Kid Stardust en el matadero, cuento completo de Charles Bukowski y análisis

Kid Stardust en el matadero, cuento completo de Charles Bukowski y análisis.

Bukowski en carnicería con cerveza estilo ilustración literaria
Bukowski y la crudeza del trabajo extremo.

¡Hola, lectores! 😀☝Charles Bukowski (1920–1994) fue uno de los escritores más crudos y auténticos de la literatura norteamericana del siglo XX. Su obra se caracteriza por retratar la vida marginal, el alcohol, el trabajo precario y la lucha constante contra un sistema que aplasta al individuo. Con un estilo directo, sin adornos, Bukowski convirtió lo cotidiano en literatura.

El cuento Kid Stardust en el matadero nos sumerge en una experiencia brutal: el intento desesperado de un hombre por sobrevivir a un trabajo físico extremo mientras carga con sus propias derrotas personales. Es una historia de resistencia, humillación y orgullo.

Leer este relato hoy resulta especialmente vigente, porque refleja una realidad que aún persiste: la precariedad laboral, la presión social por “aguantar” y la lucha silenciosa de quienes intentan no rendirse.

¿De qué trata “Kid Stardust en el matadero” de Charles Bukowski?

El cuento narra la experiencia de un hombre —alter ego del propio Bukowski— que consigue trabajo en un matadero. Desde el inicio, el protagonista se presenta como alguien quebrado física y emocionalmente, pero decidido a demostrar que aún puede resistir.

A lo largo del relato, se enfrenta a condiciones laborales extremas: cargar carne, soportar el ritmo brutal del trabajo en cadena y resistir la presión de sus compañeros. Todo esto mientras lucha internamente contra su propio pasado, su orgullo y el miedo a fracasar una vez más.

Lectura completa del cuento

La suerte me había vuelto a abandonar y estaba demasiado nerviosa por el exceso de bebida; desquiciado, débil; demasiado deprimido para encontrar uno de mis trabajos habituales como recadero o mozo de almacén con qué tapar agujeros y reponerme un poco, así que bajé al matadero y entré en la oficina.

¿No te he visto ya?, preguntó el tipo.

No, mentí yo.

Había estado allí dos o tres años antes, había pasado por todo el papeleo, revisión médica y demás, y me habían llevado escaleras abajo, cuatro plantas, y cada vez hacía más frío y los suelos estaban cubiertos de un brillo de sangre, suelos verdes. , paredes verdes, me habían explicado mi trabajo, que era apretar un botón y luego por un agujero de la pared salía un ruido como un estruendo de defensas o elefantes desplomándose, y llegaba la cosa… algo muerto, mucho, sangriento, y el tipo me dijo, lo coges y lo echas al camión y luego aprietas el timbre y ya llega otro, y después se largó, cuando vi que se iba me quité la bata, el casco metálico, las botas (tres números menos que el que yo uso). ), subí otra vez la escalera y me largué de allí, y ahora estaba de vuelta, tronado otra vez.

Pareces un poco viejo para el trabajo.

Quiero endurecerme, necesito trabajo duro, muy duro, mentí.

¿y puedes aguantarlo?

Otra cosa no tendré, pero coraje sí. Fui boxeador, y bueno.

¿Ah sí?

si.

Vaya, se te nota en la cara, debían darte duro.

De lo de la cara no hagas caso, yo tenía un juego de brazos magnífico, todavía lo tengo, lo de la cara es porque tuve que hacer algunas tongos y tenía que parecer verdad.

sigo el boxeo, no recuerdo tu nombre.

Peleaba con otro nombre, Kid Stardust.

¿Niño Polvo de Estrellas? No recuerdo a ningún Kid Stardust.

peleé en América del Sur, en África, en Europa, en las Islas, en pequeñas ciudades, por eso hay ese hueco en mi historial de trabajo… no me gusta poner que fui boxeador porque la gente cree que hablo en broma o que miento, lo dejo en blanco y se acabó.

vale, vale, sube a que te hagan la revisión médica, mañana a las nueve y media te pondremos a trabajar, ¿dices que quieres trabajo duro?

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Bueno, si tienen otra cosa…

no, en este momento no. sabes, aparentemente cerca de cincuenta, no sé si darte el trabajo… no nos gusta la gente que nos hace perder el tiempo.

Yo no soy gente: soy Kid Stardust.

vale, vale, dijo riendo, ¡te pondremos a TRABAJAR!

No me gustó el tono.

dos días después crucé la puerta y entré en el garito de madera y le enseñé a un viejo la tarjeta con mi nombre: Henry Charles Bukowski, hijo, y el viejo me mandó al muelle de descarga: tenía que ver a Thurman. Fui hasta allí, había una fila de hombres sentados en un banco de madera y me miraron como si fuese un homosexual o una canasta de baloncesto.

yo les miré con lo que supuse tranquilo desdén y mascullé con mi mejor acento golfo:

¿Dónde está Thurman? Tengo que ver a ese tipo.

Alguien señaló.

¿Thurman?

¿Sí?

Trabajo para ti.

¿si?

Sí,
me miró.

¿Y las botas?

¿botas? no tengo, dije.

Saqué un par de botas de debajo del banco y me las dio. viejas, duras, tiesas, me las puse, la historia de siempre: tres números menos, me encogían y me espachurraban los dedos.

Luego me dio una bata ensangrentada y un casco metálico, allí me quedó de pie mientras él encendía un cigarrillo, empujó la cerilla con un floreo tranquilo y varonil.

vamos.

Eran todos negros y cuando me acerqué me miraron como si eran musulmanes negros, yo mido casi uno ochenta, pero todos eran más altos que yo, y, si no más altos, por lo menos dos o tres veces más anchos.

¡Charley!, dijo Thurman.

Charley, pensé. Charley, como yo. qué bien.

sudaba ya bajo el casco metálico.

¡¡dale TRABAJO!!

dios mío oh dios mío. ¿Qué había sido de las noches plácidas y dulces? ¿Por qué no le pasó esto a Walter Winchey que cree en el sistema norteamericano? ¿No era yo uno de los estudiantes de antropología más inteligentes de mi promoción? ¿Qué pasó?

Charley me llevó hasta un camión vacío de media manzana de largo que había en el muelle.

Espera aquí.

luego llegaron corriendo algunos de los musulmanes negros con carretillas pintadas de un blanco grumoso y sórdido, un blanco que parecía mezclado con mierda de pollo, y cada carretilla estaba cargada con montañas de jamones que flotaban en sangre acuosa y fina, no, no flotaban en sangre, se asentaban en ella, como plomo, como balas de cañón, como muerte.

uno de los tipos saltó al camión detrás de mí y el otro empezó a tirarme los jamones y yo los cogía y se los tiraba al que estaba detrás de mí que se volvía y echaba el jamón en la caja, los jamones venían deprisa, DEPRISA, y pesaban, pesaban cada vez más. en cuanto lanzaba un jamón y me volvía, ya había otro de camino hacia mí por el aire, comprendí que querían reventarme, pronto sudaba y sudaba como si se hubieran abierto grifos, y me dolía la espalda y me dolían las muñecas, y me dolían. los brazos, me dolía todo y había agotado hasta el último gramo de energía, apenas podía ver, apenas podía obligarme a agarrar un jamón más y lanzarlo, un jamón más y lanzarlo, estaba embadurnado de sangre y seguía agarrando el suave muerto pesado FLUMP con mis manos, el jamón cedía un poco, como un culo de mujer, y estaba demasiado débil para hablar y decir eh, qué demonios pasa, amigos… los jamones seguían llegando y yo giraba, clavado, como un hombre clavado bajo el casco metálico, y ellos seguían trayendo a toda prisa carretillas llenas de jamones jamones jamones y al fin todas se vaciaron, y yo me quedé allí tambaleante, respirando la amarillenta luz eléctrica, era de noche en el infierno, bueno, siempre me había gustado el trabajo nocturno.

¡vamos!

me llevaron a otro local, arriba en el aire en una gran compuerta elevada en la pared del extremo había media ternera, o quizás fuese una ternera entera, sí, eran terneras enteras, ahora que lo pienso, las cuatro patas, y una de ellas salía del agujero sujeta en un gancho, recién asesinada, y se paró justo sobre mí, colgada allí justo sobre mi cabeza de aquel gancho.

acaban de asesinarla, pensé, han asesinado a ese maldito bicho, ¿cómo pueden distinguir un hombre de una ternera? ¿Cómo saben que yo no soy una ternera?

VENGA… ¡MENÉALA!

¿menéala?

eso es: ¡BAILA CON ELLA!

¿que?

¡Pero qué coño pasa! ¡GEORGE, ven aquí!

George se puso debajo de la ternera muerta, la agarró. ONU. corrió hacia adelante. DOS. corrió hacia atrás. TRES, corrió hacia delante mucho más. la ternera quedó casi paralela al suelo, alguien presionó un botón y George quedó abrazado a ella, lista para las carnicerías del mundo, lista para las bien descansadas chismosas y chifladas amas de casa del mundo a las dos en punto de la tarde con sus batas. de casa, chupando cigarrillos manchados de carmín y sintiendo casi nada.

me pusieron debajo de la ternera siguiente.

ONU.

DOS.

TRES.

la tenía, sus huesos muertos contra mis huesos vivos, su carne muerta contra mi carne viva, y el hueso y el peso me aplastaban; Pensé en óperas de Wagner, pensé en cerveza fría, pensé en un lindo chochito sentado frente a mí en un sofá con las piernas alzadas y cruzadas y yo tengo una copa en la mano y hablo lenta, pausadamente abriéndome paso hacia ella y hacia la mente. en blanco de su cuerpo y Charley aulló ¡CUÉLGALA DEL CAMIÓN!

caminé hacia el camión, por la aversión a la derrota que me inculcaron de muchacho en los patios escolares de Norteamérica supe que no debía dejar que la ternera cayera al suelo, porque eso demostraría que era un cobarde, que no era un hombre y que, en consecuencia, nada merecía, solo burlas y risas y golpes, en Norteamérica tienes que ser un ganador, no hay otra salida, y tienes que aprender a luchar porque sí y se acabó, sin preguntas, y además si soltaba la ternera quizás tuviera que volver a recogerla, además se ensuciaría, yo no quería que se ensuciase, o más bien… ellos no querían que se ensuciase.

llegué al refugio

¡CUÉLGALA!

el gancho que pendía del techo estaba tan romo como un pulgar sin uña. dejabas que el trasero de la ternera se deslizase hacia atrás e ibas por lo de arriba, empujabas la parte de arriba contra el gancho una y otra vez pero el gancho no enganchaba. ¡¡MADRE MÍA!! era todo cartílago y grasa, duro, duro.

¡VAMOS! ¡VAMOS!

utilicé mi última reserva y el gancho enganchó, era una hermosa visión, un milagro, el gancho clavado, aquella ternera colgando allí sola completamente separada de mi hombro, colgando para el chismorreo bata de casa y carnicería.

¡MUÉVETE!

un negro de unos ciento quince kilos, insolente, áspero, frío, criminal, entró, colgó su ternera tranquilamente y me miró de arriba abajo.

¡Aquí trabajamos en cadena!

vale, campeón.

me puse delante de él. Otra ternera me esperaba, cada una que agarraba estaba segura de que sería la última que podría agarrar, pero me decía.

una más

solo uno mas

Luego

lo dejo

A la

mierda.

ellos estaban esperando que me rajara, lo veía en sus ojos, en sus sonrisas cuando creían que no miraba, no quería darles el placer de la victoria, agarré otra ternera, como el campeón que hace el último esfuerzo, agarré otra ternera.

Pasaron dos horas y entonces alguien gritó DESCANSO.

lo había conseguido, un descanso de diez minutos, un poco de café y ya no podrían derrotarme, fui tras ellos hacia un carrito que alguien había traído, vi elevarse el vapor del café en la noche; vi los bollos y los cigarrillos y las pastas y los emparedados bajo la luz eléctrica.

¡EH, TÚ!

Era Charley. Charley, como yo.

¿Sí, Charley?

antes de tomar el descanso, lleva ese camión a la parada dieciocho.

Era el camión que acabábamos de cargar, el de media manzana de largo, la parada dieciocho quedaba al otro extremo del patio.

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conseguí abrir la puerta y subir a la cabina, tenía un asiento blando de suave piel y era tan agradable que me di cuenta de que si me descuidaba caería dormido allí mismo, yo no era un camionero. miré por abajo y vi como media docena de mandos, palancas, frenos, pedales y demás, di vuelta a la llave y conseguí encender el motor, fui probando pedales y palancas hasta que el camión empezó a rodar y entonces lo llevé hasta el fondo del patio, hasta la parada dieciocho, pensando constantemente: cuando vuelva, ya no estará el carrito, era una tragedia para mí, una verdadera tragedia, aparqué el camión, apagué el motor y quedó allí sentado unos instantes paladeando la suave delicia del asiento de piel. , luego abrí la puerta y salí, no acerté con el escalón o lo que fuese y caí al suelo con mi bata ensangrentada y mi maldito casco metálico como si me hubieran pegado un tiro, no me hice daño, ni siquiera lo sentí, me levanté justo a tiempo para ver cómo se alejaba el carrito y cruzaba la puerta camino de la calle.

les vi dirigirse de nuevo al muelle riendo y encendiendo cigarrillos.

me quité las botas, me quité la bata, me quité el casco metálico y fui hasta el garito del patio de entrada, tiré bata, casco y botas por encima del mostrador. El viejo me miró:

vaya, así que deja esta BUENA colocación…

diles que me manden por correo el check de mis dos horas de trabajo o si no que se lo metan en el culo ¡me da igual!

Salí, crucé la calle hasta un bar mexicano y bebí una cerveza, luego cogí el autobús y volví a casa, el patio escolar norteamericano me había derrotado otra vez.


FIN

Análisis literario

Temas principales

  • La resistencia humana: el protagonista lucha contra sus límites físicos y mentales.
  • La alienación laboral: el trabajo se presenta como deshumanizante.
  • El orgullo masculino: la necesidad de no rendirse ante otros.
  • El fracaso: una constante en la vida del personaje.
  • La violencia del sistema: tanto física como simbólica.

Personajes (función simbólica)

  • Kid Stardust: representa al hombre común derrotado pero obstinado.
  • Thurman y Charley: simbolizan la autoridad laboral fría y mecánica.
  • Los trabajadores: encarnan la competencia y la dureza del entorno.

Estilo y contexto

Bukowski utiliza un lenguaje directo, casi oral, cargado de crudeza. No hay adornos innecesarios: cada frase golpea con fuerza. Este estilo refleja el contexto de su obra, centrado en los márgenes de la sociedad estadounidense.

El cuento también se inscribe en la tradición del realismo sucio, donde lo importante no es idealizar la vida, sino mostrarla tal como es: dura, contradictoria y muchas veces injusta.

¿Por qué leerlo hoy?

Porque sigue siendo un retrato vigente de la precariedad laboral y de la presión social por resistir a toda costa. En tiempos donde el éxito se idealiza, este cuento recuerda que muchas historias reales están hechas de derrotas silenciosas.

Además, permite reflexionar sobre el valor del trabajo, la dignidad y los límites del cuerpo humano frente a un sistema exigente.

Recomendaciones 

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Mar de fondo

𝐵𝑟𝑦𝑎𝑛 𝑉𝑖𝑙𝑙𝑎𝑐𝑟𝑒𝑧 (Lima, 1990) Director del Blog de Mar de fondo. Estudié Comunicaciones, Sociología y soy autor del libro "Las vidas que tomé prestadas". Amante de los cuentos, cartas, diarios y novelas. Convencido de que "𝑈𝑛 𝑑𝑖́𝑎 𝑙𝑒𝑖́𝑑𝑜 𝑛𝑜 𝑒𝑠 𝑢𝑛 𝑑𝑖́𝑎 𝑝𝑒𝑟𝑑𝑖𝑑𝑜."

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