¡Hola, lectores! ¿Te ha pasado que recuerdas una palabra de tus abuelos y hoy nadie la usa? No es imaginación: el idioma cambia con la vida diaria. Cuando desaparecen oficios, objetos, costumbres o formas de relacionarnos, también se apagan ciertas palabras. Aquí vamos a recorrer palabras del español que desaparecieron (o están en peligro de desaparecer) y por qué vale la pena rescatarlas, aunque sea en la memoria.
Lo cierto es que, la pérdida de vocabulario se nota más rápido por el efecto de lo digital: mensajes cortos, tendencias virales y un lenguaje cada vez más estandarizado. Esto no significa “empobrecimiento” automático, pero sí un cambio: muchas palabras regionales o antiguas se vuelven raras porque circulan menos. Nombrarlas, entender su origen y usarlas con intención es una manera sencilla de conservar diversidad cultural.
¿Por qué desaparecen las palabras del español?
Las palabras no “mueren” de golpe: se van quedando sin contexto. Algunas causas frecuentes:
- Cambios tecnológicos: si desaparece el objeto o la práctica, la palabra deja de tener uso.
- Transformación de costumbres: modos de vida urbanos reemplazan hábitos rurales o tradicionales.
- Modas lingüísticas: preferimos términos “modernos” aunque no sean más precisos.
- Menos transmisión cultural: si no pasa de generación en generación, se vuelve extraña.
- Homogeneización del lenguaje: medios y redes empujan formas más generales de nombrar.
En ese proceso, no solo se pierde una palabra: a veces se pierde un matiz, un humor local, una manera particular de mirar el mundo.
Palabras en peligro de extinción o desuso
A continuación, una selección de palabras antiguas del español (o de uso ya muy raro). Las definiciones son amplias para que se entienda el contexto histórico y cultural.
ABACOMITE
Proveniente del latín abbas, abatis (abad) y comes-comitis (compañero, conde). En el medievo se llamaba así al abad que ostentaba también el título de conde, o al señor que tenía encomendada una abadía.
ACARREAR
Hoy se entiende como “transportar”, pero antes significaba, con precisión, el transporte en carros de la mies segada desde la tierra a la era para ser trillada. Era una labor dura que, para evitar el calor, se hacía de noche. Con la mecanización del campo, esta acepción y su costumbre casi desaparecieron.
ACEMILA
Del árabe al-zamila, “bestia de carga”. Se refería a la mula o macho usado para cargar. Antiguamente también se empleó para nombrar una carga o tributo impuesto al pueblo, según contextos históricos.
ADAFINA
Antecedente cultural del “cocido”. Entre judíos castellanos de los siglos XIV y XV, la adafina era un alimento de cocción lenta con fideos, garbanzos, habas, verduras y carne (ternera o ave). Se servía por partes: primero fideos, luego legumbres/verduras y, finalmente, la carne.
CUCHIPANDA
Comida o reunión festiva marcada por alegría y desinhibición, donde se comparte sin demasiadas formalidades. Ha ido quedando en desuso frente a expresiones como “comilona”, “reunión” o “fiesta”.
ARCHUIPERRES
Se decía de objetos sin valor o de cosas variadas: trastos, utensilios innecesarios, lo que estorba. En muchos lugares fue desplazada por “cachivaches” u otras palabras más comunes.
ÑIQUEÑAQUE
Se usa (cada vez menos) para señalar algo sin importancia, de mala calidad o despreciable. Hoy suele ser reemplazada por “baratija”, “cosa” o “porquería”, según el tono.
BADIL
Del latín batillum. Instrumento de hierro con extremo ensanchado y cóncavo, usado para cubrir brasas o carbón con ceniza en un brasero. Aún existe, pero su presencia es cada vez más rara.
BECERRO
No es la cría de la vaca: era el libro donde iglesias y monasterios anotaban privilegios y propiedades. El Becerro de las behetrías, por ejemplo, describe con detalle la naturaleza y origen de la nobleza en la Edad Media, conservado en instituciones históricas.
BEHETRÍA
Vocablo jurídico: situación en la que vecinos libres podían elegir (o cambiar) señor a cambio de protección, especialmente en contextos de guerra. Se asocia a dinámicas sociales de la Reconquista.
BLANCA
Moneda de muy poco valor que equivalía a medio maravedí. De allí la expresión “estar sin blanca”, para indicar ausencia total de dinero.
BELLACO
De origen discutido. En la Edad Contemporánea se aplicaba a la persona ruin, baja, taimada. Era un insulto fuerte para designar lo despreciable.
CARRUQUERO
Entre los siglos XVI y XVIII, era el nombre del que conducía un carro; es decir, un carretero.
CEBAR
Antes de la electricidad, se alumbraba con velas y candiles. “Cebar el candil” era reponer el aceite para que la mecha pudiera prender y dar luz.
CELOSÍA
Del latín celare (ocultar). Enrejado de madera o hierro con huecos romboidales, puesto en ventanas para proteger de miradas. En algunos lugares persiste en construcciones antiguas y espacios religiosos.
CÉNTIMO
Aún se usa la palabra, pero su sentido numismático cambió: “céntimo” fue moneda legal vinculada a la peseta. Hoy sobrevive más como unidad conceptual (porcentual) o en contextos distintos.
COBERTOR
Equivalía a colcha o manta de abrigo para la cama. Fue un término común hasta parte del siglo XX.
COLLERA
En el mundo rural, aparejo que se pone al pescuezo del animal de labranza para que no se lastime al tirar del arado o del carro.
Falta de transmisión cultural y pérdida lingüística
Muchas de estas palabras se pierden porque ya no forman parte de conversaciones cotidianas: cambiaron las casas, la cocina, el trabajo, los ritmos de barrio y campo. Sin transmisión, el vocabulario se vuelve “extraño” y termina reemplazado por términos más generales.
Y ojo: con más de 580 millones de hablantes de español en el mundo y el idioma como oficial en 21 países, una palabra puede estar “extinta” en un lugar y viva en otro. Por eso, cuando hablamos de desuso, casi siempre hablamos de zonas, generaciones y contextos.
El papel de la Real Academia Española
La Real Academia Española (RAE) observa y registra el uso de la lengua. Su diccionario no “manda” cómo hablamos: más bien intenta describir qué palabras circulan, cuáles cambian de sentido, cuáles se marcan como antiguas o desusadas y cuáles se documentan como parte del patrimonio lingüístico.
Cuando un término cae en desuso, puede:
- mantenerse con marca de “desus.” o “ant.”,
- registrarse como variante histórica,
- o quedar como testimonio en ediciones anteriores, útil para investigar textos y épocas.
Palabras eliminadas del diccionario de la RAE
Aquí tienes una lista de términos que se citan con frecuencia como obsoletos o muy raros en el español actual. Úsalos como curiosidad lingüística y como recordatorio de cuánto cambia el idioma con el tiempo.
- Aborrecedero: algo que causa rechazo o aversión.
- Adéfago: persona que come en exceso.
- Ahogaviejas: planta de tallo delgado.
- Almazuela: colcha o manta hecha de retazos de tela.
- Bajotraer: abatimiento o humillación.
- Camasquince: persona entrometida.
- Chicuelo: diminutivo de chico.
- Cocadriz: forma femenina de cocodrilo.
- Demoranza: demora, tardanza, dilación.
- Desarrebozadamente: sin rebozo, clara y abiertamente.
- Durindaina: sinónimo antiguo de justicia.
- Enclarar: aclarar.
- Ergullir: cobrar orgullo, envanecerse.
- Fabulizar: inventar cosas fabulosas.
- Gallinoso: tímido, pusilánime, cobarde.
- Manaza: femenino aumentativo de mano.
- Minguado: adjetivo antiguo de menguado.
- Neoplasma: tejido celular anormal de nueva formación.
- Ochentañal: persona de ochenta años.
- Palacra: pepita de oro.
- Pilluelo: diminutivo de pillo.
- Porfijar: prohijar, adoptar como hijo.
- Quizabes: denota posibilidad, quizá.
- Vosco: antigua forma de decir “con vos” o “con vosotros”.
- Zozobrante: que está en peligro de naufragar o hundirse.
¿Por qué es importante conservar el vocabulario antiguo?
Porque cada palabra guarda un pedazo de historia: oficios, comidas, gestos sociales, humor y formas de pensar. Conservar vocabulario no es hablar “como antes” por pose, sino entender que la lengua es memoria. En tiempos de rapidez, rescatar una palabra puede ser también una forma de mirar el mundo con más precisión.
Preguntas frecuentes sobre palabras en desuso
¿La RAE “elimina” palabras todo el tiempo?
No de forma caprichosa. Los diccionarios se actualizan por ediciones y revisiones; muchas veces una palabra no desaparece, sino que se marca como antigua, desusada o poco frecuente.
¿Una palabra en desuso puede volver?
Sí. Puede regresar por literatura, rescate cultural, redes, música o moda. A veces vuelve con otro sentido o en un grupo específico.
¿Esto significa que el español se empobrece?
No necesariamente. El idioma también crea palabras nuevas. El punto es no perder matices valiosos cuando existen alternativas más precisas o culturales.
TE RECOMIENDO, LECTOR: La radical diferencia entre el castellano medieval y moderno en el "Cantar de Mio Cid"
¿Y tú, lector? ¿Qué palabra antigua recuerdas de tu casa, tu barrio o tu ciudad? Déjala en los comentarios: armemos juntos un pequeño archivo vivo de palabras que no merecen desaparecer.
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En todo México es común el término "acarreo", refiriéndose a la acción de "facilitar la transportación" a múltiples personas a un mitin o acto político.
ResponderEliminarEn Chihuahua, estado fronterizo con los EEUU, el término "collera" se utiliza entre los Rarámuri –pueblo originario que habita en la Sierra Tarahumara– para coronar su cabeza, es un enredo de tela roja que circunda la coronilla de mujeres y hombres.
interesante. Es increíble como varían los significados
EliminarPor favor señores: ¿Cúando se van a enterar de que las mayúsculas también hay que ponerles tilde? Hablan de lengua y meten la pata hasta las orejas.
ResponderEliminarYo aún empleo la palabra "manazas". Por ejemplo, al relatar la experiencia de una limpieza dental con una higienista ahí. Vaya manazas que tenía... No volví más nunca a aquella clínica dental en mi santa vida!
ResponderEliminar:O claro entiendo
EliminarEn Perú la palabra collera era utilizada para nombrar a un grupo de amigos.
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