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| Miguel Unamuno, figura clave de la literatura española. |
¡Hola, lectores! Miguel de Unamuno explora como pocos la profundidad del alma humana. En El amor que asalta, el escritor español nos enfrenta a una reflexión radical sobre el amor, la existencia, el tedio vital y la felicidad entendida como una experiencia extrema.
Publicado originalmente en Los Lunes de El Imparcial en 1912, este cuento breve condensa muchas de las obsesiones filosóficas de Unamuno: la angustia existencial, la búsqueda de sentido y la imposibilidad de vivir a medias. A continuación, te compartimos el cuento completo de Miguel de Unamuno, acompañado de un breve contexto para su lectura.
Contexto literario de El amor que asalta
Este relato forma parte de la narrativa breve de Unamuno, donde el amor no aparece como ideal romántico, sino como una fuerza arrolladora, casi fatal. El cuento dialoga con la tradición existencial y anticipa reflexiones que luego serán centrales en la filosofía del siglo XX.
A continuación, el texto íntegro del relato:
EL AMOR QUE ASALTA
¿Qué es eso del amor, de que están siempre hablando tantos hombres y que es el tema casi único de los cantos de los poetas? Es lo que se preguntaba Anastasio. Porque él nunca sintió nada que se pareciese a lo que llaman amor los enamorados. ¿Sería una mera ficción, o acaso un embuste convencional con que las almas débiles tratan de defenderse de la vaciedad de la vida, del inevitable aburrimiento? Porque, eso sí, para vacuo y aburrido, y absurdo y sin sentido, no había, en sentir de Anastasio, nada como la vida humana.
Arrastraba el pobre Anastasio una existencia lamentable, sin estímulo ni objetivo para el vivir, y cien veces se habría suicidado si no aguardase, con una oscura esperanza a prueba de un continuo desengaño, que también a él le llegase alguna vez a visitar el amor. Y viajaba, viajaba en su busca, por si cuando menos lo pensase le acometía de pronto en una encrucijada del camino.
No sentía codicia de dinero, disponiendo de una modesta, pero para él más que suficiente fortuna, ni sentía ambición de gloria o de honores, ni anhelo de mando y poderío. Ninguno de los móviles que llevan a los hombres al esfuerzo le parecía digno de esforzarse por él, y no encontraba tampoco el más leve consuelo a su tedio mortal ni en la ciencia, ni en el arte, ni en la acción pública. Y leía el Eclesiastés mientras esperaba la última experiencia, la del amor.
Habíase dado a leer a todos los grandes poetas eróticos, a los analistas del amor entre hombre y mujer, las novelas todas amatorias, y descendió hasta esas obras lamentables que se escriben para los que aún no son hombres del todo y para los que dejaron en cierto modo de serlo: se rebajó hasta escarbar en la literatura pornográfica. Y es claro, aquí encontró menos aún que en otras partes huella alguna del amor.
Y no es que Anastasio no fuese hombre hecho y derecho, cabal y entero, y que no tuviese carne pecadora sobre los huesos. Sí, hombre era como los demás, pero no había sentido el amor. Porque no sabía que fuese amor la pasajera excitación de la carne que olvida la imagen provocadora. Hacer de aquello el terrible dios vengador, el consuelo de la vida, el dueño de las almas, parecíale un sacrilegio, tal como si se pretendiese endiosar al apetito de comer. Un poema sobre la digestión es una blasfemia.
No, el amor no existía en el mundo para el pobre Anastasio. Leyó y releyó la leyenda de Tristán e Iseo, y le hizo meditar aquella terrible novela del portugués Camilo Castello Branco: A mulher fatal. «¿Me sucederá así? -pensaba-. ¿Me arrastrará tras de sí, cuando menos lo espere, y crea, la mujer fatal?». Y viajaba, viajaba en busca de la fatalidad ésta.
«Llegará un día -se decía- en que acabe de perder esta vaga sombra de esperanza de encontrarlo, y cuando vaya a entrar en la vejez sin haber conocido mi mocedad ni edad viril, cuando me diga: ¡Ni he vivido ni puedo ya vivir!, ¿qué haré? Es un terrible sino que me persigue, o es que todos los demás se han conchabado para mentir». Y dio en pesimista.
Ni jamás mujer alguna le inspiró amor, ni creía haberlo él inspirado. Y encontraba mucho más pavoroso que no poder ser amado el no poder amar, si es que el amor era lo que los poetas cantan. ¿Pero sabía él, Anastasio, si no había provocado pasión escondida alguna en pecho de mujer? ¿No puede acaso encender amor una hermosa estatua? Porque él era, como estatua, realmente hermoso. Sus ojos negros, llenos de un fuego de misterio, parecían mirar desde el fondo tenebroso de un tedio henchido de ansias; su boca se entreabría como por una sed trágica; en todo él palpitaba un destino terrible.
Y viajaba, viajaba desesperado, huyendo de todas partes, dejando caer su mirada en las maravillas del arte y de la naturaleza, y diciéndose: «¿Para qué todo esto?».
Era una tarde serena del tranquilo otoño. Las hojas, amarillas ya, se desprendían de los árboles e iban envueltas en la brisa tibia a restregarse contra la hierba del campo. El sol se embozaba en un cendal de nubes que se desflecaban y deshacían en jirones. Anastasio miraba desde la ventanilla del vagón cómo iban desfilando las colinas. Bajó en la estación de Aliseda, donde daban a los viajeros tiempo para comer, y fuese al comedor de la fonda, lleno de maletas.
Sentose distraídamente y esperó le trajesen la sopa. Mas al levantar los ojos y recorrer con ellos distraídamente la fila de los comensales, tropezaron con los de una mujer. En aquel momento metía ella un pedazo de manzana en su boca, grande, fresca y húmeda. Claváronse uno a otro las miradas y palidecieron. Y al verse palidecer palidecieron más aún. Palpitábanles los pechos. La carne le pesaba a Anastasio; un cosquilleo frío le desasosegaba.
Ella apoyó la cara en la diestra y pareció que le daba un vahído. Anastasio entonces, sin ver en el recinto nada más que a ella, mientras el resto del comedor se le esfumaba, se levantó tembloroso, se le acercó, y con voz seca, sedienta, ahogada y temblona, le cuchicheó casi al oído:
Recogieron sus maletas, tomaron un coche y emprendieron la marcha al pueblo de Aliseda, que dista cinco kilómetros de su estación. Y en el coche, sentados el uno frente al otro, tocándose las rodillas, mejiendo sus miradas, le cogió la mujer a Anastasio las manos con sus manos y fue contándole su historia. La historia misma de Anastasio, exactamente la misma. También ella viajaba en busca del amor; también ella sospechaba que no fuese todo ello sino un enorme embuste convencional para engañar al tedio de la vida.
Los Lunes de El Imparcial, 1912
Interpretación y claves de lectura del cuento
El amor que asalta no es un relato romántico en el sentido tradicional. Unamuno presenta el amor como una experiencia absoluta, tan intensa que el cuerpo y la razón no pueden sostenerla. Anastasio y Eleuteria no mueren por suicidio, sino por exceso de felicidad, una idea profundamente perturbadora para su época… y para la nuestra.
El cuento plantea preguntas profundas: ¿puede el ser humano resistir la plenitud?, ¿es el amor una promesa o una amenaza?, ¿qué ocurre cuando la búsqueda termina?
Miguel de Unamuno y el amor como tragedia
En la obra de Unamuno, el amor rara vez es reposo. Es lucha, revelación y, muchas veces, condena. Este relato dialoga con su pensamiento existencial y con su visión trágica de la vida, donde vivir intensamente implica asumir el riesgo final.
Si te interesa seguir explorando la narrativa breve del autor, te recomendamos también: “El espejo de la muerte”, otro cuento esencial de Miguel de Unamuno.
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Excelente!! Disfrutó mucho de la narrativa de Unamuno al máximo!! Gracias!!
ResponderEliminarGracias, me alegro que haya sido aquí :D
EliminarDefinitivamente esas selecciones de cuentos de Mar de fondo son exquisitas 😍
ResponderEliminarHola!! muchas gracias :). lectora
EliminarEl amor en un solo instánte es el auténtico amor, si se demora o se extiende perece, es finito.
ResponderEliminarSe ama tanto en tan poco tiempo!
EliminarUnamuno me trajo a la literatura y aquí estoy echo un esclavo de sus cuentos, ensayos, poemas y novelas por una eternidad. Juan Camilo saludos a todos lo colegas.
ResponderEliminarEs increíble como llegamos a conectar con un autor. Me pasa con Ribeyro
EliminarIncreíble lo que acabo de leer 📖⚘️
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