Diario literario: Olga Knipper y Antón Chéjov Correspondencia (1899-1904)

Después de meses vuelvo a hacer una reseña

Hace ya un tiempo terminé de leer la correspondencia entre Anton Chéjov y Olga Knipper. Puedo decir estoy sinceramente conmovido de la comunicación entre estos dos seres quienes se quisieron y se trataron con sumo cariño y respeto, con mucha consideración y hasta dependencia emocional el uno del otro. 


Chéjov cartas


Antón, por su parte, evoca una figura de amigo y esposo comprensivo, desprendido, que procura la libertad de su esposa dada la carrera de actriz que ejercía y la enfermedad que lo aquejaba y le impedía vivir con ella en Moscú. Nunca la condicionó y se adaptó a su estilo de vida. Las pocas veces que podían coincidir juntos era un momento aprovechable y feliz (precisamente son las pausas en la correspondencia). Durante ese periodo, viven juntos, se casan, vacacionan, son felices lejos de las páginas y solo regresan a ellas para nuevamente, a la distancia, extrañarse. 


Chéjov, dotado de una sensibilidad única también vacila en la importancia y pulcritud de sus obras y me identifico con él, ¿lo que escribo será valioso? ¿merece la pena ser presentado? ¿expuesto? ¿a alguien le importa las decenas y decenas de páginas furtivas?. Pero, en el caso de Antón: "¿esa obra teatral vale la pena ser puesta en escena?" recordemos que su pieza cumbre "La gaviota" tuvo al inicio una  pésima recepción. Pero ahí estaba su esposa, ahí estaba Olga para alentarlo, para darle ánimos y contarle cómo la crítica se volvía benevolente y cómo el público valoraba y se conmovía con cada escena. 


Pero sin duda, amigos míos, el personaje de este libro no es Antón Chéjov (pues no necesita más gloria) es sin duda Olga Knipper ¿por qué? por su infinita sensibilidad que se manifiesta en su manera de escribir:


"Cómo escritor eres necesario, muy necesario, necesario para descansar, para que la gente comprenda que hay poesía en el mundo, belleza de verdad, sentimientos elevados, almas buenas, humanas y que la vida es grande y bella", Olga. 


Y porque aún muerto Chéjov, ella siguió escribiendo cartas para él, contándole lo que hace y cómo lo extraña. Ese es el verdadero sentido de pertenencia, de lealtad. Tras la partida de Chéjov ella diría: 


"Ahora me parece extraño escribirte, pero tengo un irracional deseo de hacerlo. Y mientras te escribo siento que estás vivo, en alguna parte, esperando mi carta...¡si yo hubiera sabido que te ibas a ir de esta vida!".


Con estas palabras se va cerrando el libro y mi conclusión es que ahí, en esa correspondencia, la estrella es Olga, quien da vida a un amor y una devoción que trasciende la muerte y que nos enseña que la distancia entre las personas es inevitable, pero la literatura, el texto y los recuerdos plasmados en ellos los mantienen vivos, nos mantienen conectados y sobre todo nos permiten conversar. Un libro altamente recomendado, de principio a fin.  

Deja un comentario

Sigue a Mar de fondo