En esta selección reunimos 22 poemas de Antonio Machado que invitan a reflexionar, detenernos y mirar la vida con mayor hondura. Desde versos breves hasta composiciones más extensas, estos textos forman parte del legado de uno de los grandes poetas de la literatura española.
Poemas de Antonio Machado: por qué su poesía sigue iluminando la vida
Leer a Machado no es solo un ejercicio literario: es una experiencia humana. Sus poemas abordan el paso del tiempo, la identidad, la memoria, el amor y la España profunda con una sencillez que conmueve.
¿Quién fue Antonio Machado?
Antonio Machado nació en Sevilla en 1875 y fue una de las figuras más representativas de la Generación del 98. Su obra poética se caracteriza por un lenguaje claro, reflexivo y profundamente humano.
Antonio Machado y la Generación del 98
Formó parte del grupo de intelectuales que reflexionaron sobre la identidad de España tras la crisis de finales del siglo XIX.
Exilio y últimos años
Durante la Guerra Civil Española, Machado se vio obligado a exiliarse. Murió en Collioure, Francia, en 1939.
Principales obras de Antonio Machado
- Soledades (1903)
- Soledades. Galerías. Otros poemas (1907)
- Campos de Castilla (1912)
Antonio Machado y el teatro
Junto a su hermano Manuel Machado escribió varias obras teatrales representadas en Madrid durante los años veinte.
Los 22 poemas de Antonio Machado para amar la vida
- Proverbios y cantares
- Los sueños
- Anoche cuando dormía
- Abril florecía
- Inventario galante
- Canciones a Guiomar
- Consejos
- La Saeta
- Noche de verano
- Amanecer de otoño
- Españolito que vienes al mundo
- Retrato
- Cante hondo
- Desnuda está la tierra
- La luna, la sombra y el bufón
- Mariposa de la sierra
- Poema de un día
- Los olivos
- Yo voy soñando caminos
- Jardín
- Horizonte
- El loco
Poemas completos de Antonio Machado
XXIXCaminante, son tus huellasel camino, y nada más;caminante, no hay camino:se hace camino al andar.Al andar se hace camino,y al volver la vista atrásse ve la senda que nuncase ha de volver a pisar.Caminante, no hay camino,sino estelas en la mar.XXX«El que espera desespera»,dice la voz popular.¡Qué verdad tan verdadera!La verdad es lo que es,y sigue siendo verdadaunque se piense al revés.XXXICorazón, ayer sonoro,¿ya no suenatu monedilla de oro?Tu alcancía,antes que el tiempo la rompa,¿se irá quedando vacía?Confiemosen que no será verdadnada de lo que sabemos.
El hada más hermosa ha sonreídoal ver la lumbre de una estrella pálida,que en hilo suave, blanco y silenciosose enrosca al huso de su rubia hermana.Y vuelve a sonreír porque en su ruecael hilo de los campos se enmaraña.Tras la tenue cortina de la alcobaestá el jardín envuelto en luz dorada.La cuna, casi en sombra. El niño duerme.Dos hadas laboriosas lo acompañan,hilando de los sueños los sutilescopos en ruecas de marfil y plata.
Anoche cuando dormía (poema de Antonio Machado)
Anoche cuando dormíasoñé ¡bendita ilusión!que una fontana fluíadentro de mi corazón.Dí: ¿por qué acequia escondida,agua, vienes hasta mí,manantial de nueva vidaen donde nunca bebí?Anoche cuando dormíasoñé ¡bendita ilusión!que una colmena teníadentro de mi corazón;y las doradas abejasiban fabricando en él,con las amarguras viejas,blanca cera y dulce miel.Anoche cuando dormíasoñé ¡bendita ilusión!que un ardiente sol lucíadentro de mi corazón.Era ardiente porque dabacalores de rojo hogar,y era sol porque alumbrabay porque hacía llorar.Anoche cuando dormíasoñé ¡bendita ilusión!que era Dios lo que teníadentro de mi corazón.
Abril florecíafrente a mi ventana.Entre los jazminesy las rosas blancasde un balcón floridovi las dos hermanas.La menor cosía;la mayor hilaba...Entre los jazminesy las rosas blancas,la más pequeñita,risueña y rosada—su aguja en el aire—,miró a mi ventana.La mayor seguía,silenciosa y pálida,el huso en su ruecaque el lino enroscaba.Abril florecíafrente a mi ventana.Una clara tardela mayor llorabaentre los jazminesy las rosas blancas,y ante el blanco linoque en su rueca hilaba.—¿Qué tienes—le dije—,silenciosa pálida?Señaló el vestidoque empezó la hermana.En la negra túnicala aguja brillaba;sobre el blanco velo,el dedal de plata.Señaló la tardede abril que soñaba,mientras que se oíatañer de campanas.Y en la clara tardeme enseñó sus lágrimas...Abril florecíaFrente a mi ventana.Fue otro abril alegrey otra tarde plácida.El balcón floridosolitario estaba...Ni la pequeñitarisueña y rosada,ni la hermana triste,silenciosa y pálida,ni la negra túnica,ni la toca blanca...Tan sólo en el husoel lino girabapor mano invisible,y en la oscura salala luna del limpioespejo brillaba...Entre los jazminesy las rosas blancasdel balcón floridome miré en la claraluna del espejoque lejos soñaba...Abril florecíafrente a mí ventana.
Tus ojos me recuerdanlas noches de veranonegras noches sin luna,orilla al mar salado,y el chispear de estrellasdel cielo negro y bajo.Tus ojos me recuerdanlas noches de verano.Y tu morena carne,los trigos requemados,y el suspirar de fuegode los maduros campos.Tu hermana es clara y débilcomo los juncos lánguidos,como los sauces tristes,como los linos glaucos.Tu hermana es un luceroen el azul lejano...Y es alba y aura fríasobre los pobres álamosque en las orillas tiemblandel río humilde y manso.Tu hermana es un luceroen el azul lejano.De tu morena gracia,de tu soñar gitano,de tu mirar de sombraquiero llenar mi vaso.Me embriagaré una nochede cielo negro y bajo,para cantar contigo,orilla al mar salado,una canción que dejecenizas en los labios...De tu mirar de sombraquiero llenar mi vaso.Para tu linda hermanaarrancaré los ramosde florecillas nuevasa los almendros blancos,en un tranquilo y tristealborear de marzo.Los regaré con aguade los arroyos claros,los ataré con verdesjunquillos del remanso...Para tu linda hermanayo haré un ramito blanco.
INo sabíasi era un limón amarillolo que tu mano tenía,o el hilo de un claro día,Guiomar, en dorado ovillo.Tu boca me sonreía.Yo pregunté: ¿Qué me ofreces?¿Tiempo en fruto, que tu manoeligió entre madurecesde tu huerta?¿Tiempo vanode una bella tarde yerta?¿Dorada esencia encantada?¿Copla en el agua dormida?¿De monte en monte encendida,la alboradaverdadera?¿Rompe en sus turbios espejosamor la devanaderade sus crepúsculos viejos?IIEn un jardín te he soñado,alto, Guiomar sobre el río,jardín de un tiempo cerradocon verjas de hierro frío.Un ave insólita cantaen el almez, dulcemente,junto al agua viva y santa,toda sed y toda fuente.En ese jardín, Guiomar,el mutuo jardín que inventandos corazones al par,se funden y complementannuestras horas. Los racimosde un sueño -juntos estamos-en limpia copa exprimimos,y el doble cuento olvidamos.(Uno: Mujer y varón,aunque gacela y león,llegan juntos a beber.El otro: No puede seramor de tanta fortuna:dos soledades en una,ni aun de varón y mujer.)*Por ti la mar ensaya olas y espumas,y el iris, sobre el monte, otros colores,y el faisán de la aurora canto y plumas,y el búho de Minerva ojos mayores.Por ti, ¡oh Guiomar!...IIITu poetapiensa en ti. La lejaníaes de limón y violeta,verde el campo todavíaConmigo vienes Guiomar;nos sorbe la serranía.De encinar en encinarse va fatigando el día.El tren devora y devoradía y riel. La retamapasa en sombra; se desdorael oro del Guadarrama.Porque una diosa y su amantehuyen juntos, jadente,los sigue la luna llena.El tren se esconde y resuenadentro de un monte gigante.Campos yermos, cielo alto.Tras los montes de granitoy otros monte de basalto,ya es la mar y el infinito.Juntos vamos; libres somos.Aunque el Dios, como en el cuentofiero rey, cabalgue a lomosdel mejor corcel del viento,aunque nos jure violento,su venganza,aunque ensille el pensamiento,libre amor, nadie lo alcanza.*Hoy te escribo en mi celda de viajero,a la hora de una cita imaginaria.Rompe el iris al aire el aguacero,y al monte su tristeza planetaria.Sol y campanas en la vieja torre.¡Oh tarde viva y quietaque opuso al ''panta rhei'' su ''nada corre'',tarde niña que amaba a su poeta!¡Y día adolescente-ojos claros y músculos morenos-,cuando pensaste a amor, junto a la fuente,besar tus labios y apresar tus senos!Todo a esta luz de abril se transparenta;todo en el hoy de ayer, el Todavíaque en sus maduras horasel tiempo canta y cuenta,se funde en una sola melodía,que es un coro de tardes y de auroras.A ti, Guiomar, esta nostalgia mía.
IEste amor que quiere seracaso pronto será;pero ¿cuándo ha de volverlo que acaba de pasar?Hoy dista mucho de ayer.¡Ayer es Nunca jamás!IIMoneda que está en la manoquizá se deba guardar:la monedita del almase pierde si no se da.
¿Quién me presta una escalera,para subir al maderopara quitarle los clavosa Jesús el Nazareno?Saeta popular¡Oh la saeta, el cantaral Cristo de los gitanos,siempre con sangre en las manossiempre por desenclavar!¡Cantar del pueblo andaluzque todas las primaverasanda pidiendo escaleraspara subir a la cruz!¡Cantar de la tierra mía,que echa floresal Jesús de la agonía,y es la fe de mis mayores!¡Oh, no eres tú mi cantar!¡No puedo cantar, ni quiero,a ese Jesús del madero,sino al que anduvo en el mar!
Es una hermosa noche de verano.Tienen las altas casasabiertos los balconesdel viejo pueblo a la anchurosa plaza.En el amplio rectángulo desierto,bancos de piedra, evónimos y acaciassimétricos dibujansus negras sombras en la arena blanca.En el cénit, la luna, y en la torre,la esfera del reloj iluminada.Yo en este viejo pueblo paseandosolo, como un fantasma.
Una larga carreteraentre grises peñascales,y alguna humilde praderadonde pacen negros toros. Zarzas, malezas,jarales.Está la tierra mojadapor las gotas del rocío,y la alameda dorada,hacia la curva del río.Tras los montes de violetaquebrado el primer albor:a la espalda la escopeta,entre sus galgos agudos, caminando un cazador.
Ya hay un español que quierevivir y a vivir empieza,entre una España que muerey otra España que bosteza.Españolito que vienesal mundo te guarde Dios.una de las dos Españasha de helarte el corazón.Retrato (poema de Antonio Machado)Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevillay un huerto claro donde madura el limonero;mi juventud, veinte años en tierra de Castilla;mi historia, algunos casos que recordar no quiero.Ni un seductor Mañara ni un Bradomín he sido—ya conocéis mi torpe aliño indumentario—;mas recibí la flecha que me asignó Cupidoy amé cuanto ellas pueden tener de hospitalario.Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,pero mi verso brota de manantial sereno;y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.Adoro la hermosura, y en la moderna estéticacorté las viejas rosas del huerto de Ronsard;mas no amo los afeites de la actual cosméticani soy un ave de esas del nuevo gay-trinar.Desdeño las romanzas de los tenores huecosy el coro de los grillos que cantan a la luna.A distinguir me paro las voces de los ecos,y escucho solamente, entre las voces, una.¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisierami verso como deja el capitán su espada:famosa por la mano viril que la blandiera,no por el docto oficio del forjador preciada.Converso con el hombre que siempre va conmigo—quien habla solo espera hablar a Dios un día—;mi soliloquio es plática con este buen amigoque me enseñó el secreto de la filantropía.Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.A mi trabajo acudo, con mi dinero pagoel traje que me cubre y la mansión que habito,el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.Y cuando llegue el día del último viajey esté a partir la nave que nunca ha de tornar,me encontraréis a bordo ligero de equipaje,casi desnudo, como los hijos de la mar.
Yo meditaba absorto, devanandolos hilos del hastío y la tristeza,cuando llegó a mi oído,por la ventana de mi estancia, abiertaa una caliente noche de verano,el plañir de una copia soñolienta,quebrada por los trémolos sombríosde las músicas magas de mi tierra.... Y era el Amor, como una roja llama...¿Nerviosa mano en la vibrante cuerdaponía un largo suspirar de oroque se trocaba en surtidor de estrellas?... Y era la Muerte, al hombro la cuchilla,el paso largo, torva y esquelética.¿Tal cuando yo era niño la soñaba?Y en la guitarra, resonante y trémula,la brusca mano, al golpear, fingíael reposar de un ataúd en tierra.Y era un plañido solitario el soploque el polvo barre y la ceniza avienta.Desnuda está la tierra (poema de Antonio Machado)Desnuda está la tierra,y el alma aúlla al horizonte pálidocomo lobo famélica. ¿Qué buscas,poeta, en el ocaso?Amargo caminar, porque el caminopesa en el corazón. ¡El viento helado,y la noche que llega, y la amargurade la distancia!... En el camino blancoalgunos yertos árboles negrean;en los montes lejanos hay oros y sangre... El sol murió...¿Qué buscas, poeta, en el ocaso?
¿No eres tú mariposael alma de estas tierras solitariasde sus barrancos hondosy de sus cumbres agrias?Para que tú nacierascon su barita mágicaa las tormentas de la piedra, un día,mandó callar un hada,y encadenó los montes,para que tú volaras.Anaranjada y negramorenita y dorada,mariposa montés, sobre el romeroplegadas las alillas o, voltarias,jugando con el solcrucificadas.¡Mariposa montés y campesinamariposa serrana,nadie ha pintando tu color; tú vivestu color y tus alasen el aire, en el sol, sobre el romero,tan libre, tan salada!….Que Juan Ramón Jiménezpulse por ti su lira franciscana.Dedicado a Juan Ramón Jimenez por su libro Platero y yo
Heme aquí ya, profesorde lenguas vivas (ayermaestro de gay-saber,aprendiz de ruiseñor),en un pueblo húmedo y frío,destartalado y sombrío,entre andaluz y manchego.Invierno. Cerca del fuego.Fuera llueve un agua fina,que ora se trueca en neblina,ora se torna aguanieve.Fantástico labrador,pienso en los campos.¡Señorqué bien haces! Llueve, lluevetu agua constante y menudasobre alcaceles y habares,tu agua muda,en viñedos y olivares.Te bendecirán conmigolos sembradores del trigo;los que viven de cogerla aceituna;los que esperan la fortunade comer;los que hogaño,como antaño,tienen toda su monedaen la rueda,traidora rueda del año.¡Llueve, llueve; tu neblinaque se torne en aguanieve,y otra vez en agua fina!¡Llueve, Señor, llueve, llueve!En mi estancia, iluminadapor esta luz invernal—la tarde gris tamizadapor la lluvia y el cristal—,sueño y medito.Clareael reloj arrinconado,y su tic—tic, olvidadopor repetido, golpea.Tic—tic, tic—tic... Ya te he oído.Tic—tic, tic—tic... Siempre igual,monótono y aburrido.Tic—tic, tic—tic, el latidode un corazón de metal.En estos pueblos, ¿se escuchael latir del tiempo? No.En estos pueblos se luchasin tregua con el reló,con esa monotoníaque mide un tiempo vacío.Pero ¿tu hora es la mía?¿Tu tiempo, reloj, el mío?(Tic—tic, tic—tic...) Era un día(Tic—tic, tic—tic) que pasó,y lo que yo más queríala muerte se lo llevó.Lejos suena un clamoreode campanas...Arrecia el repiqueteode la lluvia en las ventanas.Fantástico labrador,vuelvo a mis campos. ¡Señor,cuánto te bendeciránlos sembradores del pan!Señor, ¿no es tu lluvia ley,en los campos que ara el buey,y en los palacios del rey?¡Oh, agua buena, deja vidaen tu huida!¡Oh, tú, que vas gota a gota,fuente a fuente y río a río,como este tiempo de hastíocorriendo a la mar remota,en cuanto quiere nacer,cuanto esperafloreceral sol de la primavera,sé piadosa,que mañanaserás espiga temprana,prado verde, carne rosa,y más: razón y locuray amargurade querer y no podercreer, creer y creer!Anochece;el hilo de la bombillase enrojece,luego brilla,resplandecepoco más que una cerilla.Dios sabe dónde andaránmis gafas... entre librotesrevistas y papelotes,¿quién las encuentra?... Aquí están.Libros nuevos. Abro unode Unamuno.¡Oh, el dilecto,predilectode esta España que se agita,porque nace o resucita!Siempre te ha sido, ¡oh Rectorde Salamanca!, lealeste humilde profesorde un instituto rural.Esa tu filosofíaque llamas diletantesca,voltaria y funambulesca,gran don Miguel, es la mía.Agua del buen manantial,siempre viva,fugitiva;poesía, cosa cordial.¿Constructora?—No hay cimientoni en el alma ni en el viento—.Bogadora,marinera,hacia la mar sin ribera.Enrique Bergson: Los datosinmediatosde la conciencia. ¿Esto esotro embeleco francés?Este Bergson es un tuno;¿verdad, maestro Unamuno?Bergson no da como aquelImmanuelel volatín inmortal;este endiablado judíoha hallado el libre albedríodentro de su mechinal.No está mal;cada sabio, su problema,y cada loco, su tema.Algo importaque en la vida mala y cortaque llevamoslibres o siervos seamos:mas, si vamosa la mar,lo mismo nos ha de dar.¡Oh, estos pueblos! Reflexiones,lecturas y acotacionespronto dan en lo que son:bostezos de Salomón.¿Todo essoledad de soledades.vanidad de vanidades,que dijo el Eciesiastés?Mi paraguas, mi sombrero,mi gabán... El aguaceroamaina... Vámonos, pues.Es de noche. Se platicaal fondo de una botica.—Yo no sé,don José,cómo son los liberalestan perros, tan inmorales.—¡Oh, tranquilícese usté!Pasados los carnavales,vendrán los conservadores,buenos administradoresde su casa.Todo llega y todo pasa.Nada eterno:ni gobiernoque perdure,ni mal que cien años dure.—Tras estos tiempos vendránotros tiempos y otros y otros,y lo mismo que nosotrosotros se jorobarán.Así es la vida, don Juan.—Es verdad, así es la vida.—La cebada está crecida.—Con estas lluvias...Y vanlas habas que es un primor.—Cierto; para marzo, en flor.Pero la escarcha, los hielos...—Y, además, los olivaresestán pidiendo a los cielosaguas a torrentes.—A mares.¡Las fatigas, los sudoresque pasan los labradores!En otro tiempo...Llovíatambién cuando Dios quería.—Hasta mañana, señores.Tic—tic, tic—tic... Ya pasóun día como otro día,dice la monotoníadel reloj.Sobre mi mesa Los datosde la conciencia, inmediatos.No está maleste yo fundamental,contingente y libre, a ratos,creativo, original;este yo que vive y sientedentro la carne mortal¡ay! por saltar impacientelas bardas de su corral.
I¡Viejos olivos sedientosbajo el claro sol del día,olivares polvorientosdel campo de Andahicía!¡El campo andaluz, peinadopor el sol canicular,de loma en loma rayadode olivar y de olivar!Son las tierrassoleadas,anchas lomas, lueñes sierrasde olivares recamadas.Mil senderos. Con sus machos,abrumados de capachos,van gañanes y arrieros.¡De la venta del caminoa la puerta, soplan vinotrabucaires bandoleros!¡Olivares y olivaresde loma en loma prendidoscual bordados alamares!¡Olivares coloridosde una tarde anaranjada;olivares rebruñidosbajo la luna argentada!¡Olivares centelladosen las tardes cenicientas,bajo los cielos preñadosde tormentas!...Olivares, Dios os délos enerosde aguaceros,los agostos de agua al pie,los vientos primaverales,vuestras flores racimadas;y las lluvias otoñalesvuestras olivas moradas.Olivar, por cien caminos,tus olivitas iráncaminando a cien molinos.Ya darántrabajo en las alqueríasa gañanes y braceros,¡oh buenas frentes sombríasbajo los anchos sombreros!...¡Olivar y olivareros,bosque y raza,campo y plazade los fieles al terruñoy al arado y al molino,de los que muestran el puñoal destino,los benditos labradores,los bandidos caballeros,los señoresdevotos y matuteros!...¡Ciudades y caseríosen la margen de los ríos,en los pliegues de la sierra!...¡Venga Dios a los hogaresy a las almas de esta tierrade olivares y olivares!IIA dos leguas de Úbeda, la Torrede Pero Gil, bajo este sol de fuego,triste burgo de España. El coche ruedaentre grises olivos polvorientos.Allá, el castillo heroico.En la plaza, mendigos y chicuelos:una orgía de harapos...Pasamos frente al atrio del conventode la Misericordia.¡Los blancos muros, los cipreses negros!¡Agria melancolíacomo asperón de hierroque raspa el corazón! ¡Amuralladapiedad, erguida en este basurero!...Esta casa de Dios, decid hermanos,esta casa de Dios, ¿qué guarda dentro?Y ese pálido joven,asombrado y atento,que parece mirarnos con la boca,será el loco del pueblo,de quien se dice: es Lucas,Blas o Ginés, el tonto que tenemos.Seguimos. Olivares. Los olivosestán en flor. El carricoche lento,al paso de dos pencos matalones,camina hacia Peal. Campos ubérrimos.La tierra da lo suyo; el sol trabaja;el hombre es para el suelo:genera, siembra y labray su fatiga unce la tierra al cielo.Nosotros enturbiamosla fuente de la vida, el sol primero,con nuestros ojos tristes,con nuestro amargo rezo,con nuestra mano ociosa,con nuestro pensamiento?se engendra en el pecado,se vive en el dolor. ¡Dios está lejos!?.Esta piedad erguidasobre este burgo sórdido, sobre este basurero,esta casa de Dios, decid, oh santoscañones de von Kluck, ¿qué guarda dentro?
Yo voy soñando caminosde la tarde. ¡Las colinasdoradas, los verdes pinos,las polvorientas encinas!…¿Adónde el camino irá?Yo voy cantando, viajero,a lo largo del sendero…—La tarde cayendo está—.En el corazón teníala espina de una pasión;logré arrancármela un día;ya no siento el corazón.Y todo el campo un momentose queda, mudo y sombrío,meditando. Suena el vientoen los álamos del río.La tarde más se oscurece;y el camino se serpeay débilmente blanquea,se enturbia y desaparece.Mi cantar vuelve a plañir:Aguda espina dorada,quién te volviera a sentiren el corazón clavada.
Lejos de tu jardín quema la tardeinciensos de oro en purpurinas llamas,tras el bosque de cobre y de ceniza.En tu jardín hay dalias.¡Malhaya tu jardín!... Hoy me parecela obra de un peluquero,con esa pobre palmerilla enana,y ese cuadro de mirtos recortados...y el naranjito en su tonel... El aguade la fuente de piedrano cesa de reír sobre la concha blanca.Horizonte (poema de Antonio Machado)En una tarde clara y amplia como el hastío,cuando su lanza blande el tórrido verano,copiaban el fantasma de un grave sueño míomil sombras en teoría, enhiestas sobre el llano.La gloria del ocaso era un purpúreo espejo,era un cristal de llamas, que al infinito viejoiba arrojando el grave soñar en la llanura...Y yo sentí la espuela sonora de mi pasorepercutir lejana en el sangriento ocaso,y más allá, la alegre canción de un alba pura.
Es una tarde mustia y desabridade un otoño sin frutos, en la tierraestéril y raídadonde la sombra de un centauro yerra.Por un camino en la árida llanura,entre álamos marchitos,a solas con su sombra y su locurava el loco, hablando a gritos.Lejos se ven sombríos estepares,colinas con malezas y cambrones,y ruinas de viejos encinares,coronando los agrios serrijones.El loco vociferaa solas con su sombra y su quimera.Es horrible y grotesta su figura;flaco, sucio, maltrecho y mal rapado,ojos de calenturailuminan su rostro demacrado.Huye de la ciudad... Pobres maldades,misérrimas virtudes y quehaceresde chulos aburridos, y ruindadesde ociosos mercaderes.Por los campos de Dios el loco avanza.Tras la tierra esquelética y sequiza?rojo de herrumbre y pardo de ceniza?hay un sueño de lirio en lontananza.Huye de la ciudad. ¡El tedio urbano!?¡carne triste y espíritu villano!?.No fue por una trágica amarguraesta alma errante desgajada y rota;purga un pecado ajeno: la cordura,la terrible cordura del idiota.
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Lectura recomendada
Te recomendamos leer: La historia del último verso de Antonio Machado.
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Gracias por leer Mar de fondo. ¡Nos seguimos leyendo!

Vale la pena invertir 15 minutos de nuestro tiempo para leer los poemas de Machado.
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