscuro. Los c铆rculos casi se tocaban entre s铆—. Es el nuevo descubrimiento —dijo William Campbell—. Ahora bebo de vez en cuando, solo para mantener al lobo fuera de la habitaci贸n.

—Hay una cura para eso —dijo Billy el Escurridizo Turner.

—No —dijo William Campbell—. No hay curas para nada.

—No puede abandonar as铆 como as铆, Billy —dijo Turner. Se sent贸 en la cama.

—Cuidado con mi s谩bana —dijo William Campbell.

—A su edad no puede abandonar y atiborrarse de eso simplemente porque est谩 en un l铆o.

—Hay una ley en contra de eso. Si es a lo que se refiere.

—No, me refiero a que tiene que luchar contra ello.

Billy Campbell acarici贸 la s谩bana con los labios y la lengua.

—Querida s谩bana —dijo—. Puedo besar esta s谩bana y ver a trav茅s de ella al mismo tiempo.

—Deje ya lo de la s谩bana. Ahora no puede empezar a meterse eso.

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William Campbell cerr贸 los ojos. Comenzaba a experimentar una ligera n谩usea. Sab铆a que esa n谩usea aumentar铆a poco a poco, sin que existiera el alivio de vomitar, hasta que hiciera algo para remediarla. Fue en ese momento cuando le sugiri贸 al se帽or Turner que tomara un trago. El se帽or Turner declin贸 la invitaci贸n. William Campbell ech贸 un trago de la botella. Era una medida temporal. El se帽or Turner lo observ贸. El se帽or Turner llevaba en esa habitaci贸n mucho m谩s tiempo del que debiera, ten铆a muchas cosas que hacer; aunque diariamente se relacionaba con gente que tomaba drogas, esas cosas le horrorizaban, y le ten铆a mucho aprecio a William Campbell; no deseaba abandonarlo. Lo sent铆a mucho por 茅l, y le parec铆a que una cura podr铆a ayudarlo. Sab铆a que hab铆a buenos centros de desintoxicaci贸n en Kansas City. Pero ten铆a que irse. Se puso en pie.

—Escuche, Billy —dijo William Campbell—. Quiero decirle algo. Le llaman Billy el Escurridizo. Eso es porque es usted capaz de escurrirse. A m铆 me llaman Billy a secas. Eso es porque nunca he podido escurrirme. Yo no puedo escurrirme, Billy. No puedo escabullirme. Me atrapa. Cada vez que lo intento, me atrapa. —Cerr贸 los ojos—. No puedo escurrirme, Billy. Es terrible no poder escurrirte.

—S铆 —dijo Billy el Escurridizo Turner.

—S铆 ¿qu茅? —William Campbell se lo qued贸 mirando.

—Lo que estaba diciendo.

—No —dijo William Campbell—. Yo no dec铆a nada. Habr谩 sido un error.

—Dec铆a algo acerca de escurrirse.

—No. Es imposible que hablara de escurrirme. Pero esc煤cheme, Billy, y le contar茅 un secreto. Lim铆tese a las s谩banas, Billy. Al茅jese de las mujeres y los caballos, y —se interrumpi贸— las 谩guilas, Billy. Si ama a los caballos se encontrar谩 con mierda de caballo, y si ama a las 谩guilas se encontrar谩 con mierda de 谩guila. —Se call贸 y meti贸 la cabeza bajo la s谩bana.

—Tengo que irme —dijo Billy el Escurridizo Turner.

—Si ama a las mujeres acabar谩 meti茅ndose una dosis de esto —dijo William Campbell—. Si va con caballos…

—S铆, ya lo ha dicho.

—¿El qu茅?

—Lo de los caballos y las 谩guilas.

—Oh, s铆. Y si ama las s谩banas. —Respir贸 sobre la s谩bana y restreg贸 la nariz contra ella—. No s茅 qu茅 pasa con las s谩banas —dijo—. Acabo de empezar a amar esta s谩bana.

—Tengo que irme —dijo el se帽or Turner—. Tengo mucho que hacer.

—Est谩 bien —dijo William Campbell—. Todo el mundo tiene que irse.

—Ser谩 mejor que me vaya.

—Muy bien, v谩yase.

—¿Se encuentra bien, Billy?

—No he sido m谩s feliz en la vida.

—¿Y se encuentra bien?

—Estoy bien. Adelante, v谩yase. Yo me quedar茅 aqu铆 un rato. A eso de mediod铆a me levantar茅.

Pero cuando a mediod铆a el se帽or Turner volvi贸 a la habitaci贸n de William Campbell, lo encontr贸 durmiendo, y como el se帽or Turner era un hombre que sab铆a cu谩les son las cosas valiosas de la vida, no lo despert贸.




FIN
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Mar de fondo

饾惖饾憻饾懄饾憥饾憶 饾憠饾憱饾憴饾憴饾憥饾憪饾憻饾憭饾懅 (Lima, 1990) Director del Blog de Mar de fondo. Estudi茅 Comunicaciones, Sociolog铆a y soy autor del libro "Las vidas que tom茅 prestadas". Amante de los cuentos, cartas, diarios y novelas. Convencido de que "饾憟饾憶 饾憫饾憱́饾憥 饾憴饾憭饾憱́饾憫饾憸 饾憶饾憸 饾憭饾憼 饾憿饾憶 饾憫饾憱́饾憥 饾憹饾憭饾憻饾憫饾憱饾憫饾憸."

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