Entrevista a Juan Rulfo: cómo escribió Pedro Páramo y su visión sobre la literatura

Lee esta histórica entrevista a Juan Rulfo donde revela cómo creó Pedro Páramo. 

Juan Rulfo durante una entrevista en la que comparte reflexiones sobre literatura escritura y el oficio de narrar historias
Las ideas de Juan Rulfo sobre el verdadero arte de escribir. 

¡Qué tal, lectores de Mar de Fondo! 😀Hay entrevistas que no solo sirven para conocer mejor a un autor, sino para entrar, aunque sea por una rendija, en el cuarto secreto donde se forman sus libros. Esta entrevista a Juan Rulfo, publicada en Araucaria de Chile, Nº 33, en 1986, pertenece a esa clase de documentos literarios que iluminan una obra desde adentro.

En estas páginas aparece un Rulfo íntimo, seco, lúcido y profundamente marcado por la memoria. Habla de su infancia, de Jalisco, de sus primeros años en la Ciudad de México, de su trabajo como archivero, de sus lecturas, de su amistad con Juan José Arreola y, sobre todo, del origen de Pedro Páramo, una de las novelas más importantes de la literatura latinoamericana.

Lo más valioso de esta conversación es que Rulfo explica su manera de escribir sin solemnidad. Nos cuenta que Pedro Páramo fue un ejercicio de eliminación, que el autor debía desaparecer, que los personajes debían hablar solos y que el lector tenía que completar los silencios. También revela cómo la muerte, la soledad y el abandono marcaron su vida desde niño y terminaron convirtiéndose en materia literaria.

Por eso, esta no es solo una entrevista antigua: es una pequeña lección sobre el arte de narrar. Leerla hoy permite comprender mejor por qué Juan Rulfo escribió poco, pero dejó una obra inmensa.

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¿Quién fue Juan Rulfo y por qué sigue siendo esencial?

Juan Rulfo fue un escritor, guionista y fotógrafo mexicano, reconocido principalmente por dos libros fundamentales: El llano en llamas y Pedro Páramo. Con una obra breve, logró transformar la narrativa latinoamericana del siglo XX.

Su literatura está hecha de pueblos abandonados, voces espectrales, silencios, culpa, violencia rural y memoria. En sus textos, México aparece no como postal turística, sino como territorio herido, lleno de ecos, muertos y personajes que hablan desde el abandono.

Rulfo no necesitó publicar decenas de libros para convertirse en un clásico. Su fuerza está precisamente en la concentración: cada frase parece tallada, cada silencio pesa, cada voz abre una grieta en el mundo.

La entrevista histórica donde Juan Rulfo habló de su vida y de su oficio

La siguiente conversación permite conocer al autor desde varias dimensiones: el niño que creció rodeado de muertes familiares, el joven que llegó a la Ciudad de México, el lector que aprendió literatura en los cafés, el empleado que escribía de noche en un archivo y el narrador que encontró en el silencio una forma de estructura.

Además, esta entrevista muestra al Rulfo que entendía la literatura como ficción, no como simple copia de la realidad. Para él, los pueblos de sus libros no tenían que existir tal como aparecen en la página. La verdad literaria no dependía de reproducir fielmente un lugar, sino de inventar un mundo capaz de parecer más real que la realidad misma.

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Entrevista completa a Juan Rulfo

-Cuéntame algo de las gentes de tu provincia.

.. - Bueno, ¿te acuerdas de la vez que pasamos por Zapotlán y traje un pan que ya no comemos en México? Pues ese pan me lo dieron las hermanas de Arreola. Ellas lo hacen, ellas hacen los mejores dulces y compotas de Jalisco y de eso se mantienen. A los Arreola les llaman los Chiripos, porque parece que todo lo hacen de chiripa. Ninguno terminó siquiera la primaria. Su hermano Librado es inventor. Sin que nadie le haya enseñado, es capaz de abrir las más complicadas cajas fuertes o de armar viejos coches inservibles. Librado, cuando está en su casa y llaman muchas veces a la puerta se asoma por una ventana y dice: "¿Qué, no ven que está cerrado? Esto quiere decir que yo no estoy y como no estoy es inútil que llamen", Juan José era el recitador del pueblo. Recitaba a Ramón López Velarde. Siempre ha leído a Marcel Schwob, el autor de Vidas imaginarias y de cuentos muy semejantes a los de Arreola. Después leyó a Borges, a Kafka, a Claudel. Todo lo que lee y oye se lo aprende de memoria. Fuera de eso no ha leído gran cosa, pero le gusta jugar y baraja de tal modo sus cuatro o cinco autores que da la apariencia de una gran erudición. Es un especie de mago, que hace de un milagroso miligramo un camino encantado. Ha sido Juan José mi amigo de la infancia y no he dejado de quererlo a pesar de que nos separan los ríos de la colonia Cuauhtémoc y los tiempos.

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- ¿Y tú Juan, cómo viniste a la ciudad de México?

. -Llegué a México debido a la huelga de la Universidad de Guadalajara que duró de 1933 a 1935. En la Preparatoria no me revalidaron los estudios y me iba como oyente a Mascarones. Asistía a los cursos; pero aprendimos literatura en el café, donde se reunían José Luis Martínez, Alí Chumacero, González Durán, gente toda venida de Guadaljara. Comentaban a los Contemporáneos, que eran nuestros gurúes. Yo comencé a leer a Korolenko, al Sachka Yegulev de Andreiev que estaba de moda. Hoy me resulta enfadoso. Tiene Andreiev cosas mejores como Océano y sus cuentos. Logré reunir ocho tomos de sus cuentos. Por supuesto, en aquella época leía a Hansum, a Selma Lagerloff, a Ibsen.

- ¿Y cómo te sostenías en México?

.. -Trabajaba de archivero en la Secretaría de Gobernación ganando 84 pesos mensuales. Vivía en el Molino del Rey con mi tío el coronel David Pérez Rulfo, miembro del Estado Mayor del general Avila Camacho. Luego me destinaron a fábrica El Molino, tuve que alquilar un cuarto en una casa de huéspedes.

- ¿Qué hacías en Gobernación?

... -Manejaba el archivo de extranjeros. Recibía órdenes de ocultar algunos expedientes y los guardaba en un cajón secreto. Inventé un sistema de clasificación que no era alfabético y del que yo solo tenía las claves. Debían recurrir a mi forzosamente. Bueno, era pura maña, porque vivíamos en las transas y hasta que allá arriba no aflojaban la lana, no aparecían los expedientes.

- ¿Ya practicabas tu oficio de novelista?

... -En las noches, como no tenía amigos, me quedaba en el archivo y escribía una novela. Se titulaba El hijo del desaliento y Efrén Hernández me animaba diciendo que era una buna novela. Mandé un capitulo a la revista Romance que hacían los españoles y, por supuesto, nunca lo publicaron. Dialogaba con la soledad y era tan cursi como su título. Decidí tirar a la basura mis trescientas cuartillas. Ya para entones nos reuníamos en un café de Dolores, donde nació la revista América. En América publiqué dos o tres cuentos, "Talpa" y "La cuesta de las comadres". No recuerdo otro, tengo muy mala memoria.

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- ¿Y cómo nació "Pedro Páramo"?

... -Debido al fracaso de mi novela, escribí cuentos tratando de buscar una forma para Pedro Páramo, a quien llevaba en la cabeza desde 1939. La idea me vino del supuesto de un hombre que antes de morir se le presenta la visión de su vida. Yo quise que fuera un hombre y muerto el que la contara. Originalmente sólo Susana San Juan estaba muerta y desde la tumba repasaba su vida. Allí, entre las tumbas, estableció sus relaciones con los demás personajes que también habían muerto. El mismo pueblo estaba muerto. Debo decirte que mi primera novela estaba escrita en secuencias, pero advertí que la vida no es una secuencia. Pueden pasar los años sin que nada ocurra y de pronto se desencadena una multitud de hechos. A cualquier hombre no le suceden cosas de manera constante y yo pretendí contar una historia con hechos muy espaciados, rompiendo el tiempo y el espacio. Había leído mucha literatura española y descubrí que el escritor llenaba los espacios desiertos con divagaciones y elucubraciones. Yo antes había hecho lo mismo y pensé que lo que contaban eran los hechos y no las intervenciones del autor, sus ensayos, su forma de pensar, y me reduje a eliminar el ensayo y a limitarme a los hechos, y para eso busqué a personajes muertos que no están dentro del tiempo o el espacio. Suprimí las ideas con que el autor llenaba los vacíos y evité la adjetivación entonces de moda. Se creía que adornaba el estilo, y sólo destruía la sustancia esencial de la obra, es decir, lo sustantivo. Pedro Páramo es un ejercicio de eliminación. Escribí 250 páginas donde otra vez el autor metía su cuchara. La práctica del cuento me disciplinó, me hizo ver la necesidad de que el autor desapareciera y dejara a sus personaje hablar libremente, lo que provocó, en apariencia, una falta de estructura. Sí, hay en Pedro Páramo una estructura, pero es una estructura construída de silencios, de hilos colgantes, de escenas cortadas, donde todo ocurre en un tiemo simultáneo que es un no tiempo. También perseguía el fin de dejarle al lector la oportunidad de colaborar con el autor y que llenara él mismo esos vacíos. En el mundo de loo muertos el autor no podía intervenir.

- Las historias de fantasmas sólo pueden originarse de un modo enteramente fantasmal. Si tú me dejas un hilo colgante, yo lo tomo y el hilo me conduce al inframundo de los indios. Si todo principio ya contiene su fin, para los aztecas todo fin, toda muerte, ya contiene la resurrección y la vida.

.... -El pueblo donde yo descubrí la soledad, porque se van de braceros, se llama Tuxcacuesco, pero puede ser Tuxcacuesco o puede ser otro. Mira, antes de escribir Pedro Páramo tenía la idea, la forma el estilo, pero me faltaba la ubicación y quizá inconscientemente retenía el habla de esos lugares. Mi lenguaje no es un lenguaje exacto, la gente es hermética, no habla. He llegado a mi pueblo y la gente platica en las banquetas, pero si tu te acercas, se callan. Para ellos eres un extraño y hablan de las lluvias, de que ha durado mucho la sequía y no puedes participar en la conversación. Es imposible. Tal vez oí su lenguaje cuando era chico pero después lo olvidé, y tuve que imaginar cómo era por intuición. Di con un realismo que no existe, con un hecho que nunca ocurrió y con gentes que nunca existieron. Algunos maestros norteamericanos de literatura han ido a Jalisco en busca de un paisaje, de unas gentes, de unas caras, porque la gentes de Pedro Páramo no tienen cara y sólo por sus palabras se adivina lo que fueron y, como era de esperarse, esos maestros no encontraron nada. Hablaron con mis parientes y les dijeron que yo era un mentiroso, que no conocían a nadie que tuviera esos nombres y que nada de lo que contaba había pasado en sus pueblos. Es que mis paisanos creen que los libros son historias reales, pues no distinguen la ficción de la historia. Creen que la novela es una trasposición de hechos, que debe describir la región y los personaje que allí vivieron. La literatura es ficción y, por tanto, mentira.

- ¿Y por qué la obsesión de la muerte?

.. -Tal vez fue cosa de la infancia. Mi abuelo murió cuando yo tenía cuatro años; tenía seis cuando asesinaron a mi padre porque, tú sabes, después de la revolución quedaron muchas gavillas. Mi padre tenía autorización para confirmar del obispo de Papantla, pues en tierras agitadas podían delegar ese sacramento en los seglares. Recaudaba el dinero de las confirmaciones y lo daba a los curas. Regresaba de una gira cuando fue asaltado y muerto por los gavilleros. Tenía treinta y tres años. Mi madre murió cuatro años después. Entretanto mataron a dos hermanos de mi padre. Luego, casi en seguida, murió mi abuelo paterno. Murió de tristeza porque al que más quería era a mi padre, su hijo mayor. Otro tío mío murió ahogado en un naufragio, y así, de 1922 a 1930 sólo conocí la muerte.

- ¿Cómo ves la actual literatura?

... -No sé que decirte. Lacan y la semiótica llevaron la novela a un callejón sin salida, a la antinovela, a la escritura por la escritura misma. Pero se trata de una crisis pasajera. La novela no morirá. No hay nada que la sustituya.

- ¿Y de ti, qué decir?

... -Sí, qué decir. En cuatro meses escribí Pedro Páramo y tuve que quitarle cien páginas. En una noche escribía un cuento. Traía un gran vuelo pero me cortaron las alas. Ahora algo madura, algo se forma y necesito un poco de paz y de silencio para reanudar mi trabajo. Espero la magia de otras noches, porque yo soy un tecolote. Todo lo hago de noche.

- Abajo, muy abajo, la ciudad duerme envuelta en su cobija de estrellas artificiales. Juan vino de lejos y aquí se ha quedado. Rulfo no ve su reloj y me dice:

.... - Serán las tres. Aquí no se ven las estrellas.

- Es hora de dormir.

..... - Es hora de tratar de dormir. ¿Sabes? A veces amanezco queriendo no despertar.

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Qué revela esta entrevista sobre el proceso creativo de Juan Rulfo

Esta entrevista a Juan Rulfo es valiosa porque permite entender que Pedro Páramo no nació como una novela tradicional. Rulfo no partió de una estructura lineal, sino de una intuición: la idea de un hombre muerto que recuerda, habla y reconstruye una vida desde un territorio donde el tiempo ya no funciona como en el mundo de los vivos.

La entrevista también revela algo central: Rulfo no buscaba explicar demasiado. Su escritura avanza por cortes, fragmentos, voces y silencios. En lugar de llenar los vacíos con reflexiones del autor, prefirió dejar que fueran los personajes quienes hablaran. Por eso su obra parece hecha de murmullos.

La creación de Pedro Páramo

Rulfo cuenta que llevaba la idea de Pedro Páramo en la cabeza desde 1939. Antes de llegar a la forma definitiva, escribió cuentos para disciplinarse y encontrar el tono adecuado. Esos cuentos no fueron simples ejercicios previos: fueron el laboratorio donde aprendió a borrar al autor, reducir la explicación y dejar que las voces narrativas sostuvieran el mundo de la ficción.

El valor del silencio en su escritura

Una de las frases más poderosas de la entrevista es aquella en la que afirma que Pedro Páramo tiene una estructura construida de silencios, hilos colgantes y escenas cortadas. Esa idea explica buena parte de su grandeza. En Rulfo, el silencio no es ausencia: es significado.

La técnica de eliminar lo innecesario

Rulfo dice que tuvo que quitarle cien páginas a Pedro Páramo. Esa confesión permite entender su método: escribir también es cortar. Para él, la adjetivación excesiva y las intervenciones del autor podían destruir la sustancia de la obra.

La infancia trágica de Juan Rulfo y su obsesión con la muerte

Cuando le preguntan por la presencia constante de la muerte, Rulfo responde desde la memoria familiar. Entre 1922 y 1930, afirma, solo conoció la muerte. La pérdida de su padre, de su madre y de varios familiares cercanos marcó profundamente su sensibilidad.

Esa experiencia no aparece en su literatura como confesión sentimental, sino transformada en atmósfera. Los muertos de Rulfo no son simples fantasmas: son voces que siguen hablando porque el pasado no termina de morir.

La muerte en la obra de Juan Rulfo (El llano en llamas y Pedro Páramo) 

7 lecciones sobre escritura que deja Juan Rulfo en esta entrevista

1. Escribir también es eliminar

Rulfo no entendía la literatura como acumulación, sino como depuración. Su método consistía en quitar todo lo que no fuera esencial.

2. El autor debe desaparecer

Para Rulfo, el escritor no debía meterse demasiado en la obra. Los personajes tenían que hablar por sí mismos.

3. El lector también construye la historia

Los vacíos narrativos de Pedro Páramo obligan al lector a participar. La novela no se entrega cerrada: exige colaboración.

4. La ficción no copia la realidad

Rulfo lo dice con claridad: la literatura es ficción y, por tanto, mentira. Pero esa mentira puede revelar verdades profundas.

5. El silencio puede ser estructura

En su obra, lo que no se dice importa tanto como lo dicho. El silencio ordena, sugiere y conmueve.

6. El cuento disciplina al novelista

La práctica del cuento le permitió encontrar una forma más precisa y concentrada para su novela.

7. La memoria puede convertirse en literatura

Rulfo no copió su infancia: la transformó en una geografía simbólica de muerte, soledad y abandono.

¿Por qué Pedro Páramo cambió la literatura latinoamericana?

Pedro Páramo cambió la narrativa latinoamericana porque rompió con la novela realista tradicional. No cuenta una historia de manera lineal, no explica todo, no separa claramente el mundo de los vivos y el mundo de los muertos. En cambio, crea un territorio narrativo donde las voces se cruzan como ecos.

Su influencia fue enorme porque mostró que la novela podía construirse desde la fragmentación, la oralidad, el silencio y la memoria. Después de Rulfo, muchos escritores entendieron que América Latina no necesitaba imitar modelos europeos para producir una literatura universal.

Preguntas frecuentes sobre Juan Rulfo

¿Cómo escribió Juan Rulfo Pedro Páramo?

Según esta entrevista, Juan Rulfo escribió Pedro Páramo después de varios intentos fallidos y tras practicar intensamente el cuento. La novela nació de la idea de un hombre muerto que recuerda su vida y de un pueblo donde los muertos siguen hablando.

¿Cuánto tardó Juan Rulfo en escribir Pedro Páramo?

Rulfo afirma que escribió Pedro Páramo en cuatro meses y que luego tuvo que quitarle cerca de cien páginas.

¿Por qué la muerte es tan importante en la obra de Juan Rulfo?

La muerte marcó profundamente su infancia. En la entrevista, Rulfo cuenta que perdió a varios familiares cercanos cuando era niño, incluido su padre y su madre.

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¿Qué pensaba Juan Rulfo sobre la ficción?

Rulfo consideraba que la literatura no debía confundirse con la historia real. Para él, la ficción era una forma de mentira capaz de revelar una verdad más profunda.

¿Qué relación tiene Juan Rulfo con el silencio?

El silencio es uno de los elementos centrales de su estilo. En Pedro Páramo, los silencios, las escenas cortadas y los vacíos narrativos forman parte de la estructura de la novela.

Reflexión final: Juan Rulfo y el arte de escribir desde el silencio

Esta entrevista a Juan Rulfo nos recuerda que los grandes libros no siempre nacen de la abundancia, sino de la precisión. Rulfo escribió poco, pero cada página suya parece contener un mundo entero.

Su lección sigue vigente: no todo debe explicarse, no todo debe adornarse, no todo debe decirse de frente. A veces, la literatura más poderosa nace cuando el escritor se retira, deja hablar a sus personajes y permite que el lector escuche lo que queda suspendido entre una frase y otra.

Por eso Pedro Páramo no envejece. Porque no es solo una novela sobre muertos. Es una novela sobre las voces que sobreviven, sobre los pueblos que desaparecen, sobre la memoria que insiste y sobre ese silencio que, en manos de Juan Rulfo, se volvió literatura.

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Fuente: Asociación de amigos del arte y la cultura en Valladolid.

Mar de fondo

𝐵𝑟𝑦𝑎𝑛 𝑉𝑖𝑙𝑙𝑎𝑐𝑟𝑒𝑧 (Lima, 1990) Director del Blog de Mar de fondo. Estudié Comunicaciones, Sociología y soy autor del libro "Las vidas que tomé prestadas". Amante de los cuentos, cartas, diarios y novelas. Convencido de que "𝑈𝑛 𝑑𝑖́𝑎 𝑙𝑒𝑖́𝑑𝑜 𝑛𝑜 𝑒𝑠 𝑢𝑛 𝑑𝑖́𝑎 𝑝𝑒𝑟𝑑𝑖𝑑𝑜."

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