El marido de su mujer, cuento completo de Antón Chéjov y análisis literario

Uno de los cuentos más irónicos de Antón Chéjov. Descubre su historia completa y análisis literario.

Escena inspirada en el cuento El marido de su mujer de Anton Chejov que refleja tension matrimonial y relaciones complejas
Uno de los relatos más irónicos y brillantes de Chéjov.

¡Hola, lectores! 😀Antón Chéjov es considerado uno de los escritores más brillantes de la literatura rusa y uno de los maestros indiscutibles del cuento moderno. Su capacidad para retratar las contradicciones humanas, las tensiones sociales y la ironía cotidiana convirtió sus relatos en verdaderas piezas maestras que continúan fascinando a lectores de todo el mundo.

En esta ocasión retomamos uno de sus cuentos más entretenidos y mordaces: El marido de su mujer, una historia donde Chéjov explora el oportunismo, la dependencia económica y las transformaciones humanas cuando aparece el dinero como fuerza dominante dentro de las relaciones personales.

Si te interesa descubrir cómo la literatura clásica sigue revelando aspectos profundamente actuales sobre el ego, el poder y las relaciones de pareja, este relato de Antón Chéjov merece una lectura atenta.

¿De qué trata "El marido de su mujer" de Antón Chéjov?

El marido de su mujer narra la historia de Natalia Brónina, una exitosa cantante de opereta, y de su esposo Denis Nikitkin, un hombre que ha abandonado su vida ordinaria para vivir bajo la sombra del éxito económico de su esposa.

Lo que comienza como una escena doméstica aparentemente trivial termina revelando una profunda crítica social: el marido, antes modesto y trabajador, ha desarrollado ambiciones desmedidas gracias al dinero que ahora rodea su entorno. Poco a poco, el lector descubre una dinámica matrimonial marcada por el resentimiento, la manipulación y una dependencia económica que corroe la relación.

Con su habitual ironía, Chéjov construye un relato donde el dinero no solo transforma a las personas, sino también sus valores, su dignidad y su identidad.

NO TE PIERDAS:  Cinco anécdotas de Antón Chéjov para conocer a la persona detrás del genio.

Lectura completa de El marido de su mujer

Vísperas de fiesta. La cantante de opereta Natalia Andréievna Brónina, Nikítkina por su marido, está tendida en su dormitorio y entregada al reposo. Dormita dulcemente y piensa en su hijita pequeña, que vive lejos, en casa de la abuela o de una tía… Esta niña encierra para ella más valor que el público, que los ramos de flores, que las críticas y que los admiradores. De buena gana se pasaría pensando en ella hasta el amanecer. Se siente dichosa y tranquila, y su mayor ilusión sería que nadie le molestase, para seguir tumbada sin preocupaciones, dormitando y soñando con su hija.

De pronto se estremece y abre los ojos; suena en el recibidor un campanillazo brusco. Antes de diez segundos se oye otro y, luego, un tercero. La puerta se abre ruidosamente y alguien penetra en el recibidor pateando el suelo como un caballo y bufando de frío.

—¡Maldito diablo, no hay dónde colgar el abrigo! —oye la cantante una voz ronca—. ¡Quién diría que se trata de una artista conocida! Ganando cinco mil rublos al año, no puede comprar ni siquiera una percha decente.

“Mi marido —frunce Brónina el ceño—. Y parece que ha traído a pasar la noche a alguno de sus amigotes. ¡Qué fastidio!”.

Se acabó la calma. Cuando en el recibidor se apaga el ruido que producen los recién llegados sonándose las narices y quitándose los chanclos, la cantante oye en su dormitorio pasos cautelosos. Acaba de entrar el marido. Denis Petrovich Nikitkin. Trae un hálito del frío de la calle y un fuerte olor a coñac. Pasea largamente por al dormitorio, respira con dificultad y busca algo, tropezando con las sillas a causa de la oscuridad.

—¿Qué quieres? —gime Brónina molesta por aquel trajín—. Me has despertado.

—Busco cerillas, amor mío. ¿De modo que… no estás durmiendo? Te traigo un saludo. Te lo envía ese…, ¿cómo se llama el pelirrojo que siempre está regalándote ramos de flores? ¡Ah, sí, Zagvozsdkin! Acabo de estar en su casa.

—¿Para qué has ido?

—Se terció, y fui. Charlamos un rato…, nos tomamos unas copas… Digas lo que digas, Natalia, ese sujeto no me gusta ni chispa. Un imbécil como hay pocos. Es un ricachón, un capitalista; se le calculan alrededor de seiscientos mil rublos, pero no se le notan lo más mínimo. Hace con el dinero lo que el perro del hortelano: ni come ni deja que coman los demás. El capital debe ser puesto en circulación, pero él lo guarda bajo siete llaves, no sea que se le escape. ¿Y qué utilidad reporta un capital encerrado? Un capital encerrado es igual que nada.

El marido palpa el borde de la cama y, resoplando, se sienta a los pies de su mujer.

—El capital inactivo es dañino —prosigue—. ¿Por qué marchan tan mal las cosas en Rusia? Porque hay demasiados capitales inactivos, porque se tiene miedo a moverlos. No sucede lo que en Inglaterra. En Inglaterra no hay gansos como Zagvozdkin. Allí cada céntimo está en circulación. Sí, señora. No guardan el dinero en baúles…

—Muy bien, pero yo quiero dormir.

—Ahora mismo termino… ¿De qué iba hablando? Ah, ya recuerdo. Con arreglo al espíritu de nuestra época, habría que ahorcar a ese Zagvozdkin, y sería poco. Es un canalla y un idiota. Un idiota y nada más. Si yo le hubiera pedido el préstamo sin garantías… Pero hasta un chiquillo hubiera visto que no corría ningún riesgo. ¡Sin embargo, el muy animal no lo comprende! Por diez mil rublos hubiera recibido cien mil. Y un año más tarde se hubiera embolsado otros cien mil. Por más que le pedí y le rogué, no me hizo el préstamo el muy estúpido.

—Espero que no se lo pedirías en mi nombre.

—Extraña pregunta —se enfada el marido—. En cualquier caso, siempre me prestará los diez mil rublos a mí antes que a ti. Tú eres una mujer, mientras que yo soy un hombre de negocios. ¡Qué proyecto le he expuesto! Nada de castillos en el aire ni de quimeras irrealizables, sino negocios, cosas palpables. De tropezar con una persona de talento, me ofrecería hasta veinte mil rublos por la idea. Hasta tú te darás cuenta del asunto si te lo explico. Pero, eso sí…, no lo divulgues por ahí…, no se te ocurra… Me parece que ya te he dicho algo. ¿Te he hablado alguna vez de las tripas?

—¡Mmm…! Ya me lo dirás en otra ocasión…

—Creo que te he apuntado algo… ¿Te haces cargo de lo que se trata? Los salchicheros compran ahora las tripas para los embutidos en el mercado local, a un precio muy alto. Si las importamos del Cáucaso, donde están tiradas, pues ni siquiera las aprovechan…, ¿qué te parece? ¿A quién se las van a comprar: a los mataderos de aquí, o a mí? No cabe duda que a mí, pues las voy a vender diez veces más baratas. Ahora hagamos cuentas: todos los años se venden en la capital y en las capitales de provincias tripas por valor de unos…, de unos quinientos mil rublos. Eso tirando muy por lo bajo… Bueno, pues si…

—Mañana me lo cuentas. Ya tendrás ocasión…

—Cierto, cierto… Tienes sueño. Pardón… Me marcho ahora mismo. Dígase lo que se diga, habiendo capital salen bien todos los negocios en que te metas… Con buenos recursos puede ganarse un millón hasta vendiendo colillas. Si no, ahí tienes el ejemplo del teatro, de tu profesión. ¿Por qué se ha arruinado Lentovski? Pues muy sencillo: desde el primer momento orientó mal el asunto. Sin disponer de capital, tiró por todo lo alto. Lo primero que conviene es hacerse de capital, y luego ponerse en marcha poquito a poco. Hoy se puede hacer dinero con el teatro privado o popular. Si se ponen en escena buenas obras, a precio módico, acertando con el gusto del público, el primer año se mete uno cien mil rublos en el bolsillo. Tú no lo entiendes, pero es la pura verdad. Ya sé que te gustan también los capitales inactivos y que no eres mejor que ese payaso de Zagvozdkin. Ahorras sin saber para qué. No me obedeces ni quieres oír hablar de ello, pero si pusieras en circulación el dinero se acabarían tus penas en este mundo. Ten en cuenta que, al principio, bastaría con cinco mil rublos para montar una compañía propia. Naturalmente, nada de comenzar como Lentovski; habría que empezar con modestia, poquito a poco. Tengo ya empresario y he visto un local… Lo único que falta es dinero. Si tú te hicieras cargo de las cosas, hace tiempo que hubieran mandado al diablo tus bonos al cinco por ciento, tus réditos y tus cédulas…

—No, merci… Ya me has sableado bastante para que vengas ahora con un nuevo sableo. Basta. Ya he sido bien castigada…

—Con razonamientos de mujer no se va a ninguna parte —suspira Nikitkin, levantándose.

—Ya estoy harta. Anda, márchate y déjame dormir. Me fastidia oír tus chifladuras.

—¡Ejem…! ¡Siii…! Claro… La he sableado… La he robado… Nos acordamos de lo que damos, pero no de lo que pedimos.

—Nunca te he pedido nada.

—¿De veras? ¿Quién te mantenía antes que fueses una artista conocida? Permítame que le pregunte quién la sacó a usted de la miseria y la hizo feliz. ¿No se acuerda usted de eso?

—Bueno, vete a dormir. Duerme, que te hace falta.

—Si le parece que estoy borracho…, si me cree inferior a su persona, puedo marcharme del todo.

—Márchate. Harás muy bien.

—Claro que me marcho. Basta de humillaciones. Me marcho, me marcho…

—¡Por Dios, márchate de una vez! No sabes lo que me alegraría.

—Bueno, ya veremos.

Nikitkin chapurrea algo entre dientes y, tropezando con las sillas, sale del dormitorio. Poco después se oye en el recibidor un cuchicheo seguido de un portazo. El marido, seriamente enojado, se ha ido.

“Gracias a Dios que me he librado de él —piensa la cantante—. Menos mal que ya puedo dormir”.

Mientras concilia el sueño, piensa en su marido. ¿Quién es y de dónde ha salido tal sujeto? En tiempos vivía en Chernigov, donde trabajaba de tenedor de libros. Como hombre gris y ordinario, es decir, antes de ser el marido de su mujer, aún resultaba pasable: acudía a su oficina, cobraba su sueldo y todos sus proyectos se reducían a comprar una guitarra nueva, un pantalón de moda y una boquilla de ámbar. Al convertirse en “el marido de una celebridad”, cambió por completo. La cantante recuerda que cuando le anunció su decisión de dedicarse al teatro. Nikitkin protestó, se irritó, quejose a los padres de ella y hasta la echó de casa. Ella tuvo que poner en práctica su determinación en contra de la voluntad del marido. Pero éste, enterado por los periódicos y por otras referencias de que su mujer estaba ganando buenos dineros, la “perdonó”, abandonó su teneduría de libros y pasó a ser un satélite de ella. La artista se hacía cruces al verle: ¿cuándo y dónde había adquirido sus nuevos gustos, su refinamiento y sus ademanes? ¿Dónde había conocido el sabor de las ostras y de los vinos de Borgoña? ¿Quién le había enseñado a vestir a la moda, a peinarse y a decir Natalie en lugar de Natasha?

“Es raro —sigue reflexionando Brónina—. Antes cobraba y escondía el dinero para no gastarlo; ahora, en cambio, no le basta con cien rublos diarios. En otros tiempos no se atrevía a hablar en presencia de un estudiante de bachillerato por miedo a que se le escapase alguna patochada, y ahora se siente a sus anchas hasta con un príncipe. ¡Qué asco de tipo!”.

Pero un estremecimiento corta su meditación: acaba de sonar otro campanillazo en la puerta. La criada, refunfuñando y con un ruidoso chancleteo, va a abrir. Alguien entra de nuevo pataleando en el suelo como un caballo.

“¡Ya ha vuelto ése! —se lamenta la cantante—. ¿Me dejará tranquila alguna vez? ¡Es irritante!”.

La cólera se apodera de ella.

“¡Espera un momento! —ruge para sí—. ¡Ahora te voy a enseñar a hacer teatro! ¡Tú te vas de aquí! ¡A ti te hago yo marcharte!”.

Salta del lecho y corre, descalza, hasta la salita donde suele dormir el marido. Le encuentra desnudándose y colocando cuidadosamente la ropa sobre un sillón.

TE RECOMIENDO, LECTOR: Sentido de la vida según Dostoyevski: lección de El sueño de un hombre ridículo

—¿Cómo es que no te has ido? —le recrimina, fulminándole con una mirada en la que centellea el odio—. ¿Por qué has vuelto?

Nikitkin, callado, no hace más que bufar.

—¿No te habías ido? ¡Pues haz el favor de marcharte ahora mismo! ¿Me oyes? ¡Ahora mismo!

El marido de su mujer tose y, sin mirarla, se quita los tirantes.

—¡Si no te vas tú, sinvergüenza, me voy yo! —continúa gritando la cantante, mientras golpea el suelo con los pies desnudos y echa fuego por los ojos—. ¡Seré yo la que me iré! ¿Me oyes, cínico, infame, lacayo? ¡Fuera de aquí!

—Bien podías tener un poco de reparo ante una persona extraña… —murmura el marido.

La cantante vuelve la cabeza y solo entonces ve una cara desconocida. El visitante, que ha visto los hombros desnudos y los pies descalzos de la artista, se halla totalmente azarado.

—Te presento al empresario Bezbozhnikov —balbucea Nikitkin.

La mujer exhala un grito y huye a su dormitorio.

—Ahí tiene usted —concluye el marido, tendiéndose en el diván—. Todo marchaba como sobre ruedas: querido mío, amor de mi vida, encanto, besos y abrazos… Pero en cuanto se trató de dinero, fíjese… ¡Lo que puede el dinero…! Buenas noches.

Un minuto más tarde se le oía roncar.

FIN
1885

Análisis literario de El marido de su mujer

Este cuento permite apreciar una de las grandes fortalezas narrativas de Antón Chéjov: retratar conflictos profundamente humanos a partir de situaciones aparentemente pequeñas o domésticas. Lo que parece una simple discusión matrimonial termina convirtiéndose en una crítica a la ambición económica y a la fragilidad de la identidad social.

La ironía final, característica del autor ruso, funciona como una inversión cómica pero al mismo tiempo dolorosa: el esposo que aparenta autoridad termina evidenciando su dependencia absoluta del dinero y del éxito de su esposa.

Temas principales

  • La transformación de las personas a causa del dinero.
  • La dependencia económica dentro del matrimonio.
  • La ambición desmedida.
  • La pérdida de identidad personal.
  • La hipocresía social.
  • El oportunismo en las relaciones humanas.

Personajes y función simbólica

Natalia Brónina: representa el esfuerzo individual, el talento y la independencia económica femenina, algo poco habitual en la sociedad de finales del siglo XIX.

Denis Nikitkin: simboliza el oportunismo y la transformación moral que ocurre cuando alguien vive indirectamente del éxito ajeno.

Bezbozhnikov: funciona como catalizador del desenlace irónico y como espejo que deja expuesta la intimidad deteriorada del matrimonio.

Estilo y contexto

Chéjov escribió este relato en 1885, dentro de una Rusia marcada por grandes desigualdades económicas y una burguesía emergente obsesionada con el ascenso social.

Su estilo se caracteriza por la economía narrativa, el uso brillante del diálogo y una ironía fina que evita los juicios explícitos, dejando que sean las acciones de los personajes las que revelen la verdadera crítica social.

En este cuento observamos a un Chéjov especialmente agudo para mostrar cómo el dinero altera la dignidad y modifica radicalmente las relaciones afectivas.

TE RECOMIENDO LEER: La carta más triste de Charles Bukowski tras una pérdida devastadora

¿Por qué leer hoy a Antón Chéjov?

Más de un siglo después, los cuentos de Antón Chéjov continúan resultando extraordinariamente actuales. Sus personajes enfrentan conflictos universales: ambición, frustración, ego, dependencia emocional y desigualdad social.

El marido de su mujer demuestra que muchas tensiones humanas permanecen intactas, incluso en el mundo contemporáneo. Cambian los escenarios, pero no siempre cambian las debilidades humanas.

Leer a Chéjov hoy significa comprender mejor la condición humana a través de una narrativa elegante, breve y profundamente inteligente.

Te recomendamos seguir leyendo

Lector ¿Qué te pareció este relato de Antón Chéjov? ¿Crees que el dinero puede transformar por completo la personalidad de una persona? Te leemos en los comentarios. Como siempre, seguimos navegando juntos en este inmenso Mar de fondo.


AVISO LEGAL: Los cuentos, poemas, fragmentos de novelas, ensayos y todo contenido literario que aparece en Mar de fondo podrían estar protegidos por derechos de autor (copyright). Si por alguna razón los propietarios no están conformes con el uso de ellos, por favor escribirnos y nos encargaremos de retirarlos inmediatamente.

Mar de fondo

𝐵𝑟𝑦𝑎𝑛 𝑉𝑖𝑙𝑙𝑎𝑐𝑟𝑒𝑧 (Lima, 1990) Director del Blog de Mar de fondo. Estudié Comunicaciones, Sociología y soy autor del libro "Las vidas que tomé prestadas". Amante de los cuentos, cartas, diarios y novelas. Convencido de que "𝑈𝑛 𝑑𝑖́𝑎 𝑙𝑒𝑖́𝑑𝑜 𝑛𝑜 𝑒𝑠 𝑢𝑛 𝑑𝑖́𝑎 𝑝𝑒𝑟𝑑𝑖𝑑𝑜."

7 Comentarios

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  2. Un saludo para ti Bryan y para tu sitio web. Es un precioso blog con contenido valioso el que tienes aquí. Enhorabuena, por tu trabajo y el amor que le pones. Yo también estoy en esta aventura de los cuentos en www.uncuento.net, aunque desde otro enfoque. Te deseo mucho crecimiento y buenas energías en tu proyecto.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias por la buena vibra! te mando un abrazo y te deseo lo mejor también en tu proyecto. Está muy bonita tu web, acabo de verla

      Eliminar
  3. Es una visión bastante educativa de la Francia del siglo XIX

    ResponderEliminar
Artículo Anterior Artículo Siguiente