Conmovedora carta de un Julio Cortázar agradecido con Jorge Luis Borges

La carta de Julio Cortázar sobre Jorge Luis Borges: admiración entre dos gigantes.

Julio Cortázar y su carta sobre Jorge Luis Borges

¡Qué tal, lectores! Hoy comparto con ustedes un texto breve que reúne a dos autores que me han regalado horas muy felices y entretenidas con sus cuentos: Julio Cortázar y Jorge Luis Borges.

La relación entre estos dos gigantes de la literatura argentina estuvo marcada por la admiración literaria, pese a las diferencias que posteriormente existirían entre ambos. Hay, además, un episodio fundamental en la trayectoria de Cortázar: Borges publicó uno de sus cuentos cuando todavía no se conocían personalmente.

Precisamente ese recuerdo aparece en una extraordinaria carta de Julio Cortázar dirigida a su amigo y editor Francisco Porrúa en noviembre de 1964. En ella, el autor de Rayuela relata un encuentro con Borges en París y deja constancia de la emoción que todavía le producía recordar aquel temprano respaldo literario.

El cuento es por excelencia el relato del futuro de una masa lectora que se resiste a olvidar los libros. Y pocas figuras representan mejor el género que estos dos escritores argentinos. Esta carta nos permite asomarnos, además, a un Cortázar íntimo, emocionado y profundamente agradecido.

¿Qué ocurrió cuando Cortázar volvió a encontrarse con Borges y este recordó espontáneamente que había publicado uno de sus primeros cuentos? ¡Leamos!

Julio Cortázar y Jorge Luis Borges: una relación marcada por la literatura

Hablar de Julio Cortázar y Jorge Luis Borges significa referirse a dos nombres fundamentales de la literatura argentina y latinoamericana del siglo XX. Aunque sus universos narrativos poseen diferencias importantes, ambos encontraron en lo fantástico una extraordinaria herramienta para cuestionar nuestra percepción de la realidad.

Borges desarrolló una literatura caracterizada por la precisión, la erudición y la exploración de temas como los laberintos, el infinito, los espejos, el tiempo y los límites entre realidad y ficción. Cortázar, por su parte, convirtió situaciones aparentemente cotidianas en espacios donde lo extraño podía irrumpir en cualquier momento.

Pero existe un episodio que une especialmente sus trayectorias: Borges publicó a Cortázar antes de conocerlo personalmente.

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Borges publicó «Casa tomada» de Julio Cortázar

Uno de los momentos fundamentales en los primeros años de la carrera literaria de Cortázar ocurrió cuando Jorge Luis Borges publicó «Casa tomada», relato que terminaría convirtiéndose en uno de los cuentos más conocidos del escritor argentino.

El gesto adquirió para Cortázar una importancia especial porque Borges decidió publicar su trabajo por su valor literario, sin que existiera previamente una relación personal entre ambos.

La anécdota quedó profundamente grabada en la memoria de Cortázar. Muchos años después todavía recordaba aquella publicación con gratitud, tal como demuestra la carta que escribió a Francisco Porrúa en 1964.

Hay incluso un detalle que reaparece durante el encuentro narrado en la carta: Norah Borges, hermana de Jorge Luis Borges, había realizado ilustraciones para aquel cuento.

La admiración de Julio Cortázar por Jorge Luis Borges

La relación intelectual entre ambos escritores resulta especialmente interesante porque permite separar dos dimensiones que no necesariamente tienen que coincidir: las ideas políticas y la valoración de una obra literaria.

Cortázar admiraba profundamente la importancia literaria de Borges. La carta que leeremos a continuación resulta reveladora precisamente porque no presenta una reflexión académica ni una evaluación distante de su obra. Encontramos a un Cortázar espontáneo que cuenta a un amigo cuánto lo emocionó encontrarse con el escritor que había confiado tempranamente en su literatura.

La frase «yo estaba hecho un pañuelo» resume extraordinariamente ese estado emocional.

También resulta significativo el final del texto. Cortázar menciona las declaraciones políticas que los periodistas intentaban obtener de Borges, pero inmediatamente relativiza su importancia. En ese momento, lo que parece interesarle verdaderamente es otra cosa: Borges como escritor.

Ahora sí, te dejo con esta breve pero íntima manifestación del escritor de Rayuela.

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La conmovedora carta de Julio Cortázar sobre Jorge Luis Borges

Che, espero humildemente que no sea un acto fallido, pero en la nómina me comí a Borges. Oh, no creo que sea un acto fallido, porque no te podés imaginar cómo se me llena el corazón de azúcar y de agua florida y de campanitas, cuando, al cruzar el hall de la Unesco con Aurora para ir a tomarnos un café a la hora en que está terminantemente prohibido y por lo tanto es muchísimo más sabroso, lo vimos a Borges con María Elena Vázquez, muy sentaditos en un sillón, probablemente esperando a Caillois.

Cuando me di cuenta, cuando reaccioné, ya nos estábamos abrazando con un afecto que me dejó sin habla. Mirá, fue algo maravilloso. Borges me apretó fuerte, ahí nomás me dijo: “Ah, Cortázar, a lo mejor, ¿no?, usted se acuerda, ¿no?, que yo le publiqué cosas suyas en aquella revista, ¿no? ¿Cómo se llamaba la revista, che, cómo se llamaba?”. Yo casi no podía hablar, porque el grado de idiotez a que llego en momentos así es casi sobrenatural, pero me emocionó tanto que se acordara con un orgullo de chico de esa labor de pionero que había hecho conmigo. Entonces le recordé a mi vez todo lo que eso había significado para mí, sobre todo porque él me había publicado sin conocerme personalmente, lo que le daba muchísimo más valor a la cosa. Y entonces Borges dijo: “Ah, sí, claro… Y usted a lo mejor se acuerda, ¿no?, que mi hermana Norah le hizo unos dibujos muy preciosos, ¿no?”.

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En fin, che, yo estaba hecho un pañuelo. Después lo escuchamos a Borges en su conferencia sobre literatura fantástica, dicha en un francés excelente, y a los días vino a la Unesco y les rajó una charla sobre Shakespeare que los dejó a todos mirando estrellas verdes. La chica Vázquez me arrancó la lectura de dos cuentos para una emisión de Radio Municipal, y se fueron a España. Por supuesto, los periodistas se ingeniaron como siempre para hacerle decir a Borges cuatro pavadas sobre política, pero qué poco importa, o en todo caso, qué poco me importa.

Carta a Francisco Porrúa.

París, 30 noviembre 1964

¿Qué revela esta carta sobre Cortázar y Borges?

Más allá de su valor anecdótico, la carta de Julio Cortázar sobre Jorge Luis Borges permite comprender mejor la relación literaria entre ambos autores. Hay por lo menos tres aspectos especialmente interesantes.

1. Cortázar no olvidó el apoyo de Borges

Lo primero que llama la atención es la importancia que Cortázar concede a aquel gesto ocurrido muchos años atrás. Que Borges hubiese publicado su obra sin conocerlo personalmente aumentaba, desde su perspectiva, el valor del reconocimiento.

No se trataba de un favor entre amigos. Borges había leído a aquel escritor todavía joven y había encontrado en su trabajo algo que merecía llegar a los lectores.

2. Borges también recordaba aquel episodio

Probablemente esta sea una de las partes más entrañables de la carta. Cortázar descubre que Borges no solamente lo reconoce, sino que recuerda aquella publicación e incluso las ilustraciones realizadas por su hermana Norah.

Ese detalle explica la reacción de Cortázar. El encuentro deja momentáneamente de ser el de dos escritores célebres y parece convertirse en el reencuentro entre un autor y alguien que había confiado en su literatura muchos años antes.

3. La literatura estaba por encima de sus diferencias

La última parte de la carta resulta igualmente reveladora. Cortázar reconoce el talento de Borges como conferencista, celebra su dominio del francés y recuerda su intervención sobre Shakespeare.

Cuando aparecen las diferencias políticas, Cortázar las aparta momentáneamente del centro de la escena con una frase categórica: «qué poco importa, o en todo caso, qué poco me importa».

En esta carta importa Borges escritor. Y quizá por eso el documento continúa resultando tan atractivo décadas después.

Dos maestros del cuento unidos por «Casa tomada»

Hay algo especialmente simbólico en que uno de los vínculos más recordados entre Borges y Cortázar esté relacionado precisamente con un cuento.

Los dos escritores contribuyeron de manera decisiva a transformar la narrativa breve en lengua española. Borges lo hizo construyendo relatos capaces de condensar problemas filosóficos, metafísicos y literarios en unas pocas páginas. Cortázar exploró las grietas de la cotidianidad y convirtió lo fantástico en una presencia que podía aparecer detrás de una puerta, en un viaje, en una casa o incluso durante una lectura.

«Casa tomada» terminaría ocupando un lugar privilegiado dentro de la narrativa de Cortázar. Saber que Borges estuvo relacionado con su aparición pública añade una dimensión especialmente interesante a la historia de ambos escritores.

¿Por qué sigue emocionando esta carta de Julio Cortázar?

Porque detrás de dos apellidos gigantes de la literatura aparecen simplemente dos escritores.

Estamos acostumbrados a estudiar a Julio Cortázar y Jorge Luis Borges como integrantes del canon literario, autores de obras analizadas en universidades y protagonistas inevitables de la historia de la literatura latinoamericana. Sin embargo, documentos como esta carta eliminan por unos instantes esa distancia.

Cortázar aparece emocionado porque Borges recuerda haberlo publicado. Borges aparece orgulloso de haber reconocido tempranamente su talento. Y entre ambos surge una escena de enorme humanidad.

Quizá esa sea la verdadera belleza de esta carta: nos recuerda que detrás de las grandes obras también existen lecturas, encuentros, agradecimientos y escritores capaces de emocionarse ante la admiración de otro escritor.

Preguntas frecuentes sobre Julio Cortázar y Jorge Luis Borges

¿Jorge Luis Borges publicó a Julio Cortázar?

Sí. Borges publicó «Casa tomada», uno de los cuentos más célebres de Julio Cortázar. Este episodio fue especialmente importante para Cortázar porque Borges había decidido publicar su trabajo sin conocerlo personalmente.

¿Qué pensaba Julio Cortázar de Jorge Luis Borges?

Cortázar manifestó una profunda admiración por la obra literaria de Borges. Aunque posteriormente existieron importantes diferencias ideológicas entre ambos escritores, Cortázar continuó reconociendo la enorme dimensión literaria del autor de Ficciones.

¿A quién estaba dirigida esta carta de Julio Cortázar?

La carta estaba dirigida a Francisco Porrúa, figura estrechamente vinculada al mundo editorial latinoamericano y a la trayectoria literaria de Cortázar. Fue escrita en París el 30 de noviembre de 1964.

¿Por qué Cortázar se emocionó al encontrarse con Borges?

Porque Borges recordó espontáneamente que años atrás había publicado textos suyos sin conocerlo personalmente. Para Cortázar, aquel gesto había tenido una enorme importancia en sus primeros años como escritor.

¿Qué relación existe entre Borges y «Casa tomada»?

Borges estuvo relacionado con una de las primeras publicaciones de «Casa tomada», cuento que posteriormente se convertiría en uno de los relatos más conocidos de Julio Cortázar. Además, Norah Borges realizó ilustraciones para aquella publicación.

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Cortázar y Borges: un encuentro para la historia de la literatura

Esta breve carta de Julio Cortázar sobre Jorge Luis Borges termina diciendo mucho más de lo que aparentemente cuenta. No solo registra el encuentro de dos figuras fundamentales de las letras argentinas: conserva la gratitud de un escritor hacia otro que supo reconocer su talento cuando todavía estaba construyendo su camino.

Décadas después, Borges y Cortázar continúan encontrándose cada vez que un lector pasa de Ficciones a Bestiario, de «El Aleph» a «Casa tomada» o de los laberintos borgianos a los juegos narrativos cortazarianos.

Y quizá haya algo especialmente hermoso en descubrir que, detrás de esa historia literaria, también existió un abrazo que dejó a Cortázar —como él mismo escribió— «hecho un pañuelo».

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Mar de fondo

𝐵𝑟𝑦𝑎𝑛 𝑉𝑖𝑙𝑙𝑎𝑐𝑟𝑒𝑧 (Lima, 1990) Director del Blog de Mar de fondo. Estudié Comunicaciones, Sociología y soy autor del libro "Las vidas que tomé prestadas". Amante de los cuentos, cartas, diarios y novelas. Convencido de que "𝑈𝑛 𝑑𝑖́𝑎 𝑙𝑒𝑖́𝑑𝑜 𝑛𝑜 𝑒𝑠 𝑢𝑛 𝑑𝑖́𝑎 𝑝𝑒𝑟𝑑𝑖𝑑𝑜."

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