Libro: Los inocentes

Oswaldo Reynoso tenía 𝟯𝟬 𝗮𝗻̃𝗼𝘀 𝗰𝘂𝗮𝗻𝗱𝗼 𝗽𝘂𝗯𝗹𝗶𝗰𝗼́ 𝗲𝘀𝘁𝗲 𝗹𝗶𝗯𝗿𝗼 𝘆 𝟴𝟱 𝗰𝘂𝗮𝗻𝗱𝗼 𝗠𝗮𝗿𝗶𝗼 𝘆 𝘆𝗼 𝗹𝗼 𝘃𝗶𝗺𝗼𝘀 𝗽𝗲𝘁𝗿𝗶𝗳𝗶𝗰𝗮𝗱𝗼 en ese ataúd. 

Oswaldo Reynoso
Composición: Mar de fondo. 

La tarde del 25 de mayo de 2016 estaba junto a mi amigo Mario en el Centro de Lima. El invierno se acercaba y la ciudad volvía a su gris natural. Pero algo ensombrecía más el día: Oswaldo Reynoso había muerto y como fieles discípulos íbamos en peregrinación a la Casa de la Literatura donde se velaba su cuerpo abierto al público. Fue la última vez que vi a Reynoso, estaba tieso, dormido y como uno de sus personajes: sumido en la inocencia de un sueño profundo. 


Los inocentes es un libro vivo, anacrónico, que describe la Lima cincuentera con personajes de carne y hueso marginales; idos a su suerte en una ciudad que comenzaba urbanizarse a crecer y empaparse diversas culturas (una de ellas: la rocanrolera) Ahí en los barrios populacheros se cocina la historia de cara de Ángel, el Príncipe, Carambola, colorete y el Rosquita. Jovencitos todos ellos que solo quieren un lugar en el mundo: el ansiado sentido de pertenencia.

Buscan esto en las patotas, en la palomillada, en el espíritu temerario propio de la juventud. Cada personaje de Reynoso hoy sigue siendo inocente: está quién humillado se deja mandonear y cede a la presión del grupo; 𝗲𝘀𝘁𝗮́ 𝗾𝘂𝗶𝗲𝗻 𝗿𝗼𝗯𝗮 𝗽𝗼𝗿 𝗵𝗮𝗰𝗲𝗿𝘀𝗲 𝗲𝗹 𝗯𝗮𝗰𝗮́𝗻 𝘆 𝗽𝗼𝗿 𝗶𝗺𝗽𝗿𝗲𝘀𝗶𝗼𝗻𝗮𝗿 𝗮 𝘂𝗻𝗮 “𝗴𝗶𝗹𝗮”. También encontramos al inocente enamorado y asustadizo que 𝗯𝘂𝘀𝗰𝗮 𝗰𝗼𝗻𝘀𝗲𝗷𝗼𝘀 𝗲𝗻 𝗲𝗹 𝗺𝘂𝗻𝗱𝗼 𝗮𝗱𝘂𝗹𝘁𝗼 𝗽𝗮𝗿a 𝗶𝗻𝗶𝗰𝗶𝗮𝗿𝘀𝗲 𝗲𝗻 𝗹𝗼 𝘀𝗲𝘅𝘂𝗮𝗹; como también a quién tras la bravuconería esconde una tristeza y una timidez insospechada.

Por último y no menos importante 𝗲𝘀𝘁𝗮́ 𝗲𝗹 𝗶𝗻𝗼𝗰𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗾𝘂𝗲 𝗮𝘂́𝗻 𝘁𝗶𝗲𝗻𝗲 𝗲𝘀𝗽𝗲𝗿𝗮𝗻𝘇𝗮, 𝗮𝗹 𝗰𝘂𝗮𝗹 𝗽𝗮𝗿𝗲𝗰𝗲 𝗾𝘂𝗲 𝗥𝗲𝘆𝗻𝗼𝘀𝗼 𝗾𝘂𝗶𝗲𝗿𝗲 𝘀𝗮𝗹𝘃𝗮𝗿, que desea para él un futuro mejor que el de la collera. Parece que le escribe una carta y lo conmina a no perderse, lo compadece del entorno donde creció y le da un consejo: “𝗘𝗻 𝗟𝗶𝗺𝗮 𝗲𝘀𝘁𝗮́ 𝗹𝗮 𝘁𝗲𝗻𝘁𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝗾𝘂𝗲 𝘁𝗲 𝗱𝗲𝘃𝗼𝗿𝗮…𝘆 𝗲𝗹 𝗱𝗶𝗻𝗲𝗿𝗼…𝗽𝗲𝗿𝗼 𝘀𝗲́ 𝗾𝘂𝗲 𝗲𝗿𝗲𝘀 𝗯𝘂𝗲𝗻𝗼 𝘆 𝗾𝘂𝗲 𝗮𝗹𝗴𝘂́𝗻 𝗱𝗶́𝗮 𝗲𝗻𝗰𝗼𝗻𝘁𝗿𝗮𝗿𝗮́𝘀 𝘂𝗻 𝗰𝗼𝗿𝗮𝘇𝗼́𝗻 𝗮 𝗹𝗮 𝗮𝗹𝘁𝘂𝗿𝗮 𝗱𝗲 𝘁𝘂 𝗶𝗻𝗼𝗰𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮”.

Me gustó Los Inocentes. Libro que se lee en una sentada y fácilmente. 𝗖𝗼𝗺𝗼 𝘁𝗼𝗱𝗮 𝗯𝘂𝗲𝗻𝗮 𝗼𝗯𝗿𝗮 𝗱𝗲 𝘂𝗻 𝗴𝗿𝗮𝗻 𝗮𝘂𝘁𝗼𝗿, 𝗲𝘀𝘁𝗮́ 𝘃𝗶𝘃𝗼. Encontramos jergas de la época que aún parecen sobrevivir y es también un 𝗿𝗲𝗴𝗶𝘀𝘁𝗿𝗼 𝗵𝗶𝘀𝘁𝗼́𝗿𝗶𝗰𝗼 𝗱𝗲 𝗻𝘂𝗲𝘀𝘁𝗿𝗮 𝘀𝗼𝗰𝗶𝗲𝗱𝗮𝗱 𝘆 𝗹𝗶𝘁𝗲𝗿𝗮𝘁𝘂𝗿𝗮.

Oswaldo Reynoso tenía 𝟯𝟬 𝗮𝗻̃𝗼𝘀 𝗰𝘂𝗮𝗻𝗱𝗼 𝗽𝘂𝗯𝗹𝗶𝗰𝗼́ 𝗲𝘀𝘁𝗲 𝗹𝗶𝗯𝗿𝗼 𝘆 𝟴𝟱 𝗰𝘂𝗮𝗻𝗱𝗼 𝗠𝗮𝗿𝗶𝗼 𝘆 𝘆𝗼 𝗹𝗼 𝘃𝗶𝗺𝗼𝘀 𝗽𝗲𝘁𝗿𝗶𝗳𝗶𝗰𝗮𝗱𝗼 en ese ataúd. 

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