¡Quรฉ tal, lectores y lectoras! En el miรฉrcoles de Bukowski tenemos una historia muy al estilo del poeta americano. Un bar, una fรฉmina, un hombre y un mensaje que iremos conociendo lรญnea tras lรญnea ¡Disfruta tu lectura!
LA DAMA CALIENTE
Monk entrรณ. Aquello parecรญa mรกs polvoriento y oscuro que los bares de siempre. Se dirigiรณ al extremo mรกs alejado de la barra y se sentรณ junto a una rubia grande que estaba fumaba un cigarrillo y bebรญa una Hamm’s. Cuando Monk se sentรณ, ella se tirรณ un pedo.
—Buenas noches —dijo รฉl—. Me llamo Monk.
—Yo, Mud —dijo ella, lo que revelaba su edad de inmediato.
Cuando Monk se sentรณ, surgiรณ un esqueleto de detrรกs de la barra, donde habรญa estado sentado en un taburete. El esqueleto se acercรณ a Monk. Monk pidiรณ un whisky con hielo y el esqueleto estirรณ los brazos y empezรณ a prepararlo. Derramรณ un poquito de whisky en la barra, pero logrรณ servir lo que habรญa pedido Monk y coger el dinero de este, meterlo en la caja y devolver el cambio justo.
—¿Quรฉ pasa? —preguntรณ Monk a la dama—. ¿Es que aquรญ no pueden permitirse gente del sindicato?
—Quรฉ carajo —dijo la dama—, ese es un truco de Billy. ¿No ves los jodidos cables? Dirige ese chisme con cables. Le parece muy divertido.
—Curioso lugar —dijo Monk—. Apesta a muerte.
—La muerte no apesta —dijo la dama—. Solo lo vivo apesta, solo lo que agoniza, solo lo que se
pudre apesta. La muerte no apesta.
Una araรฑa descendiรณ de pronto entre ellos. Colgรณ de un hilo invisible e hizo un leve giro. Era dorada, en aquella penumbra. Luego, corriรณ de nuevo hilo arriba y desapareciรณ.
—En mi vida habรญa visto una araรฑa en un bar —dijo Monk.
—Vive de las moscas del bar —dijo la dama.
—Dios santo, este sitio estรก lleno de chistes malos.
La dama se tirรณ un pedo.
—Un beso, para ti —dijo.
—Gracias —dijo Monk.
Un borracho, que estaba al otro extremo de la barra, metiรณ dinero en la mรกquina de discos y el esqueleto saliรณ de detrรกs de la barra y caminรณ hasta la dama e hizo una reverencia. La dama se levantรณ y bailรณ con el esqueleto. Dieron vueltas y vueltas. No se veรญa en el bar mรกs gente que la dama, el esqueleto, el borracho y Monk. Era una noche de poco ajetreo. Monk encendiรณ un Pall Mall y siguiรณ bebiendo. Terminรณ la pieza y el esqueleto volviรณ detrรกs de la barra y la dama volviรณ a sentarse al lado de Monk.
—Aรบn recuerdo —dijo la dama— cuando venรญan aquรญ todas las celebridades, Bing Crosby, Amos y Andy, los Tres Chiflados. Este sitio estaba muy bien.
—Me gusta mรกs de esta manera —dijo Monk.
La mรกquina de discos volviรณ a ponerse en marcha.
—¿Le apetece un baile? —preguntรณ la dama.
—¿Por quรฉ no? —dijo Monk.
Se levantaron y empezaron a bailar. La dama llevaba un vestido color lavanda. Olรญa a lilas. Pero era muy gorda y tenรญa la piel anaranjada y la dentadura postiza parecรญa masticar quedamente un ratรณn muerto.
—Este sitio me recuerda a Herbert Hoover —dijo Monk.
—Hoover fue un gran hombre —dijo la dama.
—Mierda —dijo Monk—. Si no hubiera llegado Franky D. nos habrรญamos muerto de hambre.
—Franky D. nos metiรณ en la guerra —dijo la dama.
—Bueno —dijo Monk—, tenรญa que protegernos de las hordas fascistas.
—No me hables de las hordas fascistas —dijo la dama—. Mi hermano muriรณ luchando contra Franco en Espaรฑa.
—¿Brigada Abraham Lincoln? —preguntรณ Monk.
—Brigada Abraham Lincoln —dijo la dama.
Bailaban muy juntos, y de pronto la dama le metiรณ a Monk la lengua en la boca. รl la expulsรณ de un lengรผetazo. La lengua de aquella dama sabรญa a sellos de correos viejos y a ratรณn muerto. Terminรณ la pieza. Volvieron a la barra y se sentaron.
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El esqueleto se acercรณ. Llevaba un vodka con naranjada en una mano. Se plantรณ frente a Monk y le tirรณ el vodka con naranjada por la cara. Luego se fue.
—¿Pero quรฉ le pasa? —preguntรณ Monk.
—Es celosรญsimo —dijo la dama—. Vio que te besaba.
—¿Llamas a eso un beso?
—He besado a algunos de los hombres mรกs grandes de todos los tiempos.
—Me lo imagino… A Napoleรณn, a Enrique VIII y a Julio Cรฉsar…
La mujer pedรณ.
—Un beso para ti —dijo.
—Gracias —dijo Monk.
—Creo que me estoy haciendo vieja —dijo la dama—. Hablamos de prejuicios pero nunca hablamos del prejuicio que tienen todos contra los viejos.
—Sรญ —dijo Monk.
—Pero en realidad no soy vieja —dijo la dama.
—No —dijo Monk.
—Aรบn tengo la regla —dijo la dama.
Monk hizo una seรฑa al esqueleto pidiendo otros dos tragos. La dama pasรณ a tomar tambiรฉn whisky
con hielo. Los dos tomaron lo mismo. El esqueleto volviรณ y se sentรณ.
—Sabes —dijo la dama—, yo estaba allรญ cuando Baby Ruth tenรญa “strikes” y apuntรณ a la pared con el dedo y bateรณ la siguiente pelota por encima de la pared.
—Creรญ que eso era un mito —dijo Monk.
—Ninguna mierda de mito —dijo la dama—. Yo estaba allรญ y lo vi todo.
—Sabes —dijo Monk—, es maravilloso. Es la gente excepcional la que hace girar el mundo. Es como si hicieran los milagros por nosotros, mientras nosotros no hacemos un carajo.
—Sรญ —dijo la dama.
Se sentaron y bebieron. Fuera se oรญa el trรกfico subir y bajar por Hollywood Boulevard. El rumor era persistente, como la marea, como las olas, casi como un ocรฉano; y era un ocรฉano: allรก fuera habรญa tiburones y barracudas y medusas y pulpos y rรฉmoras y ballenas y moluscos y esponjas y lisas, la tira de peces. Allรญ dentro parecรญa mรกs bien una pecera.
—Yo estaba allรญ —dijo la dama— cuando Dempsey estuvo a punto de matar a Willard. Jack salรญa
directo del furgรณn, furioso como un tigre hambriento. Nunca se vio cosa igual, ni antes ni despuรฉs.
—¿Y dices que aรบn tienes la regla?
—Asรญ es —dijo la dama.
—Dicen que Dempsey tenรญa cemento o yeso en los guantes, dicen que los empapรณ en agua y dejรณ
que se endurecieran; que por eso liquidรณ a Willard como lo hizo —dijo Monk.
—Eso es una cochina mentira —dijo la dama—. Yo estaba allรญ, yo vi aquellos guantes.
—Me parece que estรกs loca —dijo Monk.
—Tambiรฉn lo dicen de Juana de Arco —dijo la dama.
—Supongo que viste a Juana de Arco en la hoguera —dijo Monk.
—Yo estaba allรญ —dijo la dama—. Yo lo vi.
—Mentira.
—Ardiรณ. Yo la vi arder. Fue tan horrible y tan bello.
—¿Quรฉ tenรญa de bello?
—Cรณmo ardรญa. Empezรณ por los pies. Era como un nido de serpientes rojas que se le enroscaban en las piernas y subรญan, y luego era como una cortina roja llameante; tenรญa la cara alzada hacรญa arriba, y notabas el olor de la carne quemada y aรบn estaba viva pero no lanzรณ ni un chillido, ni un grito. Movรญa los labios y rezaba, pero no gritรณ.
—Monsergas —dijo Monk—. Cรณmo no iba a gritar.
—No —dijo la dama—. Hay gente que es distinta.
—La carne es carne y el dolor, dolor —dijo Monk.
—Subestimas el espรญritu humano —dijo la dama.
—Sรญ —dijo Monk.
La dama abriรณ el bolso.
—Mira, te voy a enseรฑar algo.
Sacรณ una caja de fรณsforos, encendiรณ uno y extendiรณ la palma de la mano abierta. Puso el fรณsforo debajo de la palma y la dejรณ allรญ hasta que se apagรณ. Brotรณ un aroma dulzรณn a carne quemada.
—Estuvo muy bien —dijo Monk—. Pero no es todo el cuerpo.
—No importa —dijo la dama—. El principio es el mismo.
—No —dijo Monk—. No es lo mismo.
—Cojones —dijo la dama.
Se levantรณ y colocรณ un fรณsforo encendido en el dobladillo de su vestido lavanda. Era una tela fina, como gasa, y las llamas empezaron a lamerle las piernas y empezaron a subirle hacia la cintura.
—¡Dios santo! —dijo Monk—. ¿Pero quรฉ coรฑo haces?
—Demostrarte un principio —dijo la dama.
Las llamas se elevaron mรกs. Monk saltรณ del taburete y derribรณ a la dama. La hizo rodar por el suelo una y otra vez, apagando las llamas del vestido con las manos. Por fin el fuego se extinguiรณ. La dama volviรณ al taburete y se sentรณ. Monk se sentรณ a su lado, temblando. El camarero se acercรณ. Llevaba una camisa blanca limpia, chaleco negro, pajarita, pantalones a rayas azules y blancas.
—Lo siento, Maude —le dijo a la dama—. Pero tienes que irte. Ya has tenido bastante por esta noche.
—Estรก bien, Billy —dijo la dama; vaciรณ su vaso, se levantรณ y se encaminรณ hacia la puerta. Antes de salir, dio las buenas noches al borracho que habรญa al otro extremo de la barra.
—Dios santo —dijo Monk—, esta mujer es demasiado.
—Volviรณ a hacer el nรบmero de Juana de Arco, ¿verdad? —preguntรณ el camarero.
—¡Quรฉ coรฑo! Usted lo vio, ¿no?
—No, yo estaba hablando con Louie —seรฑalรณ al borracho del otro extremo de la barra.
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—Creรญ que usted estaba arriba manejando esos cables.
—¿Quรฉ cables?
—Los cables del esqueleto.
—¿Quรฉ esqueleto? —preguntรณ el camarero.
—Vamos, hombre, no joda conmigo —dijo Monk.
—¿Pero de quรฉ me estรก hablando?
—Habรญa aquรญ sirviendo un esqueleto. Si hasta bailรณ con Maude y todo.
—Oiga, amigo, yo he estado aquรญ toda la noche —dijo el camarero.
—Ya le dije que no joda conmigo.
—No estoy jodiendo —dijo el camarero.
Luego se volviรณ al borracho que estaba al extremo de la barra:
—Oye, Louie, ¿has visto aquรญ un esqueleto?
—¿Un esqueleto? —preguntรณ Louie—. ¿De quรฉ hablas?
—Explรญcale a este individuo que yo he estado aquรญ detrรกs de la barra toda la noche —dijo el
camarero.
—Sรญ, amigo, Billy ha estado aquรญ toda la noche y ninguno de los dos hemos visto ningรบn esqueleto.
—Pรณngame otro whisky con hielo —dijo Monk—. Tengo que salir de aquรญ.
El camarero le sirviรณ el whisky con hielo. Monk se lo bebiรณ y luego saliรณ de allรญ.
FIN
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