El drama de Guy de Maupassant, el genio que terminó con camisa de fuerza

¡Buenos días amigos y amigas, seguidores de Mar de fondo! Hemos llegado a los 22 mil seguidores y seguimos compartiendo cada vez más nuevo contenido. En esta oportunidad voy a contarles más detalles acerca de la vida de uno de mis escritores favoritos, Guy de Maupassant, un genio del relato breve de la talla de Poe y Lovecraft, que terminó sumido en las más aguda locura ¡Veamos!

Imagen tomada de Yeyebook.com


Ribeyro y Maupassant

Heredé el gusto por Maupassant a través de Julio Ramón Ribeyro, quien ya se había referido a él en un artículo periodístico que puedes leer aquí. Pero es a raíz de esta primera conexión que empiezo a descubrir al escritor francés nacido en 1850, quien en apenas 43 años supo alcanzar la gloria y la fama en el mundo de las letras, pero también la más desgarradora historia y un trágico final para una de las mentes más brillantes del canon del cuento. Esta es su historia...

Nació un Genio

La vida de Maupassant sigue generando admiración y asombro entre sus seguidores. Su locura o camino a ella es prácticamente identificable entre sus escritos, el lector más acucioso puede notar en sus textos la huella de la obsesión, la monomanía, insumos que lo llevaron a perderse a sí mismo. 

Maupassant nació en 1850, en el seno de una familia aristocrática en Normandía, a simple vista tenía todos los recursos para vivir de una infancia feliz, pero esto no fue así. Sus padres estaban envueltos en constantes discusiones debido a las aventuras de su progenitor. Su padre fue un hombre violento y disoluto; su madre, era una neurótica.

El éxito de Maupassant a los 30 años

Después de una infancia entre comillas, Guy de Maupassant alcanzó el éxito en 1880. Es bien documentada su amistad con el mítico escritor francés Gustave Flaubert, quien le corregía los textos y fungió de padre literario. Con tan solo treinta años, el cuento "Bola de Sebo" lo catapultó a la fama, y la crítica y el público lo acompañaron hasta el final de sus días. Durante 13 años Maupassant acumuló una impresionante cantidad de textos, su creatividad propia de un genio lo llevó a explorar los recursos más recónditos del miedo y la mente humana.

Siempre he pensado, como con tantos otros autores jóvenes, que su producción literaria hubiese alcanzado una evolución sin igual de no haber partido tan pronto. Autor de novelas, cuentos cortos, crónicas periodísticas, todos estos géneros estaban marcados por un pesimismo y nihilismo existencial cada vez más agudos. Sus textos reflejaban la mano de Flaubert en cuanto al naturalismo heredado por éste.

Los textos de Maupassant denotaban y connotaban signos de locura, recursos que iban más allá del insumo literario, diría: "Los locos me atrajeron siempre, y siempre me vuelvo hacia ellos, llamado a mi pesar por ese misterio banal de la demencia» (cit. en Murat, 2001). De esta forma, locura, pero también muerte, suicidio, enajenación mental y fuerzas ocultas turban la mente del escritor y guiaban sus relatos.

Gracias a sus biógrafos hoy sabemos que padecía sífilis y se supone que fue esta enfermedad la que le condujo hacia la demencia y la muerte; pero lejos de lamentarse de ello, Maupassant se ufanaba de sufrir esta enfermedad que para la época era sinónimo de hombría.

«Es la muerte inminente y estoy loco. Mi cabeza esta ida. Adiós amigo, no me volverá a ver» (cit. en Murat, 2001).

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Aparente salud de Maupassant

Si hubiésemos sido franceses y vivido en esa época, hubiéramos visto en Guy de Maupassant un hombre "muy saludable", pues su fuerza física y alegría le brindaban una apariencia equilibrada, completamente sana. Entre los contemporáneos, Lemaitre decía "robusto burgués campesino". Emile Zona, declaró "Maupassant es la salud, la mismísima fuerza de la raza ¡Ah! ¡qué delicia glorificar por fin a uno de los nuestros, a un latino con la cabeza bien puesta, límpida y sólida, un constructor de hermosas frases, deslumbrantes como el oro, puras como el diamante!»

Siempre se evoca al remero, orgulloso de sus proezas de todo tipo, que "testimonian de un modo soberbio su vigor físico".

Sin embargo, Maupassant acometió un trabajo enorme. Una desgastante labor literaria que lo lleva a producir textos por todos lados. En el día las hazañas físicas, por la noche la redacción de crónicas y cuentos. Se sabe que para excitarse recurrió a la cocaína, la morfina, al haschis (Lombroso). Era adicto al éter. Encuentra en ello nuevas sensaciones "solamente posibles para hombres inteligentes, muy inteligentes, peligrosas como todo lo que sobrexcita nuestros órganos, pero exquisitas", decía en el cuento El tío Milon.

El HORLA: la locura en su máxima expresión

El esplendor y talento de Maupassant en un camino gradual hacia la locura, lo llevó a escribir "El Horla", una breve pero magistral narración. En este cuento se relata la experiencia de un hombre, que al volver en un baro procedente de Brasil, comienza a ser poseído por su doble invisible. La víctima se comienza a sentir vacía y mientras que el espectro se va fortaleciendo.

La creatividad de Maupassant proviene también de sus propios traumas y angustias. Era común que en la Francia del siglo XIX, varios poetas y escritores se mostraran interesados en los oscuros caminos de la mente y volcaran su creatividad a partir de éstos.

Antes de los 26 y 27 años el joven Maupassant experimentaba una predisposición a la locura, pero después la enfermedad comienza a acelerarse debido a sus excesos al punto de alcanzar el delirio crónico, como mencionan Magnan y Sérieux:

1º Periodo de incubación: desapercibido, pero en el que una observación minuciosa puede descubrir de la inquietud.

2º Sistematización inicial: Preocupaciones penosas. Delirio de persecución. El enfermo está poseído. Todo esto se manifiesta en Maupassant: sus angustias, su miedo, sus procesos, sus alucinaciones, el Horla.

3º Sistematización cada vez más acentuada: delirio de grandeza (recuérdese a Maupassant y su historia acerca del almirante Duperré).

4º Periodo terminal, o de demencia. La descripción que nuestro maestro, el profesor Rémond, da del delirio crónico se ajusta de maravilla a la locura de Maupassant.

La enfermedad no comienza hasta los treinta años mediante un malestar general: «El sujeto que se siente fatigado, que duerme mal, que trabaja con menos facilidad, parecería un melancólico si (esta es una característica importante) éste no buscase en su entorno las explicaciones a su malestar como el melancólico los encuentra en sí mismo» (Rémond). Poco a poco el estado se agrava: aparecen los delirios persecutorios y con ellos la alucinación auditiva, progresiva.

De esta manera, Maupassant y su triste demencia crean la palabra "Horla", un neologismo que cristaliza el padecer del enfermo. Maupassant hasta el final de sus días, como en El Horla, se siente poseído por el demonio y dice: 

"¡Ah! ¡Ahora recuerdo el hermoso bergantín brasileño que pasó frente a mis ventanas remontando el Sena, el 8 de mayo último! Me pareció tan hermoso, blanco y alegre. Allí estaba él que venía de lejos, ¡del lugar de donde es originaria su raza! ¡Y me vio! Vio también mi blanca vivienda, y saltó del navío a la costa. ¡Oh Dios mío! Ahora ya lo sé y lo presiento: el reinado del hombre ha terminado... ¡Desgraciados de nosotros! ¡Desgraciado del hombre! Ha llegado el... el... ¿cómo se llama?...él ... parece qué me gritara su nombre y no lo oyese... él... sí... grita... Escucho... ¿cómo?... repite... el... Horla... He oído... el Horla... es él... ¡el Horla... ha llegado! ..." (El Horla).

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Muerte de Guy de Maupassant

Maupassant se fue encerrando cada vez más en su soledad, agobiado, abatido, fustigado por pesadillas y "presencias" que no lo dejaban descansar, comienza a alucinar. Hay una obsesión por la enfermedad, todo eso salta a la vida pública y comienza a desconfiar de los editores, médicos, amigos. Es así que el primero de enero de 1892, intenta suicidarse. Posteriormente internado en el manicomio, su vida se irá pagando, arrastrado tal vez por esa presencia oscura que lo devastaba. En dieciocho meses Guy de Maupassant, perderá la vida, sumido en la locura y una inconsciencia que solo se veía alterada por los recurrentes episodios de violencia. Uno de los más recordados: el día que tuvieron que vestirlo con una camisa de fuerza.

Fuente: Trabajos Noemí Figueroa Denche Ángel Cagigas (1) y Dr. Zacharie LACASSAGNE (2) 



Mar de fondo

𝑆𝑜𝑦 𝐵𝑟𝑦𝑎𝑛 𝑉𝑖𝑙𝑙𝑎𝑐𝑟𝑒𝑧 (Lima, 1990) creador del Blog de Mar de fondo. Estudié Comunicaciones, Sociología y estoy escribiendo un libro. Soy un amante de los cuentos, cartas, diarios y novelas. Convencido de que "𝑈𝑛 𝑑𝑖́𝑎 𝑙𝑒𝑖́𝑑𝑜 𝑛𝑜 𝑒𝑠 𝑢𝑛 𝑑𝑖́𝑎 𝑝𝑒𝑟𝑑𝑖𝑑𝑜"

12 Comentarios

  1. Excelente, desde Peru, leo éstas espléndidas publicaciones. Gracias.

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  2. He sentido de pronto, la más pura admiración, tanto por sus publicaciones como por su corta edad. También; como a vos, la literatura me produce un placer inconmensurable, y leo desde que soy un niño. Infinitos agradecimientos mi estimado Mar de fondo!

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  3. Sus publicaciones alimentan mi espíritu...

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  4. Gracias por mostrar la vida de este genió atormentado que fue este gran cuentista.

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  5. Excelente nivel tu blog. Gracias!!!

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  6. Recuerdo haber leído un artículo donde se mencionaba aspectos de su vida, allí se decía que murió por gran medida a causa de las úlceras porque llegó al punto de beber hasta 12 tazas de café al día y como tenía una vida acomodada, vivía todo el día en su cuarto sentado escribiendo. Fue un punto importante para comprender su locura postuma.

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