La carta de despedida "completa" de José María Arguedas

La última carta de José María Arguedas completa antes de su muerte.

Última carta de José María Arguedas antes de su muerte junto a un retrato del escritor peruano
Arguedas escribió esta carta un día antes de morir. 

¡Hola, lectores! 😀La última carta de José María Arguedas constituye uno de los documentos más conmovedores de la literatura peruana del siglo XX. Escrita el 27 de noviembre de 1969, pocas horas antes de que el escritor atentara contra su propia vida en la Universidad Nacional Agraria La Molina, esta carta representa mucho más que una despedida: es el testimonio de un hombre que dedicó toda su existencia a comprender el Perú, estudiar sus culturas y defender la riqueza espiritual de los pueblos andinos.

A diferencia de otras cartas de despedida escritas por escritores famosos, la de Arguedas posee un profundo sentido colectivo. En ella no solo explica las razones que lo llevaron a tomar aquella dolorosa decisión, sino que también deja instrucciones sobre proyectos de investigación que consideraba fundamentales para el futuro del país. Incluso en sus últimos momentos seguía pensando como docente, antropólogo y servidor público.

Su muerte marcó profundamente la historia intelectual peruana. Hasta el día de hoy continúa siendo objeto de estudios literarios, históricos, psicológicos y antropológicos. Aquí te dejo algunos escritos encontrados en su diario personal. 

Su obra permanece vigente porque logró expresar como pocos las tensiones entre el mundo indígena y la modernidad, entre el castellano y el quechua, entre la tradición y los cambios sociales que experimentó el Perú durante el siglo XX.

En este artículo conocerás el contexto en el que fue escrita esta histórica carta, comprenderás por qué eligió la Universidad Agraria como escenario de su despedida y podrás leer íntegramente el documento que dejó antes de morir.

No te pierdas, lector: El diario de José María Arguedas: qué escribió antes de su muerte

En este artículo descubrirás:
  • ¿Por qué José María Arguedas escribió esta carta?
  • El contexto histórico de sus últimos días.
  • Su estrecha relación con la Universidad Agraria La Molina.
  • La carta completa escrita el 27 de noviembre de 1969.
  • Un análisis de sus principales reflexiones.
  • Las frases más conmovedoras del documento.

¿Quién fue José María Arguedas?

Hablar de José María Arguedas es hablar de uno de los intelectuales más influyentes de la historia del Perú. Nació el 18 de enero de 1911 en Andahuaylas y desde muy pequeño convivió con comunidades indígenas quechuas, experiencia que marcaría profundamente su forma de entender el país y también su literatura.

A diferencia de muchos escritores de su generación, Arguedas no observó el mundo andino desde la distancia. Creció entre campesinos, aprendió el quechua antes que el castellano y desarrolló una sensibilidad poco común para describir la vida, las costumbres y la cosmovisión de los pueblos indígenas.

Gracias a esa experiencia escribió novelas fundamentales como Yawar Fiesta, Los ríos profundos, Todas las sangres y, finalmente, El zorro de arriba y el zorro de abajo, considerada una de las obras más complejas de la narrativa latinoamericana.

Además de novelista fue antropólogo, etnólogo, traductor y profesor universitario. Durante décadas investigó las tradiciones orales del Perú, recopiló canciones, cuentos y mitos quechuas, y luchó por demostrar que la cultura andina debía ocupar un lugar central dentro de la identidad nacional.

Su trabajo transformó la forma en que el país comprendía su diversidad cultural. Para Arguedas, el Perú no debía construirse negando sus raíces indígenas, sino integrándolas plenamente en la vida política, educativa y cultural.

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Los últimos meses de José María Arguedas

Los últimos años de la vida de Arguedas estuvieron marcados por una intensa lucha interior. Aunque gozaba de enorme prestigio como investigador y escritor, sufría desde hacía tiempo episodios depresivos que fueron debilitando poco a poco su capacidad para trabajar.

Él mismo dejó constancia de esa batalla en los diarios que incorporó dentro de El zorro de arriba y el zorro de abajo. En aquellas páginas alterna reflexiones personales con la escritura de la novela, mostrando cómo la creación literaria se había convertido en un intento desesperado por mantenerse con vida.

Para Arguedas, escribir nunca fue simplemente producir novelas. Escribir significaba justificar la existencia. Mientras podía crear, encontraba un motivo para seguir adelante. Sin embargo, conforme avanzaban los meses comenzó a convencerse de que había perdido aquella fuerza creadora que durante décadas había impulsado toda su obra.

Le preocupaba especialmente no poder concluir algunos proyectos académicos relacionados con la recopilación de literatura oral quechua. Consideraba que aquellas investigaciones eran demasiado importantes para quedar inconclusas y, precisamente por ello, en su carta deja instrucciones para que otros investigadores continúen el trabajo.

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En noviembre de 1969 tomó una decisión definitiva. Escribió varias cartas, organizó sus documentos personales y redactó el texto dirigido al rector, profesores y estudiantes de la Universidad Nacional Agraria La Molina. Allí explica por qué había elegido aquella institución como el lugar donde deseaba despedirse de la vida.

José María Arguedas y la Universidad Agraria La Molina

La elección de la Universidad Nacional Agraria no fue casual. Arguedas había trabajado allí como docente e investigador y mantenía un profundo afecto por la institución. En su carta llega incluso a llamarla "Mi Casa de todas mis edades", una expresión que resume el enorme vínculo emocional e intelectual que mantenía con la universidad.

Para él, la universidad era mucho más que un centro de enseñanza. Representaba el espacio donde profesores y estudiantes compartían el compromiso de investigar, comprender el país y trabajar por una sociedad más justa. Esa visión aparece constantemente a lo largo de toda su despedida y ayuda a comprender por qué decidió que aquel fuera el escenario de sus últimas horas.

La última carta de José María Arguedas

El siguiente documento fue escrito por José María Arguedas el 27 de noviembre de 1969 y dirigido al rector, profesores y estudiantes de la Universidad Nacional Agraria La Molina. Es uno de los textos más importantes para comprender los últimos pensamientos del escritor.

Señor Rector de la Universidad Agraria y Jóvenes Estudiantes:

Les dejo un sobre que contiene documentos que explican las causas de la decisión que he tomado:

Profesores y estudiantes tenemos un vínculo común que no puede ser invalidado por negación unilateral de ninguno de nosotros. Este vínculo existe, incluso cuando se le niega: somos miembros de una corporación creada para la enseñanza superior y la investigación. Yo invoco ese vínculo o lo tomo en cuenta para hacer aquí algo considerado como atroz: el suicidio. Alumnos y profesores guardan conmigo un vínculo de tipo intelectual que se supone y se concibe debe ser generoso y no entrañable. De ese modo recibirán mi cuerpo como si él hubiera caído en un campo amigo, que le pertenece, y sabrán soportar sin agudezas de sentimiento con indulgencia este hecho.

Me acogerán en la Casa Nuestra, atenderán mi cuerpo y lo acompañarán hasta el sitio en que deba quedar definitivamente. Este acto considerado atroz yo no lo puedo ni debo hacer en mi casa particular. Mi Casa de todas mis edades es ésta: la Universidad. Todo cuanto he hecho mientras tuve energías pertenece al campo ilimitado de la Universidad y, sobre todo, al desinterés, la devoción por el Perú y el ser humano que me impulsaron a trabajar. Nombro por única vez este argumento. Lo hago para que me dispensen y me acompañen sin congoja ninguna sino con la mayor fe posible en nuestro país y su gente, en la Universidad que estoy seguro anima nuestras pasiones, pero sobre todo nuestra decisión de trabaiar por la liberación de las limitaciones artificiales que impiden aún el libre vuelo de la capacidad humana, especialmente en el hombre peruano.

Creo haber cumplido mis obligaciones con cierto sentido de responsabilidad, ya como empleado, como funcionario, docente y como escritor. Me retiro ahora porque siento, he comprobado, que ya no tengo energía e iluminación para seguir trabajando, es decir, para justificar la vida. Con el acrecentamiento de la edad y el prestigio, las responsabilidades, la importancia de estas responsabilidades crece y si el fuego del ánimo no se mantiene y la lucidez empieza, por el contrario, a debilitarse, creo personalmente que no hay otro camino que elegir, honestamente, que el retiro. Y muchos, ojalá todos los colegas y alumnos, justifiquen y comprendan que para algunos el retiro a la casa es peor que la muerte. He dedicado este mes de Noviembre a calcular mis fuerzas para descubrir si las dos últimas tareas que comprometían mi vida podían ser realizadas dado el agotamiento que padezco desde hace algunos años. No. No tengo fuerzas para dirigir la recopilación de la literatura oral quechua ni menos para emprenderla, pero con el Dr. Valle Riestra, Director de Investigaciones, se convino en que esa tarea la podía realizar conforme al plan que he presentado.

Vaya escribir a la Editorial Einaudi de Turín que aceptó mi propuesta de editar un volumen de 600 páginas de mitos y narraciones quechuas. Nuestra Universidad puede emprender y cumplir esta urgente y casi agónica tarea. Lo puede hacer si contrata, primero, con mi sueldo que ha de quedar disponible y está en el presupuesto, a Alejandro Ortíz Recamere, mi exdiscípulo y alumno distinguido de Levi-Strauss durante cuatro años y lo nombra después.

El se ha preparado lo más seriamente que es posible para este trabajo y puede formar, con el Dr. Alfredo Torero, un equipo del más alto nivel. Creo que la Editorial Einaudi aceptará mi sustitución por este equipo que representaría a la Universidad. En cuanto a lo demás está expuesto en mi carta a Lazada y en el “Ultimo Diario” de mi casi inconclusa novela. “El zorro de arriba y el zorro de abajo”, documentos que acompaño a este manuscrito.

Declaro hacer sido tratado con generosidad en la Universidad Agraria y lamento que haya sido la institución a la que más limitadamente he servido por ajenas circunstancias. Aquí, en la Agraria, fui miembro de un Consejo de Facultad y pude comprobar cuán fecunda y necesaria es la intervención de los alumnos en el gobierno de la Universidad. Fui testigo de cómo delegados estudiantes fanatizados y algo brutales fueron siendo ganados por el sentido común y el espíritu universitario cuando los profesores en lugar de reaccionar sólo con la indignación lo hacían con la mayor serenidad, energía e inteligencia. Yo no tengo ya, desventuradamente, experiencia personal sobre lo ocurrido durante los trece meses últimos Que he estado ausente, pero creo que acaso los cambios hayan sido tan radicales. Espero, creo, que la Universidad no será destruida jamás; que de la actual crisis se alzará más perfeccionada y con mayor lucidez y energía hasta cumplir su misión.

Dispensadme estas póstumas reflexiones. He vivido atento a los latidos de nuestro país. Dispensadme que haya elegido esta Casa para pasar, algo desagradablemente, a la cesantía. si es posible, acompañadme en armonía de fuerzas que, por muy contrarias que sean, en Universidad y acaso sólo en ella, puedan alimentar el conocimiento”.


La Molina, 27 de Nov. 1969

Análisis de la última carta de José María Arguedas

Más de cinco décadas después de haber sido escrita, la última carta de José María Arguedas continúa conmoviendo a lectores, investigadores y estudiantes. No solo porque antecede uno de los episodios más dolorosos de la historia cultural peruana, sino porque permite observar el pensamiento de un intelectual que, incluso en sus últimos momentos, siguió preocupado por el futuro de la educación, la investigación y el país.

Lejos de ser un texto impulsivo o desordenado, la carta revela una notable serenidad. Arguedas organiza sus ideas, explica sus motivos, agradece a la institución que lo acogió durante años y deja instrucciones precisas sobre los proyectos que esperaba ver culminados. Esa combinación entre despedida personal y responsabilidad pública convierte el documento en una pieza excepcional dentro de la literatura testimonial peruana.

La biografía de José María Arguedas escrita por Blanca Varela 

Una despedida marcada por el deber

Uno de los aspectos que más llama la atención es el profundo sentido de responsabilidad que atraviesa toda la carta. En ningún momento Arguedas intenta construir una despedida melodramática ni busca despertar compasión. Por el contrario, insiste varias veces en que su decisión responde al convencimiento de que ya no posee la energía necesaria para seguir cumpliendo con las obligaciones que considera esenciales.

Cuando afirma que ha perdido la fuerza para "justificar la vida", no está haciendo una reflexión exclusivamente personal. Para él, vivir significaba trabajar, investigar, escribir y servir al Perú. En la medida en que siente que ya no puede hacerlo con la intensidad de antes, considera que su ciclo ha concluido.

Esta idea resulta especialmente significativa porque resume la ética que acompañó toda su trayectoria intelectual. Arguedas entendía la cultura como un compromiso permanente con la sociedad y consigo mismo. Esa exigencia explica tanto la grandeza de su obra como la dureza con la que juzgaba sus propias limitaciones.

La universidad como símbolo de esperanza

Otro elemento fundamental es la manera en que describe a la Universidad Nacional Agraria La Molina. La institución aparece como mucho más que un centro de trabajo. Es el espacio donde confluyen la investigación, la enseñanza y el servicio al país.

Al definirla como su "Casa de todas mis edades", Arguedas expresa un profundo sentido de pertenencia. Considera que allí desarrolló una parte esencial de su vida intelectual y que, por esa razón, era el lugar adecuado para despedirse.

La carta también refleja su enorme confianza en el papel transformador de la educación. A pesar de reconocer las dificultades que atravesaba la universidad peruana durante aquellos años, manifiesta su esperanza de que las futuras generaciones continúen fortaleciendo la institución mediante el diálogo, la inteligencia y el compromiso colectivo.

En ese sentido, su despedida no constituye un rechazo hacia la universidad ni hacia el país. Todo lo contrario: representa una muestra de confianza en quienes continuarán el trabajo que él ya no podía realizar.

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El compromiso con la cultura quechua

Uno de los pasajes más importantes de la carta es aquel en el que solicita que continúe la recopilación de la literatura oral quechua. Incluso cuando siente que ha llegado al final de sus fuerzas, Arguedas sigue pensando en la preservación del patrimonio cultural del Perú.

Durante décadas dedicó buena parte de su vida a registrar canciones, mitos, relatos y tradiciones que se transmitían oralmente en distintas comunidades andinas. Era consciente de que muchas de esas manifestaciones corrían el riesgo de desaparecer si no eran documentadas oportunamente.

Por ello propone que otros investigadores continúen el trabajo y menciona incluso a las personas que, desde su perspectiva, estaban mejor preparadas para asumir esa responsabilidad. Ese detalle demuestra que nunca dejó de pensar como antropólogo ni como servidor público.

La honestidad como principio de vida

Uno de los conceptos que aparecen con mayor fuerza en la carta es el de la honestidad. Arguedas sostiene que no sería correcto continuar ocupando responsabilidades académicas si ya no se sentía capaz de desempeñarlas plenamente.

Esta afirmación puede resultar dura para muchos lectores contemporáneos, pero refleja el elevado nivel de exigencia ética con el que evaluaba su propia vida. Para él, el prestigio acumulado durante años no justificaba permanecer en un cargo cuando consideraba que había perdido la lucidez necesaria para cumplirlo.

Esa misma honestidad explica por qué deja instrucciones detalladas sobre investigaciones pendientes y manifiesta su deseo de que la universidad continúe desarrollándolas sin depender de su presencia.

Las frases más conmovedoras de la carta

Algunas líneas de la carta han quedado grabadas en la memoria colectiva porque condensan el pensamiento final de José María Arguedas y muestran la intensidad con la que vivió cada una de sus convicciones.

"Mi Casa de todas mis edades es ésta: la Universidad."

Esta frase resume el profundo vínculo emocional que mantenía con la Universidad Nacional Agraria y explica por qué decidió despedirse precisamente allí.

"Ya no tengo energía e iluminación para seguir trabajando."

Quizá sea la confesión más conocida de toda la carta. En ella reconoce el agotamiento físico y emocional que venía experimentando desde hacía varios años.

"Todo cuanto he hecho mientras tuve energías pertenece al campo ilimitado de la Universidad."

Con estas palabras reafirma que su producción intelectual debía entenderse como parte de una misión colectiva orientada al conocimiento y al servicio del país.

"Trabajar por la liberación de las limitaciones artificiales que impiden el libre vuelo de la capacidad humana."

Más que una despedida, esta frase constituye una declaración de principios sobre el papel que debía desempeñar la universidad peruana.

¿Qué documentos dejó José María Arguedas antes de morir?

La carta dirigida a la Universidad Agraria no fue el único documento que dejó antes de su muerte. Arguedas también preparó diversos escritos destinados a explicar su situación personal y el estado de algunos proyectos intelectuales que aún permanecían inconclusos.

Entre ellos destacan los diarios incorporados en El zorro de arriba y el zorro de abajo, donde reflexiona sobre la escritura, la enfermedad, la muerte y la imposibilidad de concluir plenamente la novela que consideraba la síntesis de toda su trayectoria literaria.

Asimismo, dejó correspondencia relacionada con la publicación de investigaciones sobre literatura oral quechua y diversos manuscritos que posteriormente fueron estudiados por especialistas en literatura y antropología.

¿Qué ocurrió después de la muerte de José María Arguedas?

El 28 de noviembre de 1969, José María Arguedas ingresó a uno de los ambientes de la Universidad Nacional Agraria La Molina y se disparó con un arma de fuego. Aunque el impacto fue de extrema gravedad, el escritor no falleció inmediatamente. Permaneció hospitalizado durante varios días hasta que murió el 2 de diciembre de 1969, a los 58 años.

La noticia conmocionó profundamente al mundo intelectual peruano y latinoamericano. Su muerte fue interpretada no solo como la pérdida de uno de los narradores más importantes del país, sino también como la desaparición de un investigador que había dedicado su vida a estudiar y preservar las culturas andinas.

Desde entonces, universidades, investigadores y lectores han continuado analizando tanto su obra literaria como sus diarios personales y la carta que dejó antes de morir. Lejos de disminuir con el paso de los años, el interés por Arguedas ha crecido constantemente. Sus novelas forman parte de los programas de estudio en numerosas universidades y continúan siendo objeto de investigaciones desde la literatura, la antropología, la sociología y la historia cultural.

Hoy resulta imposible comprender la narrativa peruana del siglo XX sin detenerse en el legado de José María Arguedas. Su capacidad para representar el mundo andino desde una perspectiva profundamente humana transformó para siempre la literatura nacional y abrió nuevas formas de entender la identidad peruana.

¿Por qué la última carta de José María Arguedas sigue conmoviendo?

Existen numerosos documentos de despedida escritos por personajes históricos, pero pocos poseen la fuerza ética y humana de la carta de José María Arguedas. Buena parte de esa intensidad proviene del hecho de que el autor nunca abandona su papel de maestro e investigador. Incluso cuando habla de su agotamiento, continúa pensando en los estudiantes, en la universidad y en el futuro de la investigación científica.

La carta también permite descubrir una faceta menos conocida del escritor. Detrás del novelista reconocido internacionalmente aparece un hombre preocupado por cumplir correctamente sus responsabilidades, por no abandonar proyectos importantes y por dejar encaminadas las investigaciones que consideraba esenciales para preservar el patrimonio cultural del Perú.

Otro aspecto que explica la vigencia del documento es su enorme honestidad. Arguedas no intenta construir una imagen heroica de sí mismo. Habla con franqueza de sus limitaciones, reconoce su cansancio y expone con serenidad las razones que lo llevaron a tomar aquella decisión. Esa sinceridad ha convertido la carta en una pieza fundamental para comprender los últimos meses de su vida.

Sin embargo, conviene recordar que este texto debe leerse dentro de su contexto histórico y biográfico. Más que presentar respuestas definitivas, ofrece un testimonio profundamente personal sobre el sufrimiento de uno de los escritores más importantes del Perú.

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El legado de José María Arguedas

La influencia de José María Arguedas trasciende ampliamente el ámbito de la literatura. Como antropólogo impulsó el estudio científico de las culturas andinas; como traductor ayudó a difundir la riqueza del idioma quechua; como docente formó nuevas generaciones de investigadores; y como novelista consiguió representar un Perú complejo, diverso y profundamente humano.

Su obra continúa inspirando a escritores, lingüistas, historiadores y especialistas en ciencias sociales. Novelas como Los ríos profundos, Todas las sangres, Yawar Fiesta y El zorro de arriba y el zorro de abajo siguen siendo consideradas lecturas indispensables para comprender la historia cultural del país.

Asimismo, su trabajo antropológico permitió rescatar canciones, relatos, leyendas y tradiciones orales que hoy constituyen una parte esencial del patrimonio inmaterial peruano. Gracias a esa labor, numerosas manifestaciones culturales pudieron conservarse y ser conocidas por nuevas generaciones.

Más de medio siglo después de su muerte, José María Arguedas continúa siendo una figura imprescindible para comprender el Perú. Su literatura demuestra que las diferencias culturales no deben entenderse como barreras, sino como una extraordinaria riqueza capaz de construir una sociedad más plural y más consciente de su propia historia.

Preguntas frecuentes sobre la última carta de José María Arguedas

¿Cuándo escribió José María Arguedas su última carta?

La carta fue redactada el 27 de noviembre de 1969, un día antes de que el escritor atentara contra su vida en la Universidad Nacional Agraria La Molina.

¿A quién estaba dirigida la carta?

El documento fue dirigido al rector, a los profesores y a los estudiantes de la Universidad Nacional Agraria La Molina, institución donde Arguedas trabajó como docente e investigador.

¿Por qué eligió la Universidad Agraria?

Porque la consideraba su "Casa de todas mis edades". En la carta explica que veía a la universidad como el lugar al que pertenecía su trabajo intelectual y donde deseaba ser recibido tras su muerte.

¿Dónde puede leerse la carta completa?

La carta puede consultarse en publicaciones especializadas y en diversas recopilaciones dedicadas a José María Arguedas. En este artículo se reproduce íntegramente para facilitar su lectura y comprender mejor el contexto en el que fue escrita.

¿Cuál fue la última novela de José María Arguedas?

Su última novela fue El zorro de arriba y el zorro de abajo, publicada de manera póstuma. La obra incluye fragmentos de sus diarios personales y constituye uno de los testimonios más importantes sobre sus últimos años de vida.

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Reflexión de Mar de fondo

Leer la última carta de José María Arguedas es acercarse a uno de los momentos más delicados de la historia intelectual peruana. Más allá del dolor que transmite, el documento revela la enorme coherencia de un hombre que dedicó su existencia al estudio del Perú, a la defensa de las culturas andinas y a la formación de nuevas generaciones.

Si esta carta despierta tu interés por conocer mejor la vida y la obra de José María Arguedas, vale la pena acercarse también a sus novelas, sus investigaciones antropológicas y sus diarios personales. En conjunto, todos esos textos permiten comprender la extraordinaria sensibilidad de uno de los escritores más importantes de la literatura peruana y latinoamericana.

Y tú, ¿qué reflexión te dejó esta última carta? Te leo en los comentarios.

Mar de fondo

𝐵𝑟𝑦𝑎𝑛 𝑉𝑖𝑙𝑙𝑎𝑐𝑟𝑒𝑧 (Lima, 1990) Director del Blog de Mar de fondo. Estudié Comunicaciones, Sociología y soy autor del libro "Las vidas que tomé prestadas". Amante de los cuentos, cartas, diarios y novelas. Convencido de que "𝑈𝑛 𝑑𝑖́𝑎 𝑙𝑒𝑖́𝑑𝑜 𝑛𝑜 𝑒𝑠 𝑢𝑛 𝑑𝑖́𝑎 𝑝𝑒𝑟𝑑𝑖𝑑𝑜."

6 Comentarios

  1. Intenso y agudo el drama de vida q ha transitado. Se lo nota ejemplar y muy comprometido escritor. Sus palabras y reflexiones tienen un tinte moralizante....pero no se quedan en eso....sino q instan a la acción . Cosa no del todo fácil en aquel Perú de los años `60 cruzado por tendencias revolucionarias

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  2. Para nosotros los Argentinos,el Perú del siglo XX es un mundo convulsionado q se rehace a si mismo continuamente ,donde gravitan la sangre quechua,la conciencia obrera de clase,la época colonial, una aristocracia de raigambre hispana q nunca se fue .....y nuevas capas sociales q van surgiendo con los cambios en la estructura de sus ciudades y sus grados de integración

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  3. Recién me enteo que habíaa escrito una carta antes de su muerte. Ahora todo tiene sentido.

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