El gallo de oro de Juan Rulfo: resumen, inicio y análisis

Descubre El gallo de oro de Juan Rulfo, la novela menos conocida de Juan Rulfo. Conoce su historia, personajes y análisis. 

El gallo de oro de Juan Rulfo, ilustración inspirada en Dionisio Pinzón con un gallo de pelea en un pueblo mexicano.
Ilustración inspirada en El gallo de oro de Juan Rulfo

¡Hola, lectores! 😀 Cuando pensamos en Juan Rulfo, inmediatamente vienen a nuestra memoria dos libros que transformaron para siempre la literatura latinoamericana: Pedro Páramo y El llano en llamas. Ambas obras bastaron para convertir al escritor mexicano en uno de los autores más influyentes del siglo XX. Sin embargo, existe un tercer libro que durante décadas permaneció prácticamente olvidado y que hoy comienza a recibir el reconocimiento que merece: El gallo de oro.

A diferencia de Pedro Páramo, donde la muerte y la memoria construyen una narración fragmentada y profundamente simbólica, El gallo de oro nos conduce hacia un universo dominado por las ferias populares, los palenques, las apuestas y los sueños de ascenso social. Allí conoceremos a Dionisio Pinzón, un humilde pregonero cuya vida cambiará cuando el destino ponga en sus manos un gallo aparentemente condenado a morir.

Bajo la apariencia de una historia sobre peleas de gallos se esconde una profunda reflexión acerca de la ambición, la fortuna, el poder y el precio que muchas veces pagamos por alcanzar aquello que más deseamos.

En este artículo descubrirás de qué trata El gallo de oro, cuál fue su complicada historia editorial, quiénes son sus personajes principales, qué temas desarrolla y por qué esta novela merece ocupar un lugar junto a las grandes obras del escritor mexicano.

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¿Qué es El gallo de oro de Juan Rulfo?

El gallo de oro es una novela corta escrita por Juan Rulfo entre 1956 y 1958. Aunque fue concebida poco después de Pedro Páramo, permaneció inédita durante más de veinte años y recién fue publicada en 1980.

La historia sigue el recorrido de Dionisio Pinzón, uno de los hombres más pobres de San Miguel del Milagro. Debido a una discapacidad física y a la falta de oportunidades laborales, sobrevive trabajando como pregonero del pueblo. Sin embargo, un hecho inesperado cambiará completamente su destino: el hallazgo de un gallo de pelea gravemente herido.

Desde ese momento, Dionisio ingresará en el apasionante mundo de las peleas de gallos, las apuestas y las ferias mexicanas. Allí conocerá a Bernarda Cutiño, conocida como La Caponera, una carismática cantante que ejercerá una influencia decisiva sobre su vida.

Más allá de su argumento, la novela funciona como una metáfora sobre el deseo de escapar de la pobreza y sobre cómo la riqueza puede transformar profundamente la personalidad de un individuo.

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¿Por qué El gallo de oro permaneció olvidado durante tantos años?

Uno de los aspectos más curiosos de esta obra es su accidentada historia editorial. Aunque Juan Rulfo terminó de escribirla hacia finales de los años cincuenta, el manuscrito permaneció guardado durante décadas.

Recién en 1980 apareció publicado dentro del volumen El gallo de oro y otros textos para cine. Sin embargo, aquella edición presentaba diversos problemas editoriales y numerosas diferencias respecto al manuscrito original.

Esta situación provocó que durante mucho tiempo muchos críticos consideraran la novela como un texto menor o incluso como un simple argumento cinematográfico. La enorme fama de Pedro Páramo también contribuyó a que pasara prácticamente desapercibida.

No fue sino hasta la publicación de una edición revisada y corregida, basada en los manuscritos conservados por el autor, cuando la crítica comenzó a valorar nuevamente el verdadero alcance literario de la obra.

Hoy numerosos especialistas consideran que El gallo de oro completa de manera natural el universo narrativo de Juan Rulfo y constituye una pieza imprescindible para comprender la evolución de su escritura.

¿Qué inspiró a Juan Rulfo para escribir El gallo de oro?

Buena parte de la riqueza de la novela proviene del conocimiento directo que Rulfo tenía sobre el mundo rural mexicano. Una influencia decisiva fue su tío paterno, David Pérez Rulfo, quien era charro, jinete y aficionado a las peleas de gallos.

Gracias a él, el escritor conoció de cerca el ambiente de los palenques, las ferias populares y las complejas relaciones sociales que se desarrollaban alrededor de las apuestas.

Pero Rulfo no se limita a describir ese universo como un simple escenario pintoresco. Los gallos, las apuestas y las cantadoras funcionan como símbolos de una sociedad donde la fortuna puede cambiar en cuestión de segundos y donde el éxito económico no garantiza la felicidad.

El autor también aprovecha este contexto para retratar la desigualdad social, la corrupción política, el machismo y las ilusiones de quienes creen que un golpe de suerte puede transformar completamente sus vidas.

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Resumen de El gallo de oro

La novela comienza presentándonos a Dionisio Pinzón, un humilde pregonero que vive junto a su anciana madre en condiciones de extrema pobreza. Debido a un problema en uno de sus brazos, apenas puede realizar trabajos físicos, por lo que sobrevive recorriendo las calles del pueblo anunciando objetos perdidos, celebraciones y noticias locales.

Su vida cambia radicalmente cuando recibe un gallo de pelea gravemente herido. Mientras todos consideran que el animal ya no tiene salvación, Dionisio decide cuidarlo pacientemente hasta devolverle la salud.

Contra todo pronóstico, el gallo comienza a ganar pelea tras pelea. Ese inesperado éxito introduce al protagonista en el mundo de los grandes apostadores y le permite abandonar poco a poco la pobreza que lo había acompañado durante toda su existencia.

Durante ese recorrido conoce a Bernarda Cutiño, llamada La Caponera, una famosa cantante de ferias cuya presencia parece atraer la buena fortuna. Dionisio empieza a creer que su éxito depende de permanecer siempre junto a ella.

Lo que al principio parecía una historia de superación termina convirtiéndose en una profunda reflexión sobre la ambición. A medida que acumula riqueza, Dionisio también desarrolla un creciente miedo a perder todo lo conseguido. El dinero comienza a dominar su carácter, afectando sus relaciones personales y transformando su manera de entender el mundo.

Así, El gallo de oro deja de ser únicamente una novela sobre peleas de gallos para convertirse en una poderosa historia acerca del deseo, la fortuna, el poder y las consecuencias que pueden acompañar al éxito cuando este se convierte en una obsesión.

También puedes ller todos los cuentos de Rulfo aquí en Mar de fondo como por ejemplo "Macario" de 1946, "Es que somos muy pobres" de 1948, "La cuesta de las comadres" y en 1950 "Talpa"; y cómo no el popular "El llano en llamas".

Personajes principales de El gallo de oro

Dionisio Pinzón

Dionisio Pinzón es el protagonista de la novela y uno de los personajes más complejos creados por Juan Rulfo. Al comienzo de la historia es un humilde pregonero que vive en condiciones de extrema pobreza junto a su madre. Su discapacidad física le impide desempeñar muchos de los trabajos habituales del pueblo, razón por la cual ocupa una posición marginal dentro de la comunidad.

La aparición del gallo dorado transforma por completo su existencia. Poco a poco abandona la miseria y comienza a acumular riqueza gracias a las peleas de gallos. Sin embargo, ese ascenso económico también modifica profundamente su personalidad. El antiguo hombre humilde termina convirtiéndose en alguien dominado por la ambición, el miedo a perder y la necesidad de controlar todo aquello que considera indispensable para conservar su fortuna.

Dionisio representa el conflicto entre el deseo legítimo de mejorar las condiciones de vida y el peligro de convertir el éxito económico en el único propósito de la existencia.

Bernarda Cutiño, "La Caponera"

Bernarda Cutiño, conocida popularmente como La Caponera, es una cantante de ferias que recorre los pueblos acompañando las celebraciones y los palenques.

Su personalidad transmite libertad, alegría y una enorme fortaleza de carácter. A diferencia de Dionisio, ella parece desenvolverse con naturalidad dentro del ambiente festivo de las ferias mexicanas.

Con el paso del tiempo, la relación entre ambos se vuelve cada vez más compleja. Dionisio empieza a creer que La Caponera es la responsable de su buena suerte, transformándola en un símbolo de fortuna más que en una compañera sentimental.

De esta manera, Juan Rulfo construye un personaje femenino que representa simultáneamente la libertad, el deseo y la imposibilidad de controlar completamente el destino.

Lorenzo Benavides

Lorenzo Benavides es uno de los galleros más experimentados de la novela. Su presencia permite a Dionisio conocer las reglas del mundo de las apuestas y comprender que detrás de cada pelea existe una compleja red de intereses económicos y relaciones de poder.

Su figura también sirve para mostrar que el éxito dentro del palenque depende tanto de la experiencia como de la fortuna.

Secundino Colmenero

Secundino Colmenero representa el poder económico dentro de San Miguel del Milagro. Aunque posee riqueza y propiedades, su afición por las apuestas demuestra que incluso quienes parecen tenerlo todo pueden perderlo rápidamente cuando la ambición supera a la prudencia.

La madre de Dionisio

La madre del protagonista simboliza la pobreza heredada y la difícil realidad de los sectores más humildes del México rural. Su presencia recuerda constantemente el origen del protagonista y explica buena parte de su obsesión por escapar definitivamente de la miseria.

Leamos "El llano en llamas", cuento de Juan Rulfo 

Temas principales de El gallo de oro

La pobreza

La novela comienza mostrando un panorama donde las oportunidades prácticamente no existen. Dionisio sobrevive gracias a un trabajo mal remunerado y depende diariamente de encontrar pequeños encargos para poder alimentarse.

Rulfo retrata la pobreza sin recurrir al sentimentalismo. La miseria aparece integrada naturalmente en la vida cotidiana de los personajes.

La ambición

Uno de los ejes centrales de la obra es la transformación que experimenta Dionisio una vez que comienza a ganar dinero.

Lo que inicialmente era un deseo de abandonar la pobreza termina convirtiéndose en una obsesión por conservar y aumentar su fortuna.

El azar y la fortuna

Las peleas de gallos representan un mundo gobernado por la incertidumbre. Una victoria puede cambiar la vida de cualquier persona, mientras que una derrota puede significar la ruina absoluta.

La novela plantea constantemente la pregunta de cuánto depende el éxito del esfuerzo y cuánto de la suerte.

El poder

A medida que Dionisio asciende socialmente, descubre que el dinero también modifica la manera en que los demás lo perciben.

Rulfo muestra cómo el poder económico puede transformar las relaciones humanas y alterar profundamente la personalidad.

El machismo

El universo de los palenques está dominado por hombres. En ese contexto, La Caponera debe desenvolverse dentro de un ambiente donde constantemente es observada, admirada y, al mismo tiempo, convertida en objeto de deseo.

La novela también cuestiona la tendencia de Dionisio a considerar a Bernarda como una posesión indispensable para conservar su buena fortuna.

¿Qué simboliza el gallo dorado?

El gallo constituye mucho más que un simple animal de pelea. Su recuperación simboliza el renacimiento del propio Dionisio.

Ambos comienzan la historia siendo considerados inútiles o derrotados, pero poco a poco logran imponerse sobre quienes los despreciaban.

Sin embargo, el gallo también representa el riesgo de depositar toda la esperanza de una vida en un solo elemento externo. A medida que Dionisio se convence de que su éxito depende del animal, comienza a desarrollar una peligrosa dependencia hacia la fortuna.

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¿Qué representa La Caponera?

Bernarda Cutiño simboliza la libertad, el movimiento y la alegría de las ferias populares.

Su presencia parece alterar el destino de quienes la rodean, razón por la cual Dionisio termina asociándola con la buena suerte.

Pero Juan Rulfo también convierte a La Caponera en un símbolo de aquello que nunca puede poseerse completamente: la libertad, el amor y el azar.

Así empieza El gallo de oro

Amanecía.

Por las calles desiertas de San Miguel del Milagro1 , una que otra mujer enrebozada caminaba rumbo a la iglesia, a los llamados de la primera misa. Algunas más barrían las polvorientas calles.

Lejano, tan lejos que no se percibían sus palabras, se oía el clamor de un pregonero. Uno de esos pregoneros de pueblo, que van esquina por esquina gritando la reseña de un animal perdido, de un niño perdido o de alguna muchacha perdida... En el caso de la muchacha la cosa iba más allá, pues además de dar la fecha de su desaparición había que decir quién era el supuesto sujeto que se la había robado, y dónde estaba depositada, y si había reclamación o abandono de parte de los padres. Esto se hacía para enterar al pueblo de lo sucedido y que la vergüenza obligara a los fugados a unirse en matrimonio... En cuanto a los animales, era obligación salir a buscarlos si el reseñar su pérdida no diera resultado, pues de otro modo no se pagaba el trabajo.

Conforme se alejaban las mujeres hacia la iglesia la reseña del pregonero se oía más cercana, hasta que, detenido en una esquina, abocinando la voz entre sus manos, lanzaba sus gritos agudos y filosos:

—Alazán tostado ... De gran alzada ... Cinco años... Orejano ... Señalado en el anca ... Fierro en ese ... Falsa rienda... Se extravió el día de antier en el Potrero Hondo... Propio de don Secundino Colmenero. Veinte pesos de albricias a quien lo encuentre... Sin averiguatas ...

Esta última frase era larga y destemplada. Después iba más allá y volvía a repetir el mismo estribillo, hasta que el pregón se alejaba de nuevo y luego se disolvía en los rincones más apartados del pueblo.

Quien así ejercía este oficio era Dionisio Pinzón, uno de los hombres más pobres de San Miguel del Milagro. Vivía en una casucha desvencijada del barrio del Arrabal, en compañía de su madre, enferma y vieja, más por la miseria que por los años. Y aunque la apariencia de Dionisio Pinzón fuera la de un hombre fuerte, en realidad estaba impedido, pues tenía un brazo engarruñado quién sabe a causas de qué; lo cierto es que aquello lo imposibilitaba para desempeñar algunas tareas, ya fuera en el trabajo de obras o en el cultivo de la tierra, únicas actividades que había en el pueblo. Así que acabó por no servir para nada o al menos para granjearse este juicio. Se dedicó pues al oficio de pregonero, que no necesitaba del recurso de sus brazos y el cual desempeñaba bien, pues tenía voz y voluntad para eso.

Nunca dejaba un rincón de San Miguel del Milagro sin su clamor, ya fuera trabajando por encomienda de alguien, y si no, buscando la vaca motilona del señor cura, que tenía la mala maña de arrendar para el cerro cada vez que veía abierta la puerta del corral del curato, lo que sucedía con demasiada frecuencia. Y aun cuando no faltaba algún desocupado que al oír la reseña se ofreciera para ir en busca de la mentada vaca, había ocasiones en que el mismo Dionisio se obligaba a hacerlo, recibiendo en cambio unas cuantas bendiciones y la promesa de ir a cobrar en el Cielo el pago de su acomedimiento .

Así y todo, con ganancia o sin ella, su voz no se opacaba nunca, y él seguía cumpliendo, porque a decir verdad no le quedaba otra cosa que hacer para no morirse de hambre. Y aunque no siempre llegaba a su casa con las manos vacías, como en esta ocasión en que tuvo el compromiso de reseñar la pérdida del caballo alazán de don Secundino Colmenero, desde temprana hora hasta muy entrada la noche, hasta sentir que su pregón se confundía con el ladrido de los perros en el pueblo dormido; y como quiera que en el transcurso del día no había aparecido el caballo, ni hubo nadie que diera razón de él, don Secundino no le rindió cuentas hasta no ver a su animal sesteando en el corral, ya que no quería echarle dinero bueno al malo; pero para que el pregonero no se desanimara y siguiera gritando su pérdida, le adelantó un decilitro de frijol que Dionisio Pinzón envolvió en su paliacate y llevó a su casa ya mediada la noche, que fue cuando llegó, lleno de hambre y de cansancio. Y como otras veces, su madre se las arregló para prepararle un poco de café y cocerle unos «navegantes», que no eran más que nopales sancochados, pero que al menos servían para engañar el estómago.

Pero no siempre le iba mal. Año con año, para las fiestas de San Miguel, se alquilaba para anunciar los convites de la feria. Y allí lo teníamos, delante de los sonoros retumbos de la tambora y los chillidos de la chirimía, ahuecando sus templados gritos dentro de una bocina de cartón, anunciando las partidas, los coleadores, las tapadas y de paso todas las festividades de la iglesia, día tras día del novenario, no sin dejar de mencionar los espectáculos de las carpas o algún ungüento bueno para todo. Mucho más atrás de la procesión que él encabezaba lo seguía la música de viento, amenizando los ratos de descanso del pregonero con las desafinadas notas del Zopilote Mojado. El desfile terminaba con el paso de las carretas, adornadas de muchachas bajo arcos de carrizo y milpas tiernas.

Entonces era cuando Dionisio Pinzón se olvidaba de su vida llena de privaciones, pues caminaba contento guiando el convite, animando con gritos a los payasos que iban a su lado maromeando y haciendo cabriolas para divertir a la gente.

Uno de esos años, quizá por la abundancia de las cosechas o a milagro no sé de quién, se presentaron las fiestas más bulliciosas y concurridas que había habido en muchas épocas en San Miguel del Milagro. De tal modo se prendió el entusiasmo que dos semanas después seguían rifando las partidas y las peleas de gallos parecían eternizarse, a tal punto que los galleros de la región agotaron sus perchas y aún tuvieron tiempo de encargar otros animales, cuidarlos, entrenarlos y jugarlos. Uno de los que hicieron eso fue Secundino Colmenero, el hombre más rico del pueblo, el cual acabó con su gallera y perdió en las dichosas tapadas, además de su dinero, un rancho lleno de gallinas y veintidós vacas que eran toda su propiedad. Y a pesar de que al final recuperó algo, lo demás se le fue por el caño de las apuestas.

Dionisio Pinzón se las vio bien apurado para cumplir con tanto trabajo. Ya no de pregonero, sino de gritón en el palenque. Consiguió acaparar casi todas las peleas y los últimos días se le oía la voz cansada, mas no por eso dejó de anunciar a grito abierto los mandatos del Sentenciador. 

Y es que las cosas habían ido tomando altura. Llegó la hora en que sólo se enfrentaban plazas fuertes, con asistencia de jugadores famosos venidos desde San Marcos (Aguascalientes), Teocaltiche, Arandas34, Chalchicomula, Zacatecas, todos portando gallos tan finos que daba pena verlos morir. Y venidas de quién sabe dónde hicieron su aparición las cantadoras, tal vez atraídas por el olor del dinero, pues antes ni por asomo se habían acercado a San Miguel del Milagro. Al frente de ellas venía una mujer bonita, bragada, con un rebozo ametalado sobre el pecho y a quien llamaban la Caponera, quizá por el arrastre que tenía con los hombres. La verdad es que, rodeadas por un mariachi, hicieron con su presencia y sus canciones que creciera más el entusiasmo de la plaza de gallos.

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El palenque de San Miguel del Milagro era improvisado y no tenía capacidad para grandes muchedumbres. Se aprovechaba para esto el corral de una ladrillera, levantándose un jacalón techado a medias de zacate39. El anillo estaba hecho con láminas de tejamanil y las bancas que lo rodeaban y donde se acomodaba el público no eran más que tablones apoyados en gruesos adobes. Con todo, ese año se habían complicado un tanto las cosas, pues ni quién se imaginara que se iba a acumular tamaña concurrencia. Y, por si fuera poco, se esperaba de un momento a otro la visita de unos políticos. Para esto, la autoridad ordenó se desalojaran las dos primeras filas, que permanecieron vacías hasta la llegada de aquellos señores y aún después, pues apenas si eran dos, aunque cada uno con su correspondiente compañía de pistoleros. Éstos se acomodaron en p p q la segunda fila a espaldas de su jefe correspondiente, y ellos dos en la primera, frente a frente, separados por el anillo. Y en cuanto dieron principio las peleas se dejó ver que aquel par de entejanados no se llevaban bien. Parecían haber ido allí por alguna vieja rivalidad, pues no sólo lo demostraban en lo personal sino en las mismas peleas. Si uno de ellos tomaba partido por un gallo, el otro dejaba caer su favor en el contrario. Así, hasta que los ánimos se fueron acalorando, ya que ambos querían que sus gallos ganaran. Pronto vino la desavenencia: el perdedor se levantaba y con él todo el grupo de sus acompañantes, y esto era comenzar a lanzarse uno al otro pullas y amenazas que coreaban los pistoleros retando a los pistoleros de enfrente. Aquel espectáculo de los dos grupos al parecer enfurecidos acabó por retener la atención de todo el público, que esperaba sucediera algún alboroto entre aquellos sujetos que no perdían la oportunidad de sacar a relucir lo mucho que tenían de valientes.

No tardaron algunos en abandonar el palenque ante el temor de que fuera a producirse una balacera. Pero no sucedió nada. Al terminar la pelea los dos políticos salieron de la plaza de gallos. Se encontraron en la puerta. Allí ambos se tomaron del brazo y más tarde se les vio bebiendo juntos en un puesto de canelas, en unión de las cantadoras, de sus pistoleros que parecían haber olvidado sus malas intenciones y del presidente municipal del pueblo, como si todos estuvieran celebrando su feliz encuentro.

Pero volviendo a Dionisio Pinzón, fue en esa mentada noche cuando le cambió su suerte. La última pelea de gallos hizo variar su destino. Se jugaba un gallo blanco de Chicontepec contra un gallo dorado de Chihuahua... 

Análisis del inicio de El gallo de oro

Desde las primeras líneas, Juan Rulfo sitúa al lector en un pequeño pueblo mexicano donde la rutina cotidiana parece desarrollarse lentamente entre calles polvorientas, campanas, pregones y actividades propias de la vida rural.

La elección de un pregonero como protagonista resulta especialmente significativa. Dionisio no posee riquezas ni poder; únicamente dispone de su voz para sobrevivir. Esa voz se convierte en la herramienta con la que intenta abrirse paso dentro de una sociedad profundamente desigual.

El inicio también introduce uno de los grandes temas de la novela: la relación entre la pobreza y el destino. Antes incluso de que aparezca el famoso gallo dorado, el lector comprende que Dionisio vive atrapado dentro de una realidad que parece condenarlo a la marginación.

Otro aspecto destacable es la extraordinaria capacidad descriptiva de Juan Rulfo. Con pocas palabras logra reconstruir el ambiente de un pueblo mexicano, permitiendo que el lector escuche los sonidos, perciba el polvo de las calles e imagine el movimiento cotidiano de sus habitantes.

La aparición progresiva de las ferias y los palenques rompe esa aparente tranquilidad. Poco a poco el escenario comienza a llenarse de música, apuestas y personajes provenientes de diferentes regiones del país, anticipando el cambio radical que experimentará Dionisio.

Finalmente, el inicio también presenta una aguda crítica social. Rulfo deja entrever las diferencias entre ricos y pobres, la influencia de los políticos locales y las relaciones de poder que atraviesan la vida cotidiana del pueblo.

El estilo narrativo de Juan Rulfo en El gallo de oro

Aunque esta novela posee una estructura más lineal que Pedro Páramo, mantiene muchas de las características que hicieron famoso al escritor mexicano.

Lenguaje sencillo y preciso

Rulfo evita las descripciones excesivamente largas. Cada palabra cumple una función narrativa, permitiendo construir escenas muy visuales mediante frases breves y directas.

Profundo conocimiento del mundo rural

La novela transmite autenticidad gracias al dominio que el autor tenía sobre las costumbres, expresiones y tradiciones del campo mexicano.

Simbolismo constante

Los animales, las ferias, los gallos y las apuestas nunca aparecen únicamente como elementos decorativos. Todos funcionan como símbolos relacionados con la fortuna, el destino, el poder o la condición humana.

Crítica social

Sin recurrir a discursos políticos explícitos, Juan Rulfo expone las desigualdades sociales, la corrupción y la fragilidad de quienes viven al margen del poder económico.

Comparación entre El gallo de oro y Pedro Páramo

Aunque ambas novelas pertenecen al mismo autor, presentan diferencias muy interesantes.

  • Pedro Páramo apuesta por una estructura fragmentada donde el tiempo y la muerte se entrelazan constantemente.
  • El gallo de oro desarrolla una narración mucho más lineal y accesible para el lector.
  • Mientras Pedro Páramo se centra en la memoria y la culpa, El gallo de oro explora la ambición, la fortuna y el ascenso social.
  • Las dos obras, sin embargo, comparten el extraordinario dominio del lenguaje y la capacidad de convertir el paisaje mexicano en un personaje más de la historia.

El gallo de oro en el cine

Una de las particularidades más interesantes de El gallo de oro es que su historia llegó primero al cine que a las librerías. Aunque Juan Rulfo escribió la novela entre 1956 y 1958, la primera adaptación cinematográfica se estrenó en 1964, mientras que el libro apareció oficialmente en 1980.

La película fue dirigida por Roberto Gavaldón y contó con un guion elaborado por el propio director junto con Carlos Fuentes y Gabriel García Márquez, una colaboración excepcional entre tres figuras fundamentales de la cultura latinoamericana.

El reparto estuvo encabezado por:

  • Ignacio López Tarso como Dionisio Pinzón.
  • Lucha Villa como Bernarda Cutiño, La Caponera.
  • Narciso Busquets como Lorenzo Benavides.

La adaptación cinematográfica introdujo diversos cambios narrativos, pero conservó el conflicto central de la obra: la transformación de un hombre humilde que termina siendo consumido por la ambición y la obsesión por conservar su fortuna.

Años después apareció El imperio de la fortuna (1986), dirigida por Arturo Ripstein e inspirada también en la novela de Rulfo. Esta versión ofreció una lectura más oscura y cercana al universo literario del escritor jalisciense.

¿Es El gallo de oro una novela o un cuento largo?

Durante muchos años existió un debate acerca de la naturaleza de esta obra. El propio Juan Rulfo llegó a referirse a ella como un cuento largo, mientras que otros investigadores la consideran una novela corta o nouvelle.

Actualmente la mayoría de las ediciones la presentan como una novela corta, ya que desarrolla un proceso completo de transformación del protagonista, incorpora múltiples personajes y construye un arco narrativo mucho más amplio que el habitual en un cuento.

Más allá de la clasificación, lo verdaderamente importante es reconocer que se trata de una obra plenamente literaria, capaz de sostener por sí sola una de las historias más intensas escritas por Juan Rulfo.

¿Por qué deberías leer El gallo de oro?

Si disfrutaste Pedro Páramo o El llano en llamas, esta novela representa una magnífica oportunidad para descubrir otra faceta del universo narrativo de Juan Rulfo.

Estas son algunas razones para leerla:

  • Permite conocer la evolución literaria de Juan Rulfo después de Pedro Páramo.
  • Ofrece un extraordinario retrato del México rural y de las ferias populares.
  • Presenta personajes complejos y psicológicamente muy bien construidos.
  • Explora temas universales como la ambición, el poder, la suerte y el deseo.
  • Puede leerse en pocas horas debido a su extensión relativamente breve.
  • Ayuda a comprender mejor la influencia de Rulfo sobre la literatura latinoamericana contemporánea.

Curiosidades sobre El gallo de oro

  • Juan Rulfo escribió la obra aproximadamente entre 1956 y 1958.
  • Su primera publicación ocurrió recién en 1980.
  • La película basada en la historia se estrenó dieciséis años antes que el libro.
  • Carlos Fuentes y Gabriel García Márquez colaboraron en el guion cinematográfico.
  • Durante décadas la novela permaneció eclipsada por el enorme éxito de Pedro Páramo.
  • Una edición crítica publicada décadas después permitió recuperar una versión más cercana al manuscrito original.
  • La historia ha inspirado películas, series y nuevas adaptaciones audiovisuales.
  • Muchos especialistas consideran actualmente que constituye la tercera gran obra narrativa de Juan Rulfo.

Conclusión de Mar de fondo

El gallo de oro demuestra que Juan Rulfo todavía tenía mucho por decir después de publicar Pedro Páramo. Aunque durante años permaneció prácticamente olvidada, hoy la novela ocupa el lugar que merece dentro de la literatura mexicana.

La historia de Dionisio Pinzón trasciende el mundo de las peleas de gallos para convertirse en una profunda reflexión sobre la naturaleza humana. El dinero, el poder y la fortuna parecen ofrecer una salida definitiva a la pobreza, pero también pueden convertirse en nuevas formas de esclavitud.

La Caponera, por su parte, representa aquello que nunca puede encerrarse completamente: la libertad, el azar y la capacidad de decidir el propio destino.

Por todo ello, El gallo de oro merece ser leído junto a las demás obras de Juan Rulfo. No solo completa su universo literario, sino que confirma una vez más la extraordinaria capacidad del escritor para retratar la condición humana con un lenguaje preciso, sobrio y profundamente conmovedor.

Preguntas frecuentes sobre El gallo de oro

¿Quién escribió El gallo de oro?

Fue escrita por el autor mexicano Juan Rulfo, considerado uno de los escritores más importantes de la literatura hispanoamericana del siglo XX.

¿Cuándo fue escrita?

Se estima que Juan Rulfo la escribió entre los años 1956 y 1958.

¿Cuándo se publicó?

La primera edición apareció en 1980, varios años después de haber sido escrita.

¿Quién es Dionisio Pinzón?

Es el protagonista de la novela, un humilde pregonero cuya vida cambia gracias a un gallo de pelea.

¿Quién es La Caponera?

Es Bernarda Cutiño, una cantante de ferias cuya presencia desempeña un papel decisivo dentro de la historia.

¿Cuál es el tema principal de la novela?

La obra reflexiona sobre la pobreza, la ambición, el azar, el poder, la fortuna y las consecuencias del éxito económico.

¿Existe una película basada en la novela?

Sí. La primera adaptación cinematográfica fue dirigida por Roberto Gavaldón y estrenada en 1964.

¿Qué simboliza el gallo dorado?

Representa la esperanza, la fortuna, el ascenso social y, al mismo tiempo, la dependencia del azar como forma de alcanzar el éxito.

¿Por qué esta novela es menos conocida que Pedro Páramo?

Principalmente porque fue publicada muchos años después de haber sido escrita y porque permaneció durante décadas eclipsada por el enorme prestigio alcanzado por Pedro Páramo.


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Mar de fondo

𝐵𝑟𝑦𝑎𝑛 𝑉𝑖𝑙𝑙𝑎𝑐𝑟𝑒𝑧 (Lima, 1990) Director del Blog de Mar de fondo. Estudié Comunicaciones, Sociología y soy autor del libro "Las vidas que tomé prestadas". Amante de los cuentos, cartas, diarios y novelas. Convencido de que "𝑈𝑛 𝑑𝑖́𝑎 𝑙𝑒𝑖́𝑑𝑜 𝑛𝑜 𝑒𝑠 𝑢𝑛 𝑑𝑖́𝑎 𝑝𝑒𝑟𝑑𝑖𝑑𝑜."

6 Comentarios

  1. Muchas gracias Bryan villacrez por tomarse el tiempo y la generosidad de compartir los fabulosos cuentos que publica.

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  2. Gracias 🙏🏻, eres la resistencia, bendiciones

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  3. Un gran trabajo tu blog, felicidades y gracias por esta aportación.

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  4. Sigo con mucho interès tu pàgina; saludos desde Mèxico Bryant.

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