El camaleón, cuento completo de Antón Chéjov y análisis literario

"El camaleón" de Antón Chéjov: un cuento breve, irónico y vigente sobre el poder y la hipocresía.

Ilustración de perro en paisaje invernal relacionada con El camaleón de Chéjov
El Camaleón, de Antón Chéjov

¡Hola, lectores! 😀 Hoy te traigo uno de esos relatos breves que, sin hacer ruido, te deja pensando más de lo que esperabas. Antón Chéjov, uno de los grandes maestros del cuento moderno, fue un escritor ruso capaz de capturar con precisión quirúrgica las contradicciones humanas. Médico de profesión y observador agudo de la sociedad, su obra se caracteriza por el humor sutil, la ironía y una profunda crítica social.

“El camaleón” es un ejemplo perfecto de su talento: un relato corto, aparentemente sencillo, pero cargado de significado. A través de una situación cotidiana —un perro que muerde a un hombre—, Chéjov nos muestra cómo el poder puede moldear la conducta humana. Es un cuento que provoca una sonrisa… pero también incomoda.

Leerlo hoy sigue siendo necesario. Porque, aunque fue escrito en el siglo XIX, su crítica a la autoridad, la hipocresía y la adaptación oportunista sigue tan vigente como siempre. Prepárate para una historia breve, ágil y profundamente reveladora.

¿De qué trata “El camaleón” de Antón Chéjov?

El cuento narra un incidente en una plaza: un perro ha mordido a un hombre y el inspector de policía Ochumélov interviene para imponer orden. Sin embargo, lo que empieza como un acto de autoridad pronto se transforma en una escena absurda, donde la reacción del inspector cambia constantemente según quién podría ser el dueño del perro.

Si el animal pertenece a alguien poderoso, la culpa desaparece. Si es de nadie, merece castigo. Así, el protagonista va modificando su discurso una y otra vez, revelando una actitud oportunista que da nombre al cuento: como un camaleón, cambia de color según le conviene.

Lectura completa del cuento

EL CAMALEÓN

El inspector de policía Ochumélov, con su capote nuevo y un hatillo en la mano, cruza la plaza del mercado. Tras él camina un municipal pelirrojo con un cedazo lleno de grosellas decomisadas. En torno reina el silencio… En la plaza no hay ni un alma… Las puertas abiertas de las tiendas y tabernas miran el mundo melancólicamente, como fauces hambrientas; en sus inmediaciones no hay ni siquiera mendigos.

-¿A quién muerdes, maldito? -oye de pronto Ochumélov-. ¡No lo dejen salir, muchachos! ¡Ahora no está permitido morder! ¡Sujétalo! ¡Ah… ah!

Se oye el chillido de un perro. Ochumélov vuelve la vista y ve que del almacén de leña de Pichuguin, saltando sobre tres patas y mirando a un lado y a otro, sale corriendo un perro. Lo persigue un hombre con camisa de percal almidonada y el chaleco desabrochado. Corre tras el perro con todo el cuerpo inclinado hacia delante, cae y agarra al animal por las patas traseras. Se oye un nuevo chillido y otro grito: «¡No lo dejes escapar!» Caras soñolientas aparecen en las puertas de las tiendas y pronto, junto al almacén de leña, como si hubiera brotado del suelo, se apiña la gente.

-¡Se ha producido un desorden, señoría!… -dice el municipal.

Ochumélov da media vuelta a la izquierda y se dirige hacia el grupo. En la misma puerta del almacén de leña ve al hombre antes descrito, con el chaleco desabrochado, quien ya de pie levanta la mano derecha y muestra un dedo ensangrentado. En su cara de alcohólico parece leerse: «¡Te voy a despellejar, granuja!»; el mismo dedo es como una bandera de victoria. Ochumélov reconoce en él al orfebre Jriukin. En el centro del grupo, extendidas las patas delanteras y temblando, está sentado en el suelo el culpable del escándalo, un blanco cachorro de galgo de afilado hocico y una mancha amarilla en el lomo. Sus ojos lacrimosos tienen una expresión de angustia y pavor.

-¿Qué ha ocurrido? -pregunta Ochumélov, abriéndose paso entre la gente-. ¿Qué es esto? ¿Qué haces tú ahí con el dedo?… ¿Quién ha gritado?

-Yo no me he metido con nadie, señoría… -empieza Jriukin, y carraspea, tapándose la boca con la mano-. Venía a hablar con Mitri Mítrich, y este maldito perro, sin más ni más, me ha mordido el dedo… Perdóneme, yo soy un hombre que se gana la vida con su trabajo… Es una labor muy delicada. Que me paguen, porque puede que esté una semana sin poder mover el dedo… En ninguna ley está escrito, señoría, que haya que sufrir por culpa de los animales… Si todos empiezan a morder, sería mejor morirse…

-¡Hum!… Ayúdame a ponerme el capote, Eldirin… Parece que ha refrescado… Siento escalofríos… Llévaselo al general y pregunta allí. Di que lo he encontrado y que se lo mando… Y di que no lo dejen salir a la calle… Puede ser un perro de precio, y si cualquier cerdo le acerca el cigarro al morro, no tardarán en echarlo a perder. El perro es un animal delicado… Y tú, imbécil, baja la mano. ¡Ya está bien de mostrarnos tu estúpido dedo! ¡Tú mismo tienes la culpa!…

TE RECOMIENDO, LECTOR: "Ana al cuello", cuento de Antón Chéjov


-Por ahí va el cocinero del general; le preguntaremos… ¡Eh, Prójor! ¡Acércate, amigo! Mira este perro… ¿Es de ustedes?

-¡Qué ocurrencias! ¡Jamás ha habido perros como éste en nuestra casa!

-¡Basta de preguntas! -dice Ochumélov-. Es un perro vagabundo. No hay razón para perder el tiempo en conversaciones… Si yo he dicho que es un perro vagabundo, es un perro vagabundo… Hay que matarlo y se acabó.

-No es nuestro -sigue Prójor-. Es del hermano del general, que vino hace unos días. A mi amo no le gustan los galgos. A su hermano…

-¿Es que ha venido su hermano? ¿Vladímir Ivánich? -pregunta Ochumélov, y todo su rostro se ilumina con una sonrisa de ternura-. ¡Vaya por Dios! No me había enterado. ¿Ha venido de visita?

-Sí…

-Vaya… Echaba de menos a su hermano… Y yo sin saberlo. ¿Así que el perro es suyo? Lo celebro mucho… Llévatelo… El perro no está mal… Es muy vivo… ¡Le ha mordido el dedo a éste! Ja, ja, ja… Ea, ¿por qué tiemblas? Rrrr… Rrrr… Se ha enfadado, el muy pillo… Vaya con el perrito…

Prójor llama al animal y se aleja con él del almacén de leña… La gente se ríe de Jriukin.

-¡Ya nos veremos las caras! -le amenaza Ochumélov, y, envolviéndose en el capote, sigue su camino por la plaza del mercado.

FIN

Análisis literario de El Camaleón

Temas principales

  • La hipocresía social.
  • El abuso y la sumisión ante el poder.
  • La justicia manipulable.
  • El oportunismo humano.

Personajes (función simbólica)

  • Ochumélov: Representa la autoridad corruptible y cambiante.
  • Jriukin: Simboliza al ciudadano común que busca aprovechar la situación.
  • El perro: Víctima inocente del sistema y símbolo de lo indefenso.
  • La multitud: Refleja la sociedad que observa, juzga y se adapta.

Estilo y contexto

Chéjov utiliza un estilo directo, con diálogos ágiles y un humor irónico que expone la realidad sin necesidad de exageraciones. El cuento se sitúa en la Rusia zarista, donde las jerarquías sociales eran rígidas, pero su crítica trasciende el contexto histórico. La brevedad del relato es clave: en pocas páginas, el autor construye una escena completa que revela la fragilidad de la ética cuando entra en juego el poder.

¿Por qué leerlo hoy?

“El camaleón” sigue siendo un espejo incómodo. Nos muestra cómo muchas veces las personas cambian de postura según la conveniencia, especialmente frente a figuras de poder. En tiempos donde la opinión pública y la autoridad siguen en tensión, este cuento cobra una relevancia sorprendente.

Además, es ideal si buscas una lectura breve pero significativa. En pocos minutos, Chéjov logra lo que muchos textos extensos no consiguen: hacerte reflexionar.

Recomendaciones (enlazado interno)

Para cerrar

Este cuento puede sacarte una sonrisa… pero también dejarte con una sensación incómoda. Y ahí está su fuerza. Cuéntame en los comentarios: ¿crees que Ochumélov sigue existiendo hoy?

Y si disfrutas este tipo de lecturas, te invito a unirte al canal de WhatsApp de Mar de fondo para recibir más contenido literario como este. 

AVISO LEGAL: Los cuentos, poemas y fragmentos publicados pueden estar protegidos por derechos de autor. Si algún propietario desea su retiro, puede escribirnos y procederemos de inmediato.

Mar de fondo

𝐵𝑟𝑦𝑎𝑛 𝑉𝑖𝑙𝑙𝑎𝑐𝑟𝑒𝑧 (Lima, 1990) Director del Blog de Mar de fondo. Estudié Comunicaciones, Sociología y soy autor del libro "Las vidas que tomé prestadas". Amante de los cuentos, cartas, diarios y novelas. Convencido de que "𝑈𝑛 𝑑𝑖́𝑎 𝑙𝑒𝑖́𝑑𝑜 𝑛𝑜 𝑒𝑠 𝑢𝑛 𝑑𝑖́𝑎 𝑝𝑒𝑟𝑑𝑖𝑑𝑜."

Publicar un comentario

Artículo Anterior Artículo Siguiente